Yo sé quien mató a los inmigrantes en México

Sí, lo sé. Y lo sabe también usted. Los mató el capitalismo. No hay que buscar más allá. Encontrar a quienes dieron la orden, a los ejecutores, a quienes tuvieron la sangre fría para decidir el destino de más de 70 compatriotas latinos en tierra azteca, es otra discusión. De ello se encargarán, si es que lo asumen seriamente, las autoridades si es que no se achicopalan ante el poder acumulado por el narcotráfico internacional que ahora ve en México, tierra fértil para sus criminales planes financieros.

Por culpa del capitalismo, Ecuador vivió siempre en ruinas. Por culpa del capitalismo, Honduras y Guatemala apenas pudieron ser paraísos bananeros. Por culpa de capitalismo, Bolivia y Perú sumieron en la miseria a la mayor parte de sus etnias. Por culpa del capitalismo, el mismo México es el abanderado de los espaldas mojadas: aquellos que desafiando al Río Bravo lo cruzaron tras la ilusión del sueño americano.

Por culpa del capitalismo, ellas y ellos –a veces llevando a hijas e hijos- salieron de sus naciones. Empeñando hasta lo que no tenían, dieron forma a unos cuantos miles de dólares para atrapar la quimera del Norte. Con tal de huir, todo valía la pena. Hasta arriesgar la vida.

Informa Ciudad CCS en su edición del 31 de agosto de 2010 que desde “1998 a 2008 ‘desaparecieron’ más de 60 mil centro y sudamericanos en su cruce de México hacia Estados Unidos”. O sea, 30 mil en 5 años. Es decir, 500 al mes que es igual a 17 seres al día. ¡Vaya estadística!

Aún así, hay quienes aún son capaces de arrodillarse ante el Dios Metálico y peor aún: pretender que todas y todos los emulemos bajando la cabeza y enterrando nuestra dignidad.

La masacre encargada a los paramilitares del Zeta en el estado de Tamaulipas, es sólo una mínima cara visible de las causas y consecuencias de la injusta distribución de las riquezas en nuestros pueblos. Como declaró a Ciudad CCS el filósofo Fernando Buen Abad –el 04.09.10- refiriéndose al tema: “Esto es un cáncer capitalista. Esta situación no ocurriría en una sociedad con condiciones distintas, en las que los pueblos tuvieran en sus manos la dirección de su futuro”.


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Ildegar Gil

Comunicador social

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