La última oportunidad opositora (III)

En las anteriores entregas analizábamos los escenarios políticos,
económicos y sociales ocurridos durante los años 1999, 2000 y 2001, ello con
la finalidad de evaluar las posibilidades que el Presidente Hugo Chávez
pueda ser revocado a través de un eventual referendo.

Ahora enfocaremos nuestro comentario en el 2002, el cual comienza con una
amplia turbulencia política, debido al “calentamiento de calle” que lograron
de manera efectiva los miembros de la oposición desde el propio 23 de Enero,
cuando efectuaron una marcha que concluyó en la plaza O`Leary de la Capital
de la República, cuyo apoyo mediático comenzó por el manejo de cifras que
situaban la concurrencia de tal protesta entre 250.000 y 300.000 personas.
Todo ello con la finalidad de palpar el ánimo que los medios radioeléctricos
privados del país, habían dirigido fundamentalmente en sectores de clase
media. Tales ataques iniciados hacia finales de 2001, se centraban en acusar
al gobierno en aliado al terrorismo, comunistas, censura a la libertad de
expresión, violación de derechos humanos, corrupción, es decir todas las
calamidades posibles; mientras de forma paradójica, la Fuerza Armada
defendía nuestro soberanía del ataque de guerrilleros y paramilitares, la
constitución garantizaba la propiedad privada, los columnistas y periodistas
tenían infinidad de palabras para descalificar al Presidente de la República
y sus colaboradores, y un canal de televisión era el culpable directo de la
matanza de 14 compatriotas en un evento denominado la “V de oro” en una
plaza de toros de Valencia; hechos que por cierto han sido callados
fraudulentamente por los medios venezolanos, sin que hasta la fecha existan
responsables, ni organizaciones de derechos humanos que exijan justicia para
las familias de estos venezolanos.

En la misma medida, los pronósticos de quiebra del país no se hacían
esperar, para tales fines los “tecnócratas” exponían con la mayor claridad
posible, que el derrumbe de los precios del petróleo, aunado a las pésimas
políticas públicas de la administración central; habían ocasionado el más
espantoso déficit fiscal; razón por la cual era previsible en el corto
plazo, la moratoria por parte de Venezuela del pago de la deuda externa y,
que bajo tal premisa no era recomendable para los inversionistas
internacionales traer sus capitales al Territorio Nacional; por supuesto que
la recomendación inmediata para los empresarios nacionales, era la
colocación del patrimonio en moneda extranjera, en otra palabras, el ataque
a las reservas internacionales y, cuyo efecto inicial fue el rompimiento del
sistema de bandas que venia imperado para la época, el cual fue sustituido
por uno de libre flotación que devaluó nuestra moneda en aproximadamente un
40%. Hay que recordar que estas afirmaciones lograron el propósito de
agravar la economía, pese a que la misma durante los años 2000 y 2001 venía
de expansión económica, acompañadas de las más bajas tasas de inflación,
ocurridas por lo menos en los últimos 15 años.

El enfrentamiento político siguió su marcha y hacia finales del mes de
febrero, las protestas de la autollamada “sociedad civil” se fueron
intensificando, hasta que la sede principal de la empresa petrolera se
convirtió en el punto de referencia y concentración de las élites del país;
quienes en la denominada plaza de la “meritocracia” realizaban todas sus
consignas y críticas al gobierno, las cuales eran aupadas y apoyadas por el
gobernador de Miranda, y los alcaldes de Chacao, Baruta y Distrito
Metropolitano. De esta manera, el escenario estaba servido para que
nuevamente entraran en juego las cúpulas de Fedecámaras, la CTV y parte de
la industria petrolera, quienes llamaron a un paro de 24 horas para el día 9
de abril, el cual fue extendido por un mismo período de tiempo, para
finalmente declararlo indefinido el 11 de abril; día en el que tristemente
las televisoras “encadenadas” incitaban a una población para que saliera de
sus casas con la finalidad de lograr la caída del “tirano”.

Obviamente, que una vez activada la protesta civil, Pedro Carmona Estanga,
Carlos Ortega, los “meritócratas” de Pdvsa y un grupo de militares
desleales, con el apoyo irrestricto de una dirigencia eclesiástica
desacreditada y voceros del gobierno norteamericano, junto con su agencia
central de inteligencia, se prestaban para llevar a cabo, una de las facetas
más tenebrosas y oscuras de la historia venezolana; como el hecho de jugar
con la vida de compatriotas, con tal de concretar sus maquiavélicos
propósitos. En la próxima entrega analizaremos en detalle el Golpe de Estado
y los posteriores sucesos políticos. Dios ilumine el camino.





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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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