Crisis política y clases sociales en la coyuntura venezuelana



A partir de febrero de 1989 se abre en Venezuela una década larga de crisis del modelo sociopolítico y económico, sobre el cual se asentó la aparentemente sólida democracia venezolana, instaurada en 1959, después de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. Aquel año, el pacto institucional establecido entre los principales partidos políticos (AD, COPEI y URD); la principal organización empresarial, Fedecámaras, y la dirigencia sindical de la CTV -bendecido por la jerarquía de la Iglesia Católica-, mostró inequívocos signos de agotamiento. El “sacudón” o “Caracazo”, como fue bautizado por los medios de comunicación, puso en evidencia la crisis del Pacto de Punto Fijo, el cual, sobre la base de la cuantiosa renta petrolera, había hecho posible la estabilidad democrática en el país.

Sin embargo, este evento de proporciones dantescas, fue sólo la punta del iceberg de un proceso que sumergido en el tejido social, se había venido manifestando consistentemente en el plano electoral, desde mediados de la década de los ochenta con la aparición del fenómeno de la abstención –situación extraña en un país caracterizado por la participación masiva en las urnas-, y en el terreno económico y social con la crisis abierta en febrero de 1982, el llamado “viernes negro”, así como con el evidente deterioro del nivel de vida de la mayor parte de la población.

El Pacto de Punto Fijo, pacto de gobernabilidad que duró por lo menos 40 años, comenzó a evidenciar signos de agotamiento desde mediados de los años 80, esto se manifestó en varios aspectos. En el terreno electoral con la aparición del fenómeno de la abstención, lo cual resultaba sintomático en un país acostumbrado a votar masivamente; posteriormente, en febrero de 1989, se expresó dramáticamente en el terreno social con la explosión del “Caracazo”. Este proceso también tuvo expresión en el ámbito militar con los golpes de febrero y noviembre de 1992. En el terreno electoral se manifestó nuevamente la crisis del Pacto de Punto Fijo con el triunfo de Rafael Caldera en las elecciones de 1993, primer presidente que no llegaba al poder con el apoyo de AD o COPEI, lo cual significó la primera grieta seria del “puntofijismo” en el ámbito electoral. Todo lo anterior confluyó en 1998 con la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, abriéndose desde entonces un proceso de lucha de masas que se ha intensificado desde el paro patronal del 10 de diciembre del pasado año.

Las etapas del proceso político: Del paro de diciembre al golpe de Estado
El paro del 10 de diciembre del 2001 contra las leyes sociales aprobadas en el marco de la Ley Habilitante otorgada al Presidente por la Asamblea Nacional, constituye un punto de inflexión en el proceso político venezolano. Desde 1999 hasta ese momento, se había producido una confrontación mediática, básicamente de carácter discursivo y retórico, a través de los medios de comunicación social. Mientras que la convulsión social, la polarización a favor o en contra del gobierno, avanzaba subterráneamente. Sin embargo, con la aprobación de las leyes antes mencionadas y el paro del 10 de diciembre, se produjo un quiebre en esta primera etapa del proceso político venezolano, abriéndose una nueva fase de profundización de la conflictividad social que significó un salto cualitativo en la organización de los sectores de oposición, lo cual se concretó en la gigantesca manifestación del 11 de abril en las calles de Caracas. Desde entonces, la oposición comienza a ganarle la calle a los sectores populares afectos al gobierno. Esa etapa abierta el 10 de diciembre, llega a su punto culminante el 11 de abril con el golpe de Estado contra el presidente Chávez. Con las jornadas del 12 y el 13 de abril, protagonizadas por el sector militar afecto al chavismo y la insurgencia de importantes sectores populares en las calles de Caracas y otras ciudades del país, a través de las cuales se restituye a Chávez en el poder, se pasa a una nueva etapa donde el chavismo recobra relativamente la iniciativa, generándose desde entonces un importante desarrollo del movimiento popular en el sentido doble de un crecimiento significativo y variado de organizaciones (círculos bolivarianos, comités de tierra, asambleas populares, coordinadoras populares, corrientes y sindicatos clasistas, reagrupamientos políticos) y, por otra parte, una elevación significativa del nivel de conciencia política de los sectores populares y obreros.

En la actualidad Venezuela atraviesa por una situación que podríamos llamar de “prerrevolucionaria”, es decir, el nivel de polarización; la exacerbación de las contradicciones entre diferentes sectores sociales; el desarrollo de un movimiento popular cada vez más organizado pero no suficientemente articulado entre sus diferentes componentes, especialmente después del golpe de Estado del 11 de abril pasado, determinan el carácter de la situación sociopolítica existente en el país, en la cual, la polarización se ha profundizado, dejando muy poco margen para las propuestas o salidas intermedias a la crisis.

Otro factor importante a tomar en cuenta en la coyuntura actual es el papel del sector castrense, sobre todo después de la crisis que se produjo en su interior a raíz del golpe de Estado del 11 de abril. Aunque es difícil saber con exactitud lo que ocurre en los cuarteles, pareciera que en este momento el presidente Chávez cuenta con el control relativo de ese sector.

