De nuevo compré El Nacional

Hay circunstancias donde vale la pena hacerlo. No se trata de algo que tenga que ver con la necesidad de información pues, con la salvedad de la cartelera deportiva o de farándula, ella no existe allí. Es, más bien, un expectante deseo, con algo de morbosidad, por leer los artículos que en esas circunstancias estelares, salen en sus páginas de opinión. La convicción de que en tales momentos esas dos páginas sean un verdadero arcón de tesoros, actúa como acicate para la caminata hasta el quiosco, en cholas y con mil bolívares en la mano. Así fue aquel sábado 13 de abril donde los editores del periódico dedicaron ese pliego contenido en el primer cuerpo, a festejar la epopeya libertaria de Carmona y Cisneros. Los acontecimientos que se sucedieron luego del mediodía de ese sábado le otorgaron un valor testimonial a esas páginas que, por retruque, fueron convertidas en la versión criolla de aquella vieja publicación llamada Celtiberia Show que jocosamente recopilaba el conservadurismo provinciano, insólito y grotesco, de la España franquista.

Luego de dos años sin volver a comprar este diario intuí que este lunes 16 de agosto estaban dadas las condiciones para que las estrafalarias elaboraciones políticas y gramaticales de esa intelectualidad metida a resucitadores de los antiguos muchachos de patria, familia y propiedad, volvieran a alcanzar un punto crítico: el de celebrar con sus escritos los hechos que se iban a producir dos días después. Aquí la estupidez, siempre lamentable cuando se trata de enajenados, se convirtió en encantadora diversión al provenir de aquellos que en su morral existencial tienen formación y buenas letras.

Hay poco desperdicio en esas páginas 14 y 15 si excluimos a Zapata y Nazoa, que hasta la capacidad de divertir perdieron. El que está detrás del editorial, que no sé si es dueño, editor, adjunto o asesor; junto a articulistas como: Arráiz, Jatar, Ramos y Martínez, alguna vez jóvenes cosmopolitas de la Caracas democrática y del buen gusto –si nos atenemos a aquel libro de Soledad Mendoza publicado por el Centro Simón Bolívar en la época de CAP II-, conforman una magnífica pintura de la actual intelectualidad venezolana, aquella que, a finales de los años 70, rechazó el compromiso político porque ello significaba la muerte de la inteligencia y la paralización del libre discurrir.

Ahora lo asumen abjurando de esa anterior conducta. Ahora son abanderados en la lucha contra un atrevido zambo que perturbó ese libre discurrir por los escenarios en los cuales se sentían exclusivos actores. Y este viraje producido por las circunstancias de tener que actuar contra un inoportuno sacudimiento social que, en el fondo, nunca desearon y siempre despreciaron, los ha llevado a las más torpes conductas y las más estúpidas conclusiones, que llegaron al extremo de hablar no de lo que creían que iba a pasar dos días después, en ese concluyente evento –aventura que es perfectamente válida-, sino a hablar en presente, como si ya fuera realidad el futuro imaginado por ellos. Veamos frases de algunos de estos fallidos discursos proféticos: “En El Nacional siempre tuvimos confianza en los resultados del referéndum presidencial…”, “…la respuesta del pueblo fue ejemplar…”, “Ayer fue derrotado el pesimismo y los pronósticos que nos condenaba a tiempos de sumisión.”, “Cuando ustedes lean estas líneas Chávez ya habrá abandonado el poder…”, “En el estudio de nuestra historia…se han mezclado los papeles del panegirista, el novelista, el moralista y hasta aquellos que relatan e interpretan la historia de acuerdo a un guión preconcebido…”, “El gobierno se empeñaba en hacerle creer a todos, y muy especialmente a los corresponsales extranjeros, que tenían la victoria.”, “Las encuestas no pueden sustituir el olfato político…”, “…el gobierno de Chávez, hoy no debe ser ya motivo de discusión en ninguna conversación entre demócratas”.

Pero hay excepciones en estas elucubraciones futuristas, Ramos centra su artículo, no sé si por fuera de tiempo o por sentido del ridículo, en enfrentar las virtudes del extinto Armas y su lucha por la “…sobrevivencia de la institucionalidad cultural…frente al titanismo aniquilador…”. Y Martínez, el más instintivo de ellos y, por eso, el más hábil para sacarle el culo a situaciones comprometidas, llena el espacio que le otorga las 1.500 palabras con las evasivas de un marido sorprendido en sus infidelidades, propio de los guiones telenovelescos en los cuales es experto: “…la escritura de un tal artículo no debe representar, hablando en términos estrictamente prácticos, ningún inconveniente.”, “El catire Barrera puede... encima llamarte por el teléfono fijo para incordiarte en plan jodedorcito con la pregunta por lo que podrás tener en mente para el lunes.”, “…semana atrás, eché a rodar, junto con otros comentaristas, la noción de que en el referéndum revocatorio se pondría de manifiesto un voto oculto a favor del Sí no previsto por las encuestas.”.

Este maestro del zigzagueo cuando de situaciones críticas se trata, termina usando a Voltaire para explicarse a sí mismo: “…es menester que trabajen todos en calafatear el buque, y que cada uno, al asegurar la vida del vecino por algunos momentos, asegure la suya.” En los otros articulistas ya comentados no importa su equivocación, estaban confiados en un olfato que se demostró torpe para entender el camino que sigue el pueblo. Pero aquí resulta obvio que a este Martínez le era, como él mismo lo dice, “verdaderamente ansiógena” la tarea. Seguramente por las mismas razones que lo llevaron a construir ese cuento mediático del voto oculto. Entiendo que luego de eso no le resultara fácil decirle al periódico que no iba a escribir para el lunes algo que tuviese que ver con supuestos triunfos, tal cosa pondría en peligro el privilegio de ser leído, cuando no el pago respectivo. Pero, utilizar el Tratado a la tolerancia para justificar los vaivenes de quién, luego del golpe, aplaudió rabiosamente a la gente del petróleo, esa que le cancelaba sus cheques de asesor literario, resulta una desvergonzada argucia literaria.




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José Manuel Rodríguez


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