El nepotismo burocrático...

La revolución atascada


La contradicción de la burocracia bolivariana muestra con claridad lo absurdo de la burocracia misma en el marco un proceso de cambios como el venezolano.


¡Si hay burocracia es porque hay burócratas! Esto parece ser una perogrullada, pero en el caso de Venezuela los burócratas son de extirpe pequeño burgués. Quienes ocupan los cargos de dirección en las instituciones del Estado, casi en su totalidad, tienen una formación en la escuela y en la familia individualistas, egoístas; de allí el nepotismo imperante en el aparato estatal.


El solo hecho de ser esposa, hermano, primo, cuñado, novia, sobrino, etc., de un alto funcionario del gobierno, desde el Primer Mandatario, para abajo, esa única condición, faculta al afortunado en su linaje para administrar la cosa pública u ocupar los primeros lugares en las listas para cualquier elección popular, gobernador, alcalde, diputado o concejal. Los ejemplos sobran: en Carabobo la actual esposa del Alcalde del Municipio Libertador (quien repite su nombre a la alcaldía) es candidata a legisladora regional en el mismo municipio donde gobierna su marido; una diputada bolivariana es aspirante nuevamente al cargo que ostenta ( es válido), pero ahora su esposo también anhela ser legislador del mismo Concejo Legislativo.


Con todo y lo que el proceso revolucionario se auto proclama humanista, el funcionario de la Quinta República no tiene la suficiente humanidad y la cultura propia de un servidor público, mucho menos la capacidad científica y técnica para atender las demandas del pueblo.


El empleado del Estado venezolano no tiene nada que envidiarle a los personajes kafkianos de El Proceso, deshumanizado hasta los tuétanos: llega tarde al trabajo, es el primero en irse apenas concluye la jornada laboral, incluso, se marcha antes. Su día de trabajo transcurre hablando por teléfono, jugando cartas en el conmutador o “chateando” con su compañero (a) de oficina.



Necesaria es la motivación revolucionaria...

Más allá del hecho de que el burocratismo sea un mal necesario, la motivación revolucionaria debe jugar un papel preponderante en la eficacia de las políticas del gobierno bolivariano; bien sea apresurando y aportando en el ordenamiento de la selección de los datos, en la modelación de las solicitudes y en los actos de respuestas. Asimismo, en las programaciones a corto, mediano y largo plazo; en la distribución de los distintos departamentos y del personal de oficina y externo; al igual que en la oportuna corrección de los defectos operativos.


Es allí donde se palpa el pensamiento débil, la dejadez y la abulia del actual burócrata bolivariano. No tiene, en primer lugar, la aptitud; y en segundo lugar, el espíritu de compromiso revolucionario con la construcción del nuevo Estado. Pero como es militar o tiene estirpe marcial (con eso basta); por lo tanto, es inamovible, así esté poniendo la “cagada”.


Esa burocracia es la que atrasa el pago de los incentivos y de las becas en los programas de educación del gobierno bolivariano instrumentados a través de las llamadas misiones. Por eso es común ver largas colas a las puertas de las oficinas del INCE en toda Venezuela; a cientos de miles de hombres y mujeres haciendo llamadas telefónicas a las distintas dependencias de PDVSA y del Ministerio de Energía y Minas, para preguntar por el pago de los alicientes estudiantiles; a grandes cantidades de personas formando filas a las puertas de los cuarteles para recibir una planilla para optar a una vivienda digna. O a cientos de venezolanas y venezolanos a la entrada de Miraflores y de la Vicepresidencia de la República en la Avenida Urdaneta de Caracas para pedir una ayuda personal.


Esa burocracia es la que no permite a los cooperativistas acceder a los créditos del Estado: conozco el caso del señor Francisco Ramos de Los Guayos, Estado Carabobo, quien fabrica envasadoras de granos y azúcar, y ya lleva más de un año acudiendo al Banco del Pueblo para obtener un préstamo de doce millones de bolívares ( unos 4 mil $), y resulta que cada vez que visita las oficinas del ente de economía popular para ver si tiene aprobada su solicitud financiera le piden un nuevo recaudo, a lo cual él asiente una y otra vez: “Estoy cansado de venir para esta ‘vaina’, lo que me provoca es agarrar el fusil y barrerlos a todos”, dice frustrado de tanta espera.


Es verdad que la Revolución Bolivariana ha creado nuevas instituciones con la puesta en vigencia de la Constitución de 1999; pero de igual forma, no es menos cierto que muchas de esas instituciones ya lucen viejas, presentan formas semejantes a las ya caducas de la época de AD y COPEI.