Todas las variables antes mencionadas, y otras que analizaremos a continuación, están en la base del proceso social que hoy agita a la sociedad venezolana, sumergida en fuertes contradicciones sociales que no aparecieron sorpresivamente y que no fueron desarrolladas o “inventadas” por el presidente Chávez. Chávez, en todo caso, ha puesto en el tapete con su discurso dirigido al pueblo, que habla al pueblo, que intenta comunicarse directamente con él y no sólo hablar del pueblo como algo extraño, una situación social que ya existía. Que existía por lo menos desde que somos un país independiente, pero que se ha exacerbado desde mediados de los años ochenta, lo cual ha sido determinado por la caída sensible del nivel de vida de la mayoría de la población, crisis que también afectó a importantes sectores de la clase media, sector social que había sido el sostén de la democracia “puntofijista”, la base social de la estabilidad democrática que había prevalecido en Venezuela desde 1958, cimentada en los ingresos producidos por la renta petrolera.

El pueblo y el discurso de Chávez: De la invisibilidad al protagonismo
Otro aspecto fundamental a tomar en cuenta es el relacionado con el carácter de los cambios planteados por el gobierno del presidente Chávez, y, por supuesto, a los sujetos protagónicos de ese cambio, y a los sectores sociales eventualmente perjudicados por dichos cambios. En tal sentido, se puede afirmar que en Venezuela, por primera vez en su historia democrática, un presidente no sólo habla del pueblo, sino que habla directamente con él, se comunica y lo interpela constantemente. Esto ha posibilitado que un sector mayoritario del país se haga visible, salga de la oscuridad y el ostracismo en el que había permanecido, convirtiendo a estos sectores sociales en actores políticos. De hecho, se comienza a producir una crisis de la cultura de la exclusión, situación que es favorecida por los cambios y la retórica desarrollada por el actual gobierno. En rigor, desde nuestro punto de vista, la polarización social y los cambios políticos establecidos en la Constitución del 99 han permitido, por una parte, un cambio significativo en el imaginario colectivo frente al Estado. Esto se concreta en el hecho de que, a pesar de que aún persisten las tendencias paternalistas y clientelares en buena parte de los sectores populares, estos comienzan a asumir un papel protagónico, comienzan a organizarse y a articularse entre sí, lo cual, lleva directamente a una necesidad de lograr su autonomía. En esa relación contradictoria con el Estado, que oscila entre clientelismo y autonomía popular, los trabajadores y el pueblo, inician un nuevo aprendizaje que los lleva progresivamente a comprender la necesidad de su autoorganización, al asumir esta conciencia, también comienzan a asimilar la necesidad de defender su autonomía e independencia respecto al Estado, aunque sigan apoyando y defendiendo al actual gobierno.

La clase media venezolana y el antichavismo
Sin lugar a dudas, esta irrupción de las clases populares atemoriza a los sectores dominantes, y de forma muy especial a la clase media venezolana. Este sector de la sociedad venezolana se caracteriza por su conservadurismo, por su inexperiencia política, salvo los sectores provenientes de la izquierda, y con una muy débil cultura general. Limitada en sus horizontes, los cuales han llegado hasta Miami, pero por el contrario, con una muy desarrollada cultura consumista consolidada a lo largo de muchos años de bonanza petrolera. La clase media venezolana, gracias a la estabilidad democrática y al parasitismo rentista, ha disfrutado de elevadísimos niveles de vida. Pero ahora, colocada en el desfiladero de la crisis económica que arrastra el país desde hace tres lustros, disminuido relativamente su nivel de vida, afectada sensiblemente por las políticas neoliberales aplicadas por los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, ve con terror exacerbado por los medios de comunicación, la aparición de un actor social y de un discurso que hace aflorar su conservadurismo y su anticomunismo visceral.

Producto de la crisis económica y de los cambios políticos producidos vertiginosamente en los últimos años, verbalizados en el discurso izquierdizante y de confrontación del presidente Chávez, la clase media venezolana ha desarrollado una mentalidad conservadora, clasista y racista, especialmente entre sus sectores más encumbrados, aunque con repercusiones en otros sectores sociales donde ha prendido una falsa conciencia.

La clase media venezolana, gracias a la renta petrolera, ha disfrutado tradicionalmente de un alto nivel de vida, simultáneamente con poseer una limitada cultura general, y un muy débil nivel de politización, determinado por las condiciones de su entorno. Este sector social se ha desarrollado en Venezuela al amparo de la riqueza petrolera, producida por un número bastante limitado de trabajadores. La cultura económica que ha prevalecido en el país, y de la cual la clase media ha sido expresión muy clara, se ha fundamentado, especialmente desde principios de los años 70, época del primer boom petrolero, en el consumismo desenfadado, cimentado en una lógica de la “extracción”, y no de la producción, típico de una economía rentista. Los cuantiosos recursos producidos por la renta petrolera, la rapidez de su difusión en el torrente económico del país, a través del Estado, y la distorsión que ha producido en el funcionamiento social y económico del país, han determinado las costumbres y pautas sociales y económicas del conjunto de la sociedad venezolana, pero muy especialmente, por su específica ubicación en la estratificación de clases, a este sector social.

La lógica del “Ta’barato...dame dos”, de los viajes a Florida o a otros destinos en el Caribe, ha sido la característica más resaltante de una cultura del consumo basada en el individualismo, modelada por sociedades más desarrolladas, particularmente la norteamericana, constituyéndose en el efecto demostración por excelencia.

Todo esto la convierte en un sector social profundamente conservador y temeroso de lo que considera un giro del país hacia posturas socializantes y eventualmente autoritarias, temor que se ve recrudecido por el discurso y las imágenes difundidas por los medios de comunicación, especialmente por la televisión.



MIGUEL ANGEL HERNÁNDEZ ARVELO
Historiador. Profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela


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Miguel Angel Hernández

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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