(Arbitrarios, erráticos y aproximados)

Los Costes de Producción

El sistema capitalista de producción sigue descansando sobre una gran
mentira cuando se afirma que el trabajador recibe salarios justos pero se
oculta que estos son calculados en la puja de la oferta-demanda de una mano
de obra ávida de trabajo, insegura y sin sustento propio.

Un salario justo no resuelve el problema de la explotación. Por elevada que
sea la paga salarial siempre quedará un margen de valor creado gratuitamente
a favor del patrono, de lo contrario no habría contrata alguna.

La contabilidad burguesa es aparentemente exhaustiva, va al detalle con el
uso de la llamada "Contabilidad de Costo". Esta es una matemática
profesional que se reserva para el control de inventarios capitales, de
entradas y salidas al proceso técnico de producción, y es tan minuciosa con
sus "costes directos e indirectos" que pareciera que sirven para algo, más
allá de saber al final a cuánto asciende la ganancia final.

A la farsa del salario justo se suma la farsa de la contabilidad exhaustiva.
Ocurre que normalmente los productores adquieren sólo lo necesario, viven al
día con ligeras reservas de materia primas, y lo que sí se garantizan hasta
por 100 años es la explotación de sus trabajadores, las firmas comerciales,
y hasta la exclusividad de sus mercados, cosas así.

Entonces, llevan unas cuentas al día que arrojan unos supuestos costes de
producción de las mercancías que finalmente lanzan al mercado, pero este es
el que finalmente les aplica el rasero de la competencia. Como siempre habrá
ganancias para productores y comerciantes, no viene al caso la fidelidad ni
la precisión que se les exige los contadores de costo.

Ha ocurrido que los inevitables datos técnicos de la composición
fisicoquímica de una mercancía, sus partes alícuotas, la de sus "recetas" o
fórmulas, se han medido en dinero y esta medición ha terminado
interpretándose como verdaderos cotes.

La Contabilidad de Costes es una parafernalia financiera tendente a
demostrar que los patronos saben de antemano a cómo venden, saben cuánto
invierten en las mercancías terminadas, semiterminadas y en materias primas
sobrantes, y que saben cuánto deben, pero se trata de verdades a medias que
sólo sirve para llenar libros y más libros de contabilidad.

Al coste que salgan de fábrica serán vendidos porque el mercado se encarga
de nivelar los precios por término medio, y estos precios se van ajustando a
las mismas mejoras técnicas que se vayan logrando a punta de experiencias
cumplidas y de avances científicos o de las facilidades o dificultades para
la adquisición de materiales diversos.

En la cuestión de la ganancia industrial, más que cualidades empresariales
del productor, termina privando el acceso a los mercados y para ello sólo
basta la tenencia de capital disponible en cantidad y oportunidad.

Esos libros de costes, son presentados como Informes o estados financieros.
Se trata de unos 5 o más juegos de balances varios. Un primer juego es para
presentárselos a los cobradores de impuestos, un segundo estado es para
controles internos sobre una realidad técnica administrativa. Un tercer
estado va a los accionistas menores, un cuarto estado va a los accionistas
con mayor participación de capital, y un último estado que sólo conocen los
administradores.

Farsa sobre farsa, como hemos asomado en oportunidades anteriores, estos
administradores usan para fines personales todo el capital que les fue
puesto en sus manos. Estos administradores, por ejemplo, declaran y asientan
10 toneladas de insumos en los otros estados financieros cuando en verdad
procesan 20 toneladas en su estado financiero personal. Es obvio que las
ganancias de las 10 toneladas no declaradas representan la poción de capital
acrecentado que por causa de un reciclaje bien montado le permite operar y
lucrarse con capital ajeno, el de sus patronos. Estos patronos lo saben,
pero su interés en la buena parte de las ganancias que les toca les impide
tomar medidas correctivas, so pena de quedarse sin administradores de mayor
y mejor confianza.

Como vemos, tampoco ningún Producto Interno Bruto recoge los costes reales,
ya que ninguno de los llamados costes medios revela la verdad, habida cuenta
que originalmente no responden a costes verdaderos. Un coste real recogería
la plusvalía; como no lo hace estamos en presencia de simples estimados,
errática y arbitrariamente calculados según normas contables convencionales
con rango de seriedad profesional y académica.


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Manuel C. Martínez M.


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