Pero ese poder estatal parásito, esa excrecencia de la vida social del pasado reciente todavía no ha sido aplastado y amputado de la patria de Simón Bolívar. ¿Quiénes lo impiden? Los mismos oportunistas blancos y verdes de siempre, quienes ahora vestidos de Rojo Maisanta, estancan y retrasan la Revolución Bolivariana con su conducta mezquina, ‘coño de madre’y corrupta.


Así es, no lo permiten los oportunistas, quienes dentro del proceso de cambios constituyen una cofradía. Muchos de ellos se les conoce como los ‘nuevos ricos’, quienes se desplazan en costosísimos automóviles y se hospedan y despachan desde suntuosos hoteles de la capital y de las principales ciudades venezolanas. Sí, son todos aquellos colocados porque si y mantenidos por la burocracia y el militarismo.


Con las masas... ¡todo!

El gobierno bolivariano está obligado a dar un verdadero impulso en la repartición del ingreso, que supere las enormes desigualdades sociales, para que nazca así el frente de la revolución y se haga acreedor del apoyo firme de las masas trabajadoras. Eso es mucho más que los planes asistenciales o redistribución de la renta.


La Revolución Bolivariana tiene que ir más allá del programa inicial; comenzar a expropiar a quien haya que expropiar (el problema del latifundio generó más de 80 asesinatos) y entrar en el innovador sendero de las transformaciones socialistas de la humanidad.

El Presidente Chávez sabe que está en la hora de optar por apoyar la dinámica de las masas y la defensa de los intereses del pueblo enfrentados al amo extranjero, no la opción de la burocracia oportunista que lo rodea, lamentablemente. Él sabe que en este camino las masas venezolanas han madurado aceleradamente su conciencia política de clase, tanto que se organizan y autodeterminan por la base y activan por doquier la construcción del Poder Popular.


“Así estarán de entrenadas” dice Ricardo Napurí, “que fueron, junto a los militares patriotas, el factor decisivo en la liberación de Chávez y su restitución al poder en el 2002. Y eso no se ve todos los días en la historia, como apunta el revolucionario peruano. Y al mismo tiempo, es valido destacar que el pueblo sí está consciente de ese poderío actual y sobre todo, que ha logrado sistematizarlo; sino del todo, por lo menos, ha sacado suficientes conclusiones en lo que respecta a su enorme capacidad política y militar.


Tan es así, que basta con que el Comandante Hugo Chávez Frías, llame a las masas y convoque a las vanguardias del proceso para entrar en la batalla por la defensa de sus conquistas, y por lo que consideran la defensa de “su revolución”, sencillamente, están listas.


El pueblo aspiraba a que inmediatamente después del 15 de agosto se iba a producir “el salto cualitativo” de la Revolución Bolivariana, y estando a las puertas de otros comicios, la verdad es que éste no aparece por ningún lado.

Aquí hay mucha gente que percibe la existencia de un sinsabor en la boca de las masas, que sin duda, tendrá una incidencia negativa en la jornada electoral del último día de octubre. Después de todo, “el temor por la revolución es un hecho real”, otra vez volvemos al viejo amigo Napurí.

Con esto concluyo...

Si te cuentas entre quienes quieren hacer la revolución dentro de la revolución, organízate para construir el Poder Popular. El Presidente Chávez ha pronunciado unas palabras que pertenecen a Lenin y que dicen: “para que haya revolución tiene que haber teoría revolucionaria”. Pues bien, la teoría del Poder Popular es una teoría revolucionaria que se inscribe muy bien dentro de la joven Revolución Bolivariana; que hoy más que nunca necesita de sus mejores hombres y mujeres, de los auténticos revolucionarios y revolucionarias para derrotar el oportunismo y el burocratismo que tienden a devorar lo que tanto nos ha costado.


Independientemente del carácter originario y pacífico de este proceso, necesario es, como dice Chávez, invocar el espíritu de la Comuna de París de 1871: “La comuna es el primer intento de la revolución proletaria de destruir la maquina del Estado burgués, y la forma política ‘descubierta al fin’, que puede y debe sustituir a lo destruido”; palabras éstas que también pertenecen a Lenin.


Es bien cierto, además, que para que haya revolución tiene que haber revolucionarios, no burócratas, no oportunistas conciliadores, no reformistas. ¿Dónde se pueden conseguir los revolucionarios?


Nada más...


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Israel Sotillo / Rebelión


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