El asalariado produce y el comerciante ofrece

Máxima productividad con mínimo salario, y mínimo coste y máxima ganancia acompañan a los protagonistas de la economía de cualquier país burgués. El asalariado no tiene injerencia sobre el valor de su fuerza de trabajo, mientras el patrono fija la cuantía de los salarios acreditados lo cual se traduce en una fijación indirecta del canon de "arrendamiento" y de los intereses por el "crédito salarial", y fija los precios de compra de sus insumos y también los de sus mercancías cuando las ofrece al consumidor final.

Las diferencia entre burgueses y proletarios aparece como diferencias de riqueza personal entre ricos y pobres, pero no como diferencia clasistas. El mercado de las mercancías materializa y esconde así las relaciones de producción, las establecidas entre proletarios y burgueses[1], y exhibe sólo las relaciones entre asalariados y patronos las cuales terminan invisibilizadas y se reducen a las relaciones entre las diferentes mercancías a manera de cuerpos individuales con espiritualidad social. Se habla así del fetichismo comercial.

La oferta es protagonizada exclusivamente por los capitalistas con sus variadas posibilidades económicas; los hay más ricos que otros. Compran medios de producción y se los "arriendan" a los asalariados, o arrendatarios disfrazados de asalariados, para que estos produzcan los bienes que potencialmente demanda el mercado.

Los asalariados reciben "créditos salariales" del patrono y este les paga en especie creada con su trabajo. La oferta de mano de obra no es ofertada libremente ya que el trabajador desempleado se ve obligado a rematarla todos los días a fin de sobrevivir con su familia por su carencia de medios de producción.

Luego, ese patrono decide cuánto y cuándo ofrecer parte de esa producción, según la inducción que ejerza la demanda de cada día por los mismos asalariados, por quienes han realizado la producción en cuestión.

El capitalista, bajo sus formas de fabricante e intermediario, termina reduciendo al mínimo la paga salarial y la oferta al consumidor. Una menor oferta sube los precios, esta suba reduce la demanda y el equilibrio se logra con hambre del trabajador y riqueza del capitalista.

He ahí el origen de la riqueza y pobreza de las naciones. Antes del capitalismo, la fuente de la riqueza atribuida al comercio y a los botines de guerra también procedió del trabajo impago o de los trabajadores.

23/3/2017 7:23:30 a.m.


 

[1] Efectivamente, las relaciones sociales en la formación socioeconómico burguesa operan en dos escenarios: fuera de las fábricas y comercios, y dentro de esos centros de producción y oferta. Fuera de las empresas son personas comunes y corrientes sólo diferentes a los proletarios porque estos trabajan y aquellos no. Dentro de sus empresas carecen de todo tipo de sentimientos humanitarios; para el empresario capitalista sólo existen proveedores de sus inventarios y clientes a quienes revenderle las mercancías que producen o compran.

 

 



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Manuel C. Martínez


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