Nuestro "marditos" pomalacas comenzaron a caer

La noticia se riega como pólvora, a través de los correos y las redes: ¡Se enteraron agarraron a fulano o fulana y está presos por corrupción! Y el susodicho o la susodicha eran supuestos “revolucionarios” los que aquí en Guayana denominamos pomalacas por su semejanza con esta fruta oriunda de la zona que es roja por fuera y blanquita por dentro.

La corrupción es una enfermedad que ataca a nuestras instituciones públicas; la falta de medidas de control y la aplicación de sanciones ejemplarizantes ha permitido que funcionarios públicos comentan actos fraudulentos contra la nación. No quiere decir que no haya corrupción dentro de las empresas privadas por el contrario desde muchas de estas se gesta este flagelo a través de los sobornos y prebendas.

La ostentación devela al corrupto porque no se ve la mano que hurta pero si la que gasta. Hemos visto muchos casos de enriquecimiento ilícito por parte de funcionarios públicos cuya desfachatez llega al punto de exhibir bienes que en toda su vida no habrían adquirido con el salario que devengan. Todos tenemos derecho a mejorar la calidad de vida pero una cosa es eso y otra robar; no es posible que una persona recién llegada a un cargo en un mes sea dueño de una camioneta cuatro por cuatro cuando es público y notorio que ese empleado de la nación llegó caminando hasta su despacho. Enseguida les ves un rolex y más tarde te enteras que compró una quinta en la zona más exclusiva de la ciudad y hasta se da el lujo de celebrarle los quince a su hija con la suntuosidad de una estrella hollywoodense, es decir en la fiestecita hubo caviar y champaña hasta para tirar para el techo.

Llegó la hora de ponerle el cascabel al gato, o mejor dicho los grilletes a estos infames que se camuflajearon de chavistas-socialistas pero al final como dice mi compañero terminaron siendo “sociolistos”. Celebró que se ataque la corrupción desde todos los frentes, la justicia tiene que impartirse por igual a rojitos, blanquitos, verdecitos y amarillitos. Comparto lo que decía recientemente un camarada diputado de la Asamblea Nacional miembro de la bancada de gobierno: estos funcionarios que traicionaron los principios revolucionarios tienen que pagar por sus delitos igual o más que los corruptos de la oposición. La diversión se tiene que terminar o sino a esta revolución se la lleva el carajo.

Periodista


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María Angelica González


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