Los Buitres de la Burocracia

Es esencial advertir que sobre el papel de las instituciones existen básicamente dos concepciones (la pequeño burguesa y la revolucionaria), definida cada una de ellas por la identidad de clase (dueño o asalariado) que el individuo posea frente al universo social. Urge presentar un breve análisis desde de la perspectiva marxista de quien suscribe, que a pesar de sumar menos de treinta años de edad, ya la Revolución Bolivariana le ha impuesto varias responsabilidades públicas de rango directivo; aunque es menester enfatizar que nuestra formación política es la de abogado de los trabajadores en el seno de la clase obrera (la fábrica y el sindicato) y no precisamente la del burócrata tradicional.

Aclarado el punto y adentrándonos a la revisión de la concepción pequeño burguesa, vemos al funcionario que se cree propietario de algo, pero en verdad no tiene nada, a excepción de su propia fuerza humana de trabajo (vendida a cambio de un salario) y detectamos que existen reyezuelos embriagados de falso poder, que lejos de ser verdaderos servidores públicos, usufructuan los bienes y prerrogativas del estatus de funcionario para su beneficio personal, el de su pandilla y sus parientes. En ese bajo mundo, infame por demás, es “natural” la abundancia de la mediocridad y que los minúsculos espacios de poder sean disputados entre buitres con las garras de la maledicencia, la mezquindad, la difamación y la perversidad. En efecto, para los envidiosos buitres, el fin justifica los medios, y para nada les importa saberse incapaces profesionalmente a la hora de conspirar contra el legítimo prestigio que otros detentan por obra de sus cristalinas virtudes.

Porque en el plano equilibrado del talento, el estudio y el esfuerzo, ellos jamás podrían consolidarse; recurren afanosamente al descrédito, la calumnia y la conspiración como ejercicio sistemático y constante contra las virtudes del prójimo. Porque el escenario de la honestidad y la transparencia ética les impide desplegar su corrupción, intentan borrar de la escena, y como sea, a quienes realmente enfrentan el burocratismo y la explotación capitalista. Ciertamente, nuestra consecuente defensa del interés popular nos obliga a alertar sobre la peligrosidad de estas plagas infiltradas que diariamente, tras las sombras, conspiran contra el socialismo. Necesario es denunciarlas, abrir el debate público y exponerlas al juicio del pueblo.

Por otro lado, existe la visión revolucionaria, la nuestra, una que centralmente nos plantea reivindicar la dignidad del hombre como elemento insoslayable de la convivencia social y que por ende nos exige liquidar todas las formas posibles de explotación y degradación humanas; esta concepción nos ubica como funcionarios al servicio del pueblo, como obreros que ejercemos circunstancialmente tareas múltiples sin que ello jamás conlleve la pretensión de ingresar a una nueva clase social “superior”, distinta al proletariado. Somos sencillamente agentes de un Estado popular y revolucionario en construcción que se enfrenta a un viejo ordenamiento burgués amparado por normas y costumbres repudiables de una data antiquísima. Así esta estipulada la lucha de clases para nosotros los revolucionarios, aunque seremos odiados por la burguesía y sus lacayos de la pequeña burguesía, nos hemos ganado el respeto de los trabajadores, los excluidos y los intelectuales progresistas). Nuestra lucha por la equidad social es larga, pero es la correcta.

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(*) Constitucionalista y penalista. profesor Universitario.


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Jesús Silva R.(*)

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

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