Inviabilidad del mestizaje socio-capitalista

Las formaciones sociales suponen una permanente tensión ambidireccional entre la base económica y la superestructura, entre los procesos económicos y la Política, para simplificar. Eso explicaría la lucha social tendente al progreso y cambio de los modos de vida, del mando estatal (gobierno), por ejemplo.

Por ahora, en Venezuela estamos viendo y coprotagonizando una suerte de mestizaje socioeconómico: por parte del gobierno, este asume una posición política a la que considera revolucionaria y bolivariana, tal, que interviene en los procesos económicos propios de la empresa privada capitalista.

A tales efectos, el gobierno viene adoptando medidas políticas que intervienen en el quehacer de la empresa privada, en la producción y el mercado privado, para sacar a los pobres y marginados de la miseria, e improvisa la fijación de precios justos al margen del libre mercado. Esta medida, que por ahora sigue sin ser evaluada científicamente, que atenta diametralmente contra la propiedad privada burguesa y capitalista, el gobierno ha querido imponerla a troche y moche[1], y creyó en un principio que en ello le iba su ofensiva en esta guerra.

Más bien, podría decirse que el intervencionismo político estatal en los precios del mercado, en un primer momento, representó la defensiva del gobierno en esta guerra no convencional, porque la formación de esos precios deriva de una competencia entre los fabricantes, que recoge la competencia entre trabajadores alienados con las relaciones burguesas. Esa competencia de los fabricantes representa la ofensiva de los capitalistas, de la burguesía.

A esta ofensiva el gobierno debe presentar la suya propia.​

Los precios fijados por la empresa privada giran alrededor de la ganancia o la plusvalía de los escuálidos, y los precios fijados por el gobierno lo hacen alrededor del máximo grado de satisfacción de los más necesitados, de los trabajadores que han dejado y perdido su alienación frente al empresario burgués.

Ahora bien, los CLAP, por ejemplo, son una producción, oferta y distribución de bienes que escapan a los precios del mercado y que, en consecuencia, restan demanda a la empresa privada ante lo cual esta reacciona con nuevas subas de precios compensatorias y restauradoras de la tasa media de ganancia a la que está habituada y le dicta el mercado que ella misma determina mediante regulación de la producción con acaparamiento, diferenciación de precios [2] y otras formas aberrantes de control de la oferta para que y porque sólo así la empresa privada puede predeterminar la "ganancia justa", la "tasa justa de ganancia".

En tal sentido, se trata de la ofensiva del gobierno mediante los CLAP, un intervencionismo económico, una sabia medida que reemplazaría cualesquiera precios que libremente pudiera formar le mercado.

Es una ofensiva contra el resto de la demanda representada por los trabajadores alienados que, por ejemplo, no conciben que una enfermera merezca vivir, por ejemplo, con la misma dignidad que lo pueda hacer el médico con el cual trabaja y coopera; que les impide al "maestro de obra" respetarle la dignidad que merece su ayudante de albañilería; que repelen y odian todo lo que huela a la igualación de los DD HH, a pesar de que son los primeros en reservar el concepto de DD HH a los derechos políticos en lugar de los DD HH económicos que deben tener prioridad.

Para acabar con la relación entre un patrono que se hace rico y unos asalariados y vasallos que se mantienen en pobreza crónica debe vencerse en la guerra o lucha económica no convencional lo que supondría de hecho la eliminación total de la propiedad privada sobre las fuerza productivas fundamentales.

A estas alturas nos preguntamos: ¿Dónde queda la defensiva del gobierno; queda reducida al castigo de los violadores de las normas constitucionales; para quienes dañen la propiedad privada de los mismos escuálidos y empresarios capitalistas, y a quienes causen daños al patrimonio nacional, a quienes dañen las cajas CLAP, ataques así que son ajenos al conflicto y la guerra económica no convencional.

La ​defensiva reciclada y reducida al ajuste de los las pensiones y jubilaciones ante las subas de precios no impedirá para nada que los empresarios privados sigan usando todo su poder dinerario, su aparataje de fuerzas productivas, maquinarias, latifundios y, sobre todo toda esa gran cantidad de trabajadores alienados, vasallos y defensores de la empresa privada.

​ De allí la inviabilidad del binomio capitalismo-socialismo incipiente.​

"Los aumentos salariales se vuelven sal y agua", "el salario es como el agua, se nos sale de las manos"; así el prejuicio popular recoge lo que le ocurre a los ingresos medios y bajos de los trabajadores de las sociedades como la nuestra, máxime en estos tiempos de guerra asimétrica y un mercado en crisis severa que definitivamente no admite el híbrido socioeconómico socialismo-capitalismo, ya que es inviable que ambas partes, gobierno y derecha burguesa y capitalista, opten excluyentemente por reconocer que este país decidió mayoritariamente ser socialista y tolerar un capitalismo adaptado a las exigencias bolivarianas.


[1] He ahí una inadecuada acción intervencionista de parte del gobierno porque, si bien busca abaratar los precios para que hasta los más humildes puedan adquirir esos productos, la medida choca de frente contra el libre mercado ya que todos los precios sólo los pueden determinar los competidores, los mismos productores o fabricantes. Es o fue así cómo el gobierno arribo, al fin, con la oferta y producción CLAP que viene a representar la verdadera ofensiva del gobierno frente a los abusos de la empresa privada y cuyas mercancías deben garantizarle a troche y moche una ganancia máxima sin limitaciones que no respondan al libre mercado; se trata de una propiedad intrínseca del mercado capitalista. Si el gobierno quiere que la empresa privada desista de esos precios privados, debe entonces prescindir de plano y a troche y moche de la empresa privada, pero el hibridaje socialista-capitalista siempre resultará inviable.

[2] La diferenciación de precios le permite al empresario privado ofrecer para todos los gustos, para todos los niveles de ingresos. Así, ofrece licores a un precio para determinada subclase de consumidores, y a otros precios superiores e inferiores para usuarios con mayor o menor poder adquisitivo, con todo lo cual termina colocando toda su producción entre todos los potenciales consumidores. Esto nos revela que sólo los insolventes de ingresos = 0 (cero) quedan fuera del juego. De este método de mercadeo proceden las diferentes y supuestas calidades de las mercancías. La gelatina en polvo y la laminada son un buen ejemplo de proteínas de baja pobreza nutricional, la margarina frente a la mantequilla, además de que y para la una y la otra también se fijan precios diferentes con sólo cambiar de envases, de etiquetas.



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Manuel C. Martínez


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