Bien hayas, comandante de la patria grande

I


Bien hayas, Comandante de la Patria Grande, que eres para el pueblo, y también Presidente de la mezquina Nación de los burgueses, que quieres ser en bondadosa misión de reconciliar lo irreconciliable, a semejanza del Libertador y cayendo a sabiendas en su misma trampa.

II

Primero en volver a convocar los poderes creadores del pueblo, fueron bien dados tus pasos por la tierra, bien leídas las acciones del pasado que te permitieron decirnos el presente y enseñarnos, inventándola, nueva manera de buscar lo nuevo. Recorriste la cantera del tiempo hasta la veta de la oportunidad para volverte el milagro en que creíste. Bien hayas, hombre de tu pueblo.

III

En nombre de la revolución nos llamaste a continuar la tarea de vanguardias desaparecidas, que renacen con tu convocatoria y acuden al llamado de la buena y vieja causa que reúne rebeldes de todos los tiempos con revolucionarios de todos los países. Bien hayas, hombre de tu tiempo.

IV

El Imperio que sólo paga traidores sublevó a los ricos y lanzó sus mercaderes de infamia contra ti. Te acusaron de sus propios crímenes, en noche triste te arrancaron de tu gente y cautivo te llevaron a trance de muerte ignominiosa, de donde a los tres días te rescató el pueblo y, salvador salvado, te sentó nuevamente en la cabecera de su mesa. A medio siglo de tu edad se te hizo claro que profetas y libertadores son crucificados por la inercia de los necios, la conjura permanente de los malos, la necesidad y dificultad de emplear lo imperfecto en la construcción de la Edad de Oro, la Ciudad de Dios y otros sinónimos del socialismo.

V

El Abuelo de la Isla te habló de asar un gran imperio igual que se gobierna un pajarito; te contó heroísmos y miserias de los hombres; te enseño trucos para tratar con gallos, cóndores y toros, para domar mulas y elefantes; te alertó sobre los engaños del Poder y del Saber. Maestro del preguntar, te puso en guardia contra las respuestas y te aconsejó astuta flexibilidad sin nunca renunciar a los principios, porque la historia del mundo es el tribunal del mundo. Ya estás preparado para que te recuerden.

VI

Cuídate ahora de esa astuta trampa de la Historia que llaman fatalidad o destino, que embosca a quienes trabajan con la Gloria y hablan con el Todo. Cuídate de quienes cuentan los dados, no te distraigas de los que son más, que se ofenden si son dados por contados o son por amados descuidados. No subestimes jamás a quienes votan porque votan, o no votan, o votan contra ti, porque ellos juntos dan medida exacta de la desviación y te permiten ajustar el tiro.

VII

La legalidad es imprescindible, pero aramos en el mar cuando confiamos en la ley para hacer que lo injusto sea más justo, cuando repetimos el generoso error del Libertador de pretender República de tigres y venados, de regalar tolerancia y perdones a los ricos para apaciguarlos, esperando que amen y respeten a la Madre común que sólo quieren disfrutar a cualquier precio. Colgaron de un farol frente a palacio al que dijo no ser enemigo de los ricos sino más amigo de los pobres porque, como los burgueses no sienten ni perdonan, quienes hacen revoluciones a medias se cavan su propia tumba.

VIII

Has evitado la guerra, que no temes ni excluyes, porque sabes que es mal irrevocable que no enseña nada y no es negociable, como una bala que ha salido del cañón. Tú garantizas la paz pero la paz no te garantiza nada. Cuando llegue, si ha de llegar, la hora de los fuegos, tu pueblo preferirá una muerte digna antes que contemplar, indefenso y sometido, la destrucción de tu obra y la pérdida de sus conquistas. En la guerra social no hay armisticio ni capitulación.

IX

El pasado que la revolución corta con su proa se recompone en la estela de la nave del Estado. El enemigo tiene su programa y estrategia en el día a día que sigue siendo lo que siempre ha sido, su teoría es el dominante pensamiento de la clase dominante. En tales condiciones batalla de ideas es batalla de desgaste, y el tiempo que antes era nuestro, trabaja ahora para los contrarios.

X

La servidumbre política de la revolución a las elecciones se está volviendo peligrosamente cara, propaganda del pasado cuando no gana quien sirve sino sirve quien gana. Nunca olvides, Comandante, que porque ganaste eres lo que eres, pero sólo ganaste por ser quien eres: el mejor Presidente que ha tenido Venezuela y su pueblo y, por lo mismo aquel que nunca será Presidente de todos los venezolanos, que no de otra cosa padeció y murió Simón Bolívar, porque ellos le quitaron la vida cuando había dado todo y nos había dado tanto.

XI

Nosotros hoy vivos, padres, hijos, nietos, somos más que todos aquellos muertos juntos; no nos importa ni nos sirve que la Historia de los burgueses algún día reconozca tus verdades, verdad de libro siempre llega tarde y es vanidad de vanidades. “Segundo Bolívar” ellos te llamarían entonces, ya difunto y reducido a la indignidad del su catálogo de presidentes. Con la muerte de Bolívar el único partido que cesó fue el nuestro y durante casi dos siglos quedamos encadenados a la intemperie. No aceptaremos una segunda orfandad, pediremos a las armas lo que la paz nos niega, la independencia social aún a costa de todo lo demás. Pues Imperio y burguesía no nos quieren dejar vivir, entonces para morir nacimos, aunque tengamos que lanzar medio millón de jóvenes a los lobos para que la República no sea devorada por los cerdos.

XII

En silencio tuvo que ser y fue tu inicio, ahora cantas por adelantado tus intentos. Cuídate, Comandante, del trecho que hay del dicho al hecho, de quienes saben qué agrada o desagrada a un gobernante. No te equivoques por confianza, que amor del pueblo es acero fino que de tanto probarlo parte. Te seguimos con todo pero no aceptamos que nuestra suerte dependa de cuatro palabras de un artículo constitucional. La Patria enseña, la revolución educa, el socialismo es la ciencia del ejemplo. Bien hayas, Comandante de la Patria Grande que eres para el pueblo, y también Presidente de la mezquina Nación de los burgueses, que quieres ser en bondadosa misión de reconciliar lo irreconciliable, a semejanza del Libertador y cayendo a sabiendas en su misma trampa.

rotheeduardo@hotmail.com



 


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Eduardo Rothe


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