(Amén de la pandilla de pícaros que andan sueltos)

Rezos por Isaías Baduel y Manuel Rosales en Semana Santa, por pillos

Me guindé un rosario rojo rojito con su cruz de baquelita hindú a mi pecho que, por devoción a santa Eduvigis -como un souvenir compré en 1987 en España- para atraer a mi  persona los infinitos beneficios que Dios concede en Semana Santa de disímiles presagios a los pecadores consuetudinarios de oficio como yo. Por lo que opté para fortalecer mi espíritu de sumisión: incluir, desde el viernes de concilio hasta el domingo de resurrección, con el sano pretexto de orar por los desamparados de razones lógicas, enfermos de poder, corruptos brutos, irracionales fascistas y, demás alimañas políticas que circundan el vecindario malsano de la moral, por la salvación del naufragio de sus almas perversas, en especial el cardenal Urosa y, que con la ayuda de terceros conjuran y se han apoderado como voceros de los medios de comunicación oposicionistas en la conjugación de la mentira pertinaz contra el Gobierno y el Estado.
 
Roban con un confort de legitimidad que los hace invulnerables antes las leyes del País. Atracan de día como noche el sano juicio de los venezolanos, desdicen, patrocinan desmanes, destruyen amistades y, en esa confabulación constante conviven con imperios que los financian al igual que la burguesía criolla, para que animen y apoyen la desconfianza en el Gobierno y sus seguidores, para que avancen en su maléfico ideario de confrontaciones tras del poder, medio que persiguen obstinadamente para sus beneficios inmorales, de cuyos recuerdos, queda un larga estela de corruptelas que los ha marcado de por vida como representantes de la IV-R y sus mercenarios extranjeros.
 
Isaías Baduel, se llevó por los cachos el decoro militar y, trepó los cielos de los ascensos hasta llegar a General en Jefe de tres soles con lágrimas putrefactas que rodaron amargamente de desconsideración al amigo y compadre, que, lo catapultó de amistad sincera para el avieso que murió en el campo de la cobardía y la traición, ante Dios y los hombres de buena voluntad, esa fue la agonía de un general que se hizo rico de la noche a la mañana sin compasión de lo ajeno ni del fuero militar.
 
En cambio Manuel Rosales, es un desperdicio burocratizado, acostumbrado a cogerse lo permitido y no permitido del erario municipal y estatal. Es lo que puede decirse un coloso de la ambición desenfrenada para fomentar bienes y riquezas a los ojos de todo el mundo, dentro de la impunidad legal, que no asoma sus garras justicieras para castigar a los depredadores de los dineros públicos como cazadores de fortunas para ostentar bienes superfluos que, decoren su vida de ricos con haciendas y mansiones atípicas atiborradas de comodidades.
 
Y, como en Semana Santa todo es razonable con esta iglesia cómplice de atrocidades y, que compromete la paz entre hermanos con sus sermones sepulcrales, cargados de odios ponzoñales como personajes nefandos del catolicismo irracional y, para bañarlos de comprensión y luz pasional, le rezaremos un rosario en familia de 1500 de yo pecador, por sus culpas y extraculpas. Recemos por ellos.
 


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Esteban Rojas


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