La orquesta sin gira y el país a la deriva

Nunca me imaginé que el Sistema Nacional de Orquestas, ese proyecto tan apetecible y manoseado por los presidentes de turno desde hace  cuarenta años pudiera pasar al menos un trago amargo, ¿circunstancial? no  lo sabemos. Pero  lo que sí se sabe es que desde que uno de sus principales figuras, Gustavo Dudamel se pronunció desde Los Ángeles en contra del gobierno de Maduro la cosa cambió de color y la alianza de muchos años aparentemente indestructible y vigorosa( gobierno estado - Sistema Nacional  de Orquestas) comienza a dar señales de aparente quebrantamiento en medio de una tensa calma. 
 
En el caso que nos ocupa, bastó el pronunciamiento y la crítica de una sola persona, Gustavo Dudamel, para pasarle por encima a un contingente de 145 jóvenes músicos  de todo el país, ajenos a la diatriba política y que en este patético episodio terminan siendo los únicos afectados por causa de esta arbitraria decisión. Pues Dudamel  seguirá campante en su frenética y exitosa carrera musical y  el gobierno en su afán obsesivo  de castigar y pasar factura creerá que se ha lucido a sus anchas una vez más.
 
La dirigencia oficial insiste nuevamente en esa práctica que han posicionado en muchas de sus actuaciones  que se resume en aquello  de “castigo para el que no me apoya” al suspender de manera abrupta una gira de la Orquesta Sinfónica Juvenil por varias ciudades de los Estados Unidos. Es la misma actitud registrada días después de la derrota en las elecciones de los candidatos a la Asamblea Nacional en 2015 cuando el Presidente Nicolás Maduro expresó en un acto público que como la gente no lo apoyó electoralmente no les iba a construir viviendas.
 
Pienso que lo correcto,  dada la situación de crisis económica que atraviesa el país, hubiese sido que el gobierno suspendiera este tipo de eventos  por un tiempo. Y esos onerosos y abultados gastos fuesen utilizados para paliar situaciones de emergencia que abundan y forman parte de nuestro drama cotidiano.
 
Pero no, perdió una clara oportunidad de hacer política y de trasmitir un mensaje aleccionador al irse nuevamente por la tangente y tomar la ruta del revanchismo y de la afrenta personal. De la misma manera, la actitud de Dudamel luego de su pronunciamiento, y de aparecer nuevamente en escena, como si nada hubiese pasado, intentando disfrutar de las prebendas de siempre y convalidando  la costosísima gira deja mucho que desear.
 
Como dice el refrán: se juntaron dos mochos para rascarse. ¿Y los representantes del Sistema qué? Mientras más calladitos más bonitos, preparando posiblemente una nueva gira sin la presencia de quien fuese su músico preferido, su director estelar y su imagen institucional. 
 
Es muy lamentable entonces, que los hechos se manifiesten de este manera y sobre todo, que sea a golpe y porrazo y bajo la política del chantaje y del expediente la manera como los representantes del estado le den por momentos un giro inusitado a su relación con esta  institución musical, habiendo importantes aspectos de fondo y pendientes que ameritan ser revisados y corregidos en esa desequilibrada relación y  en aras de construir una política sana, coherente y justa, a propósito de un supuesto proceso constituyente. 
 
Ciertamente,  un nutrido grupo de artistas, creadores y trabajadores culturales han planteado desde hace mucho tiempo y  con sobradas razones importantes críticas y señalamientos que han sido totalmente desoídos y subestimados. Lo que la comunidad cultural aspira y espera entre muchas exigencias y reivindicaciones, es una distribución justa de los menguados recursos existentes  y recibir un trato equitativo y de igualdad  en su condición de creadores, productores y cultores populares como  representantes genuinos de la diversidad cultural venezolana. 
 
Brilla entonces por su ausencia la política o las políticas  de un estado débil y espurio, que luce indefenso ante un poder autónomo, acaparador, ventajista, y avasallante que ha operado y se ha propagado desde el propio Sistema, sin que autoridad alguna pueda intervenir, exigir cuentas ni mucho menos efectuar algún tipo de evaluación y estudio de impacto real del proyecto, so pena de morir en el intento. 
 
Mientras tanto, y para ponerle la guinda a la torta y completar esta radiografía patética de una realidad concreta -pero que en definitiva se parece mucho a la realidad del país- Maduro  ordena elevar a un millón el número de participantes en el Sistema Nacional de Orquestas. ¿Qué tal? 
 


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Nelson Oyarzábal

Antropólogo. Gerente Cultural Profesor Universitario. Articulista

 neloyarz11@hotmail.com

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