Revolución, magnicidio y sentimiento

La Revolución Bolivariana entra con buen pie en la etapa de definiciones: ante el dilema producido por la crisis mundial de avanzar o pactar, escogió, sin vacilaciones, avanzar.
Y avanzar significa construir una nueva relación con los medios de producción. Y así se está haciendo: las socializaciones en petróleo, en la agricultura, la banca, indican que la Revolución es verdadera, que avanza, supera etapas, construye.

Esta profundización de la Revolución, es también una intensificación de la lucha de clases. El enemigo oligarca, los burgueses, que esperaban un pacto conciliador, una concertación, se convencieron de la autenticidad de la Revolución y dispararon las alarmas, decretaron ofensiva final en contra de la esperanza.

Los campos se delimitaron claramente: los que están con la Revolución y los que están en las trincheras enemigas, en el medio, unos pocos que aún permanecen viendo las estrellas, desconcertados con la realidad que se resiste a entrar en sus teorías desteñidas de sacerdotes de la nada.

El campo burgués oligarca, que es un brazo de los gringos, tiene orden de llevar la lucha de clases a su mayor profundidad. Atacan con fuerza desde sus medios de deformación, aprovechan cualquier grieta, se suben a todo descontento, desinforman, activan miedos, mienten con descaro.

Preparan ofensiva final, estocada decisiva.

Es en este cuadro que debemos ubicar el intento de Magnicidio. La Revolución se radicaliza, el enemigo usa todas sus armas.

El Magnicidio es una operación política y es allí que debemos estudiarlo y darle respuesta. Eso es lo principal, los operadores, son sólo eso, unos operadores insignificantes, el grueso del asunto está en otra parte.

Lo primero que debemos ser es autocríticos, conocernos, saber donde fallamos para corregir.

La Revolución Bolivariana ha entrado en una etapa de confrontación en la que el sentimiento del pueblo es decisivo. Aquí debemos parafrasear al Che: un pueblo que sea capaz de vibrar de indignación ante la injusticia, será un pueblo revolucionario, un pueblo que se mueva por razones altruistas, nobles, será un pueblo preparado para la batalla final que supone una Revolución.

El deber de las organizaciones de vanguardia de la Revolución, el PSUV y los demás partidos aliados, es la responsabilidad histórica de convocar al pueblo a la indignación por la amenaza de Magnicidio.

El pueblo muestra su indignación en la calle. Allí aprende y se prepara para avanzar y defender sus luchas. Que el enemigo oligarca sienta nuestra furia, que vea la intención real de que no quede “piedra sobre piedra”, pero además, la preparación, la fuerza para hacerlo.

Esta Revolución necesita pasión, sentimiento. Chávez, la Revolución, el Socialismo se defienden en la calle, con el corazón en una mano y en la otra la piedra lista por si se atreven.

Es necesario derrotar la campaña hipnotizadora de los medios que trivializan el intento de Magnicidio y desmovilizan al pueblo.

¡Con Chávez morimos todos!

¡Chávez es Socialismo!


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Antonio Aponte

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 @ungranodemaiz

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