Abril en Venezuela

Durante el mes de abril pasado fui a visitar Venezuela y asistí como convidado a los actos de celebración del II Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana, que tuvieron lugar en Caracas los días 13, 14 y 15. Llevé un mensaje de solidaridad del Comité Internacionalista de Zaragoza. Durante el resto del mes fui a visitar otras partes del país, concretamente la ciudad de Mérida, en la cordillera de los Andes y Ciudad Bolívar, en la parte amazónica.



Tal como yo sospechaba, lo que me encontré no tenía nada que ver con lo que los medios de comunicación españoles nos cuentan. Según estos, Chávez es un tirano odiado por la mayor parte de la población y el clima social es tenso, marcado por un permanente enfrentamiento entre el pueblo mayoritario y los pocos seguidores de Chávez.



Nos encontramos, tanto en Caracas como en Mérida o en Ciudad Bolívar (por citar lo que visitamos) con un clima normal, como el que podría darse en cualquier ciudad española. Eso sí, en Caracas, donde se han ido amontonando desde hace muchos años campesinos sin horizontes en su pueblo, en busca de una vida mejor, amontonados en chabolas construidas en los cerros de alrededor y malviviendo a base de vender en la calla, robar o traficar con droga, se encuentran los mayores contrastes que he visto en mi vida, porque al lado de eso tenemos barrios de mansiones señoriales guardadas por guardas de seguridad privados, lujosos bancos, salas de exposiciones y un teatro faraónico y lujoso donde los banqueros, terratenientes y “hombres de negocios”, (como se llama hoy a lo que siempre se llamó “ladrones de guante blanco”) asistían con sus señoras, vestidos a la última a los conciertos de opera.



Esa es la herencia que ha recibido Chávez de 40 años de latrocinio montado sobre la industria petrolera, que hace que los capitales en Suiza y otros paraísos fiscales de la oligarquía venezolana sean los mayores del mundo. Cualquiera puede entender que poner orden en esa casa, redistribuyendo la riqueza que produce el país, es una tarea de titanes, que no se resuelve en menos de una generación. Y eso contando con que no pare el ritmo de las reformas que hay que acometer en todos los ámbitos de la vida social: educación, salud, trabajo, vivienda e incluso transportes (por raro que pueda parecer, Venezuela no tiene ni una línea de tren, porque los gobiernos que se han sucedido a lo largo de casi todo el siglo pasado, sometidos a los intereses de las multinacionales del petróleo y la automoción, se interesaron mucho más por hacer carreteras para vender automóviles, autobuses y camiones.)



A esa tarea se ha lanzado el gobierno de Chávez. Rodeado de enemigos, tanto fuera como dentro de casa, ha puesto en marcha planes para crear cooperativos en el campo, repartiendo tierra y promocionando créditos y apoyo para su explotación, creando escuelas populares con profesores voluntarios para eliminar el analfabetismo, llevando Centros de Salud a los conglomerados de chabolas, poniendo en marcha la construcción de varias líneas férreas y creando Universidades para los pobres que consigan aprobar los estudios anteriores. Y lo que yo considero primordial, sin lo que no podría ir muy lejos: incentivando al pueblo para que se organice y participe sin esperar a que las traigan el pan a la boca. Su discurso, (y le he escuchado dos veces, una durante dios horas en la calle y otra durante una hora en un salón de palacio donde reunió a los delegados extranjeros) no contiene promesas, no es el clásico “Vamos a hacer esto y aquello”, sino que es un constante llamado a la población a
participar en los planes, a movilizarse contra los que los boicotean, a tornarse activos ciudadanos y dejar de ser espectadores pasivos, como nos tienen acostumbrados los políticos al uso.



La resistencia de los ricos es feroz. Todos los medios de comunicación privados (prensa, radio y televisión) están lanzados a la tarea de derribar a Chávez. Todo lo positivo que va saliendo de ese proceso es ignorado y todos sus ataques están centrados en la “falta de democracia” y en el de la defensa de los “derechos humanos”, que al parecer Chávez no respeta. Se inventan torturas, presos políticos, enriquecimiento de militares e intenciones de Chávez de llevar al país al comunismo, que nadie ve por ninguna parte. Porque la Constitución Bolivariana, que todos los jóvenes que participan en las organizaciones sociales que se han creado a lo largo y ancho del país llevan en el bolsillo, respeta la propiedad privada y la economía de mercado.



Y eso es lo curioso: Chávez no ha tocado ningún privilegio de las clases altas, que siguen disponiendo de granjas, bancos y empresas productivas y siguen ganando dinero como antes. Pero eso no les basta: Quieren tener el Estado en sus manos, quieren mangonear a su antojo con los dineros públicos como lo hicieron durante tantos y tantos años. Pero las acusaciones se vuelven contra ellos y los medios de difusión están cada día mas desprestigiados. Porque de lo que acusan a Chávez es de lo mismo que ellos han estado haciendo durante todos esos años. Con lo que muchos se dicen: “Bueno, es posible que roben, pero los anteriores también robaban, solo que aquellos no nos dejaban nada y estos están proporcionando salud, viviendas, educación, trabajo, etc.” O bien: “Bueno, no sé si esto será democracia o no, pero con la democracia anterior no veíamos ninguna esperanza de salir de la mierda y con estos sí”. Nada tiene de extraño que los periódicos se amontonen sin vender y el pueblo le haya
vuelto la espalda a esos medios.



Hay un aspecto de la sociedad venezolana que tiene una gran importancia: La edad media de la población. Para un total de 26 millones de habitantes, 8,4 millones están entre los 0 y 14 años, más de 11 millones entre los 14 y los 40 y más de 4 millones entre los 40 y los 54. Es decir, una población joven y pujante, con ganas de luchar por un futuro mejor. Comparemos eso con España. El peso específico de la población adulta y los jubilados es aquí mucho mayor. Se vive de recuerdos y el futuro se cifra en la cuantía de la pensión. Por ello el conservadurismo es mucho más fuerte y esto explica en parte los 9 millones largos de votos que ha conseguido el PP en las últimas elecciones.



En suma: Las espadas están en alto, los autollamados “demócratas” conspiran sin cesar, soñando con encontrar un Pinochet que mate a todos los que se han entusiasmado con la revolución bolivariana para escarmiento de los indecisos. Pero las organizaciones populares que defienden el camino que se ha tomado crecen y se fortalecen. Por mi parte no voy a terminar diciendo que el tiempo dirá. Voy a decir que cada uno desde su trinchera, tenemos que defender este intento de dar voz a los excluidos por el capitalismo y construir una verdadera democracia. Una democracia participativa donde se despierte entre el pueblo el deseo de construir su futuro en vez de dejarlo en manos de los políticos que se erigen con nuestros votos en los “jefes de la manada”.


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