Chávez es culpable del suicidio del inca Valero

El boxeo es, no me queda duda de ninguna naturaleza luego de mucho haberme gustado verlo y disfrutarlo, un acto de criminalidad y no un deporte, aun cuando creo que el más grande de todos los tiempos –Clay- merece el reconocimiento y la admiración del mundo entero pero –aclarando- más que por sus hazañas boxísticas, por sus posturas políticas de rechazo a la guerra imperialista estadounidense contra los viet-namitas y su negación a prestar el servicio militar para no hacerle violencia imperialista a otros pueblos. El boxeo es un crimen legalizado jurídica y económicamente. Por eso no se entiende el por qué en los países que se ha planteado el socialismo no se haya eliminado esa actividad más de fuerza física bruta que de esfuerzos espirituales.

Desde hace tiempo he escuchado hablar sobre cierta enfermedad en un órgano del cerebro del inca Valero. Incluso, en una oportunidad me comentaron que en un Estado de Estados Unidos le habían prohibido boxear por esa razón. Pero el inca tenía una pegada tan demoledora que los que se lucran con las ganancias que produce el boxeo no se paran en verificar eso de enfermedades, porque precisamente están los puños para resolver las contradicciones en el cuadrilátero y no el cerebro. Este, para esos negociantes, es cosa de científicos y no de boxeadores.

El mundo boxístico y hasta el político conocía de las simpatías del inca por el presidente Chávez. Creo, que se hizo tatuajes para destacar esa simpatía sobre su piel. Y eso no gustaba mucho a los hacedores de riqueza explotando el maltrato físico y, especialmente, cerebral de los boxeadores. Sin embargo, el inca iba derrumbando uno por uno a todos sus oponentes y eso cada día incrementaba no sólo su prestigio sino el monto de ganancia monetaria que provenía de cada combate.

Desde hace unas cuantas semanas mucho se informaba sobre el maltrato físico que el inca le propinaba constantemente a su esposa e incluso, en una oportunidad, a su madre. Unos lo creían y otros no. Lo cierto es que fue hospitalizado para tratamiento siquiátrico o sicológico. A los pocos días el inca Valero estaba en la calle bajo la promesa de viajar a Cuba para tratamiento médico, creo, sobre drogadicción.

Cuando leí lo que había escrito atrás decidí detenerme, no seguir avanzando en la crónica, porque pensé que algunos podían creer que estaba haciendo leña de árbol caído o aprovechándome de un asesinato y un suicidio para pescar lectores. No, eso nunca lo haría ya que aprendí a no burlarme jamás de ninguna persona y, mucho menos, sacarle punta al dolor de sobrevivientes por pérdidas de sus seres queridos. Sin embargo, observé y escuché todo un programa de televisión dedicado al inca Valero para destacar de él su inclinación a la violencia, al alcohol y a la droga para concluir que el presiente Chávez- fue el principal culpable del asesinato cometido por el excampeón invicto y después de su propio suicidio. Creo, que a eso debe salírsele al paso con argumentos y no con reacciones de ira. Ese género de información se rebate en la gran batalla de las ideas.

Antes había escuchado en un programa deportivo que a una jugadora de sótbol de la selección de Venezuela le preguntaron su opinión sobre el caso del inca Valero. Ella, con el cuidado que merece una respuesta, expresó no sólo que no la atraía el boxeo sino, más importante aún, que no podía dar un criterio por no saber cuánto podía herir los sentimientos de los familiares de la esposa asesinada y del esposo suicidado.

Pero el programa que le dedicaron al asesinato y al suicidio fue iniciado con la imagen del presidente Chávez destacando la pegada del inca y que si Acción Democrática y COPEI hubiesen seguido gobernando en Venezuela, este país ya hubiera sufrido un knock-out y, además, que de nada valían los Clay, los Mano e Piedra Durán y los Tommy Hart frente a la pegada del inca Valero. En el resaltamiento de la pegada del inca Valero por el presidente Chávez, algunos de sus adversarios políticos ubican la causa, la razón, el motivo o la inspiración que impulsó al inca Valero para sentirse guapo y apoyado como para cometer el asesinato de su esposa y luego suicidarse. No sé hasta qué punto un presidente de una nación deba saber, con la exactitud del científico sobre su experimento, lo que cada venezolano y cada venezolana de los veinte y tanto millones de población que posee el país, cuántos y cuántas consuman alcohol o tengan el vicio de la droga. No creo, por lo demás, que un presidente deba ocuparse de los millones y millones de detalles que diariamente se manifiestan en la vida social de una población entera. Nosotros, por ejemplo, en la finalización de alguna Escuela de reflexión política e ideológica hemos realizado un brindis y disfrutado de algunos traguitos de aguardiente o de cervezas, pero jamás ha habido un acto de violencia entre los presentes y si ello, por alguna circunstancia se produjera, eliminaríamos para siempre del programa de la Escuela el brindis. Más bien, sin mentir, todas las personas asistentes a la Escuela quedan complacidas de disfrutar de la música, de los traguitos y, especialmente, de esas c y, además, de los chistes que salen a flote produciendo un agradable humor.

