El mito de la Inflación; ésta es muy relativa

De entrada, la inflación jamás ha existido; en su lugar se trata de escasez de renta o de solvencia para la compra de las mercancías básicas cuyos precios suelen manipular a sus anchas los fabricantes y sus intermediarios.

No se ha oído jamás hablar de inflación para referirse a los bienes suntuarios; se habla, sí, de bienes de primera calidad, de alto costo de fabricación, pero jamás de precios inflados o inflación en los yates, en las avionetas, de los precios de los colegios privados de primera-los privados de segunda calidad educativa-los de la mal llamada clase media-son otra cosa.

En fin, que al fin, a este mito le llega el suyo. Las protestas del trabajador de salarios mínimo y mediano han girado sobre los precios elevados de un día para otro, por ejemplo. Sin embargo, tales protestas se limitan a reclamar un mejor salario que al ser cargado al costo de producción, por ajustado que este sea, se le revierte en el mercado cuando hace de consumidor y su situación tiende a ser la misma y, por lo general, empeora.

Debemos tener claro que el alza del costo de la vida es un mito cuando esta se reduce a los precios inflacionarios, así llamados por la propia burguesía con la intención de justificar sus sobreganancias o, lo peor, atribuirle al gobierno el malestar de la economía, a pesar de que se parte de un Estado que para nada se ocupa de la Economía y que sólo sepa cobrar impuestos, darle contratos a los empresarios con inclusión de créditos blandos para el capitalista que, muy contradictoria y aberrantemente, ni siquiera capital propio tengan.

El capitalista chilla con las injerencia del Estado en su libre mercado–otro mito donde supuestamente opera la mano invisible del mercado-pero, él se apropia del capital que es de todo el pueblo; termina privatizándolo en cuanto reciba créditos del Estado ya que obviamente el Presupuesto Nacional es público por naturaleza propia.

De manera que la inflación no es otra cosa que escasez de la renta del trabajador de bajos salarios, y de allí que cuando el Estado decide ordenar una suba compensatoria de salarios, es un abuso cometido por el comerciante y fabricante cargar como coste adicional tales aumentos salariales ya que se busca que los empresarios reduzcan sus ganancias y no que la incrementen, puesto que todo incremento en costes genera incremento en la ganancia absoluta.



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Manuel C. Martínez


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