50 últimos ministros de agricultura son los responsables del fracaso agrícola

50 ministros de agricultura desde la muerte de Gómez y la asunción de López Contreras hasta este gobierno de Maduro son los responsables de la hecatombe agrícola de nuestra Patria. Todos son parte de la era extractivista petrolera. No se niega que pudieron tener buenas intenciones sino que los deseos no preñan. En esa larga lista figuran connotados empresarios ligados al gran capital, profesores universitarios, escritores, militares y unos cuantos improvisados y hasta fanfarrones: Algunos de estos Ministros fueron verdaderos fracasados en sus políticas, son los responsables de convertir a Venezuela en un país importador neto de alimentos. Otros, tenían la fuerza y la formación para hacer una gestión trascendente y el poder de las agroindustrias importadoras frenaron sus buenos deseos. También existieron ministros ligados al mundo empresarial y habladores de paja que todavía andan vociferando sobre la agricultura y su gestión fue de nubarrones grises. Algunos amigos que llegaron a ese cargo, muy respetados, trataron de romper el viejo paradigma de la agricultura de puertos y fueron sacados para no regresar a la gestión agrícola directa. Salieron con su congoja de haber visto y constatado que ese ministerio es un monstruo que traga gente, allí hay muchos intereses vinculados a la importación de alimentos, es una burocracia infernal, que se mueve entre el discurso fatuo hasta el efectismo de mostrar al jefe de gobierno, minúsculos logros convertidos en mayúscula propaganda.

El proceso revolucionario lleva 14 gestiones acumuladas, en realidad con 12 ministros (Jaua y Loyo tuvieron dos gestiones cada uno); en parciales Chávez tuvo 8 ministros de agricultura y Maduro lleva 4. A mi parecer dos Ministros de la revolución llegaron preparados para asumir transformaciones vinculadas con la producción. Montilla es posiblemente la persona que más había estudiado la agricultura venezolana antes de ser ministro y Berroterán había estado en la sombra de varios cargos que le permitieron estudiar los factores de éxito y retrocesos de la agricultura venezolana. A Montilla le quebraron un proyecto de inversión directa de 1000 millones de dólares por año por 10 años, para luego de varias gestiones comenzar a importar casi 12 mil millones de dólares de bienes relacionados con la agricultura. Salió molesto y en reiteradas ocasiones me dijo Hugo no me escuchó, lo más que hizo fue acercarse a mi oído y susurrarme, aguanta un poco JJ, parece que no es tiempo de tu proyecto. Ese malestar no se le quitó a Montilla ni con la designación como embajador de Venezuela en China, por el contrario mejoró las relaciones agrícolas con ese enorme país y la burocracia venezolana no hizo caso a sus sugerencias de interacción política, en su tiempo. Salió igual de rabioso de le embajada. Entendemos que Montilla fue ministro en un despacho que tenía escondida la agricultura en un Vice- ministerio y el Comandante Chávez estaba en la fase de aprendizaje de gobierno. Berroterán entró por la puerta grande, con buen apoyo y reconocimiento, pero lo quebraron los importadores, sobre todo del ministerio de la alimentación, cuando trató de revivir proyectos donde la brecha importadora era muy alta.

Otro que hizo un trabajo político que cerró con crecimiento en la agricultura fue Jaua, sin embargo luego de motivar el rescate de tierras, le quedaron cortos los planes de uso de la tierra rescatada. Con Jaua se inicia el abandono del Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas. A partir del cierre de su primera gestión la agricultura viene en declive agudo. Loyo representa el inicio de la catástrofe agrícola, con una vertiginosa caída de la producción a pesar de los ingentes recursos de la Misión Agro Venezuela que reportaba indicadores de inversión, de campesinos incluidos, pero ni una cifra de superficie sembrada y cosechada, ni de un kilo de maíz producido.

La última gestión, la de Castro Soteldo es la más verborreica de todas las gestiones en agricultura que he vivido en mi Patria. Se le acusa de nepótico. No atina a subir la producción de maíz, sigue impulsando la importación de semilla de maíz, y ha orientado el mayor porcentaje de la cartera agrícola al modelo agroindustrial, que explica la lentitud de los avances. Ahora está dedicado a sembrar de Petros el mundo. Siempre he deseado que su verbo se haga realidad.

No me atrevo y no parece justo analizar cada gestión por sus logros y fracasos, solo advierto que es la conciencia la que les dirá a aquellos que creen que hemos olvidado la responsabilidad que tuvieron para desarrollar nuestra agricultura, para mejorar la transición agroecológica, para disminuir la dependencia foránea de insumos y para evidenciar con cifras, no con discursos fatuos, que la soberanía es algo concreto y que queda mucho trecho por recorrer a la velocidad que vamos.

No olvidemos nunca que los campesinos, la lucha por la tierra, la alimentación para el Pueblo han sido grandes desafíos de las revoluciones del mundo, entonces aquí hay mucha tela que cortar… En este momento, la situación política interna e internacional nos permite leer que otra cosa estuviera sucediendo si la agricultura hubiera tenido los alcances que luego de Montilla, el comandante Chávez delineó progresivamente; nuestra vulnerabilidad política está más allí que en cualquier otro sector de la socio-economía.

Entre tanto, continúa el circo dominando sobre los anaqueles.



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Miguel Mora Alviárez

Profesor Titular Jubilado de la UNESR, Asesor Agrícola, ex-asesor de la UBV. Durante más de 15 años estuvo encargado de la Cátedra de Geopolítica Alimentaria, en la UNESR.

 mmora170@yahoo.com

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