Parodiando a Galeano

Un mundo mejor es posible…

Dramática afirmación, optimismo de la especie, o de una parte de ésta. Huracanada voz cimentada en la certeza de que este mundo, el actual, con su carga de violencia, injusta repartición de la riqueza, falsos valores, es invivible. Certeza de que existe un cierto producto en la obra humana que realmente es inhumano: Hiroshima, Los Balcanes, Las Malvinas, Irak, Guantánamo, Afganistán, el Neoliberalismo, la usura, la deuda externa.

Por encima de mil verdades que deberían ser mentira se levanta propositiva, más allá del accionar de unos pocos contra unos muchos, otros pocos con dignidad de voces y banderas por muchos otros muchos. Un mundo mejor es posible si esos varios muchos así lo desean, y para ello luchan aislando y derrotando a esos otros pocos, para lo cual es necesario que muchos, de los muchos silenciosos, comiencen a entonar la voz de esos pocos de los muchos.

Más de un centenar de países hacen parte de esos muchos, centenares de líderes y presidentes representan a esos muchos pueblos preñados de hambre, sida, miseria e injusticia, entre otros muchos problemas. Y allí, en esas realidades, son pocos quienes imponen su voz e intereses a los muchos que constituyen sus pueblos. Voz cómplice del imperio, voz insensible ante ejércitos de niños y ancianos abandonados a la buena de Dios. Voz que ni llega a susurro cuando el vendaval de la deuda externa expropia riquezas que pudieran ser alicientes para esos pueblos. Voz que calla y aplaude el Big Brother cuando el estilo canallesco atropella, miente y deshumaniza al planeta tierra.

Son tantos y tantos los líderes del tercer mundo, pero son tan silenciosos. Están incapacitados de ver y menos escuchar la contundencia y prioridad de esa frase: UN NUEVO MUNDO ES POSIBLE. Existe la conjunción entre el temor y el temblor, el sesgo agónico del miedo, de la incapacidad para reaccionar, porque es que en ese nuevo mundo tampoco caben ellos. En ese mundo ellos son imposibles.

Pero, un mundo mejor es posible, e impostergable, pues de lo contrario el planeta tierra sucumbe.

Punto aparte, pero profundamente inscrito en las consideraciones anteriores, es el caso de nuestro país. Sin intención de simplificar y menos aún menospreciar el factor opositor al proceso que actualmente vivimos, podemos afirmar que los opositores ACTIVOS, con poder de convocatoria y en capacidad de generar matrices de opinión no llegan a dos mil personas, en una población total de unos 24 millones de habitantes. Esos dos mil se focalizan en la alta gerencia de los medios de comunicación de masas, los jefes o dirigentes de los partidos de oposición, unos cuantos empresarios corruptos y otros tantos intelectuales, apátridas todos. Sin embargo, esos pocos, durante décadas nos impusieron su voz y nuestro silencio, esos pocos pretendieron ahogar en sangre la gesta libertaria de Febrero de 1989 y frenar la avalancha popular del año 98; y ahora, sin éxito alguno, conspiran contra la voluntad de los otros muchos, incontestable mayoría que hace rato decidió transitar por el cambio de las relaciones de poder y participación en la distribución de la riqueza de este país llamado Venezuela.

Esos pocos venezolanos, como todos sabemos, desenvuelven su cotidiana rutina entre el lujo y el derroche, contaminando a nuestra población con su basura mediática y sembrando falsos valores. Esos pocos, de haber continuado en el poder eran la garantía de la imposibilidad de un mundo mejor para Venezuela. Ahora, ese nuevo mundo es factible, en nuestro país y como una ley casi de carácter natural, las aberraciones, beneficios y modos de vida generadores de hambre, desigualdad y miseria, son imposibles en el contexto de la realidad bolivariana. Realidad en la cual ya se vislumbran las luces de ese nuevo mundo: Las Misiones, El Plan Barrio Adentro, La Ley de Tierra y Pesca, Ley de Hidrocarburos, El Repoblamiento Territorial, Nuestra presencia internacional, La Participación Protagónica por sólo mencionar algunos datos ilustrativos.

Los hechos son inobjetables, un nuevo mundo es posible siempre y cuando exista la disposición política de los dirigentes y la voluntad de todos los muchos que pueblan la tierra, para que la sonrisa de un niño y la gratitud de un anciano no sean la excepción sino la norma. Para que los bosques persistan, así como las aguas y sobre todo se respete la dignidad y soberanía de los pueblos haciendo la vida vivible y justa, y colocando los adelantos científicos y tecnológicos al servicio de las grandes mayorías y de sus necesidades.

Por ahora, Cuba y Venezuela ya emprendieron la marcha.


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Luís Villafana


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