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La OEA y el caso de Haití

Nota de Aporrea: Por razones ajenas a nuestra voluntad, este artículo apareció publicado incompleto. Un hecho que le hace perder significado, pues lo faltante contiene conceptos y explicaciones claves para entender la política estadounidense en el hemisferio. Pedimos disculpas a nuestros lectores.
No sorprende la conducta de la OEA frente a la clara intervención unilateral de la Casa Blanca en los asuntos internos de Haití, un Estado soberano miembro de la comunidad de naciones del hemisferio. En realidad este comportamiento de la institución regional de carácter supranacional, no es sino una recaída de un enfermo terminal, después de haber sido reanimado por un tratamiento sintomático que lo revivió para seguir actuando como foro político de los pueblos de América en la búsqueda de un reordenamiento de sus relaciones. Realmente este organismo, conjuntamente con el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR), una de las instituciones asociadas, sufrió un golpe mortal que lo colocó en estado agónico después de su fracaso frente a la crisis anglo-argentina del Atlántico Sur en 1982. Pero la organización regional se vigorizó después de la iniciativa del Presidente Bill Clinton de convocar la I Cumbre de las Américas en 1994, mientras el TIAR ha seguido postrado a pesar de los esfuerzos realizados en la Conferencia Especial de Seguridad celebrada en México en octubre del 2003. La reanimación de la OEA fue el resultado de un cambio en el orden mundial originado por el fin de la guerra fría y el planteamiento del juego político global dentro del esquema ganar-ganar que privilegiaba la cooperación entre los actores internacionales. Mientras el TIAR continuaba aniquilado por inanición en un ambiente donde había desaparecido el comunismo internacional considerado como “enemigo común” de las comunidades políticas hemisféricas y había sido substituido por los mecanismos de mediación activa de la ONU en el marco del conflicto centroamericano durante la década de los 80 del siglo pasado. Agravándose su situación a partir del 21 de septiembre de 1999 cuando se implementó el “Plan Colombia” percibido como una amenaza en la mayoría de los países sudamericanos.

Empero, a pesar de estas circunstancias favorables para la OEA, el cambio del juego político mundial un esquema radicalizado del modelo “suma cero”, con un dominio total de los procesos conflictivos sobre los de carácter cooperativo, anuló las estructuras de la organización mundial. Incuestionablemente, la acción unilateral de Washington de declarar en septiembre de 2001 “la guerra contra el terrorismo”, dentro de un claro patrón de responde al concepto del “terrorismo bélico”, colocó como inoficiosa, y casi en estado cataléptico, a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), diseñada para administrar unas relaciones internacionales de carácter mixto (cooperación / conflicto) prevalentes después del fin de la II Guerra Mundial (1945) y muy aptas para gerenciar las de cooperación iniciadas después de la caída del Muro de Berlín. Sin embargo la OEA sobrevivió el trastazo sufrido por las instituciones de orden supranacionales. Desde ese momento, y dentro de su marco, hasta la deposición forzada del Presidente de Haití, se administraban unas relaciones mixtas hemisféricas, que de alguna manera permitieron a la región substraerse del escenario bélico que se implantó en el Asia Central, el Medio Oriente, y el Lejano Oriente.

escruz@telcel.net.ve


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Alberto Müller Rojas


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