Las urnas funerarias también son mercancías

Este tipo de mercancía se fabrica para todos los bolsillos luego que el entierro de cadáveres humanos se declaró obligatorio y, por razones sanitarias, en cajones herméticos en lugar de las sábanas o chinchorros que para ese fin le precedieron en Venezuela y tal vez en otras regiones y países[1].

Las fosas siguen yendo del simple hueco de 6 m cúbicos aproximadamente a los marmóreos mausoleos, pasando por huecos revestidos de bloques de hormigón.

La mercantilización de estos dispositivos funerarios surge en toda sociedad burguesa y su diferenciación cualitativa va en armonía con la reinante diferenciación del poder económico que caracteriza a los proletarios entre sí y entre ellos y la clase capitalista cuyos miembros también acusan marcadas diferencias en sus riquezas personales.

Cabe preguntarse: ¿qué se busca con esa diferenciación para una mercancía cuyo beneficiario y usuario será enterrado con ella para más nunca ser exhibidos, salvo durante los raros casos de exhumaciones ordenadas por tribunales competentes?

Bien, en primer lugar, la diferenciación de precios es una técnica burguesa de mercado a fin de fraccionar la demanda de una misma mercancía que pueda ser comprada a diferentes precios por razones meramente suntuarias o por pura vanidad[2]. La urna lujosa y costosa permite a los dolientes y amigos  “pasarla bien” al lado durante muchas horas y hasta cerquita de un cadáver que ya se halla en pleno proceso de descomposición.

Una urna de bajo precio revela la condición económica  del difunto y la de sus enterradores. El lujo se ha apoderado de esta mercancía y convertido en un jugoso negocio, tal como, mutatis mutandis[3], se viene haciendo con los cuadernos usados por  los escolariegos y estudiantes en general. Como sabemos, hoy se fabrican cuadernos con tapa dura que los hace incómodos para su uso, y cuyo único atractivo se reduce a las decoradas portadas como si se tratara de libros de texto. Esos cuadernos de lujo sólo han aumentado su costo de fabricación y con ello las ganancias absolutas de sus fabricantes e intermediarios. Las novísimas comunas podrían fabricar sus propias urnas.

18/10/2014


[1] En los campos venezolanos, del Guárico, por ejemplo, se sigue enterrando en hamacas  y hoyos naturales al difunto cuyos familiares carecen de suficiente poder adquisitivo para hacerlo en mercancías prefabricadas.

[2] No se trata de calidad ya que su utilidad durará sólo el corto tiempo de las exequias. 

[3] Cambiando lo que ha de cambiarse.



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Manuel C. Martínez


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