Las alzas indebidas de precio

Escenario contable de la Guerra económica actual (II)

 Sus armas, aunque ya melladas, son las mercancías[1].

La idea del desarme del comerciante, sea también fabricante o financista, o un complejo capitalista de esas tres (3) formas posibles e involucradas en la circulación del capital,  esa idea, repetimos, es perforar o escudriñar un poco   su "secreta" contabilidad, en sus ingresos de inventarios y ventas, sus costes, sus márgenes de ganancia y hasta  sus ocasionales pérdidas; sus costes, verdaderos o falsos-los más abundantes en los variados estados financieros de dicha contabilidad[2], ya que esta jamás ha tenido  por qué ser secreto para el universo de los consumidores, habida cuenta de que en masa o desde el punto de vista social, si alguna persona debería estar al corriente de cuánto cuesta la fabricación de las diferentes mercancías de su cesta básica u otras no tan básicas, son los trabajadores de quienes proviene toda la creación de todas las mercancías lanzadas al mercado desde tiempos precapitalistas, con trabajadores artesanos  de ayer y   hoy por asalariados  parcelados desde hace unos 60 lustros, aprox. para acá. Es un lamentable hecho que la sociedad burguesa presuponga que todos los consumidores conocen o deben conocer cuánto vale y para qué sirven las mercancías exhibidas en los inventarios que les toca visitar para llenar su cesta[3].

Por esa sola razón, la flamante ley sobre costes, ganancias y precios justos no tiene por qué causarles molestias a nadie, salvo que los comerciantes, fabricantes y financistas tenga mucho qué ocultarle al Estado y a los consumidores, quienes, no por ser sus clientes y suministradores diarios de riqueza dineraria, han dejado de ser para ellos, simples pendejos a quienes esquilmar desde hace muchas centurias.


[1] Karl Marx, Das Kapital, Libro Primero, Capítulo I, Subc. I. Versión de La Habana, Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, 1981.

[2] Véase mi libro de texto, Praxis de El Capital, Gráficas Tao, S. A., Caracas. Estos costes falsos representan el principal componente de las aalzas indebidas de precios.

[3] Karl Marx, ob. Cit., Ibídem.



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Manuel C. Martínez


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