Es justo reconocer que las opiniones de la psiquiatra y del experto en materia boxística, que entrevistaron en el programa de televisión, fueron serias, muy objetivas y dignas de tomar en consideración para ser aplicadas no sólo sobre los que aspiran a practicar y convertirse en boxeadores sino, también y espero nadie se ofenda por ello, a estudiantes de carreras de la ciencia natural. Un persona, y se ha dado el caso y conozco de primera fuente, con trastorno mental que estudie medicina y se gradúe tiene que ser, así lo pienso, un alterado diagnosticar de los pacientes. ¿Qué tal un sádico especializado en ginecología? ¿Qué tal un esquizofrénico en un quirófano realizando una operación de envergadura en el cerebro o el corazón de un paciente?

Si el inca Valero tenía algún daño en el cerebro, nadie es más culpable de su infausto destino que el organismo que tiene que ver con el boxeo profesional, porque debe ser de carácter obligatorio un estudio científico de todo aspirante, especialmente, a esa actividad donde los puños, de tanto dar y recibir, producen daños irreversibles al ser humano. ¿Qué expliquen el por qué el inca Valero continuó haciendo carrera boxística si ahora todo indica, de manera irrefutable, que tenía una lesión en el cerebro?

Si el inca Valero llevaba algunos años consumiendo drogas, la comisión que se ocupa de los combates boxísticos tiene la obligación de explicar ¿el por qué ninguno de los exámenes que se hacen de la orina, luego de concluir una pelea, confirmó el positivo del consumo? ¿O es que acaso de la noche a la mañana desaparecen todos los síntomas de la droga en el cuerpo humano sin ningún género de tratamiento que desintoxique de la misma?

Si el inca Valero constantemente maltrataba físicamente a su esposa y familiares, entonces no Chávez sino la institución del Estado que debe proteger a la mujer debe aclarar a la opinión pública, por ejemplo: ¿cuántas veces recibió queja de los afectados sobre el maltrato del inca Valero? Y si las recibió: ¿por qué no hizo mayor cosa para proteger a los afectados de la violencia física contra un hombre cuyas manos deben ser consideradas como arma de guerra?

Claro, ya no hay tu tía que valga la pena considerar. Ya ninguna medida para proteger a la esposa del inca Valero o a éste mismo tiene la potestad de resucitar ni a la una ni al otro. Muertos están y muertos se quedarán para siempre. Sin embargo, contrario a la intención del programa de televisión que buscó culpar al presidente Chávez del asesinato y del suicidio, es necesario sacar las enseñanzas necesarias para evitar que una nueva tragedia como esa se repita en la sociedad. Y eso es una tarea de los organismos competentes para tal finalidad. Y las medidas que protejan a una persona, para evitarle daños mayores en su vida, deben ser aplicadas con rigor independiente de su posición de clase o color de piel, distinción de sexo o de edad, como también de ideología que profese para que nadie, absolutamente nadie, siga el ejemplo final que acabó con la vida de la esposa del inca Valero y con éste mismo.

Y es bueno que los medios de comunicación, frente o ante tragedia como la del inca y su esposa, jueguen un rol de educación, de información veraz, con análisis objetivos y con propuestas aplicables de carácter previsivo y no se conviertan, por ninguna circunstancias, en especuladores de los hechos para pescar en río revuelto y culpar a quienes nada tienen que ver con el desenlace final de las personas. Vivimos en un mundo generalizado donde muchos poderosos e influyentes medios recomunicación social, especialmente la televisión y el Internet, motivan o estimulan la violencia en vez de explicarla con argumentos científicos para evitarla. Hablo y escribo más de la violencia individual o grupal que la de clase, porque la de ésta –en este tiempo y si se hace inevitable ejecutarla al proletariado contra la violencia capitalista- no es más que la partera de una nueva sociedad.

Sí es justo lamentar el triste final del hombre de la pegada demoledora con un récord de veintisiete knock-out, pero que equivocadamente le agregó: el asesinato de su esposa y su propio suicidio.



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Freddy Yépez


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