La impunidad, verguenza del derecho

Filosofía i Política



“La justicia es la reina de las “La peor forma de injusticia es
virtudes republicanas” justicia simulada”
SIMÓN BOLÍVAR PLATÓN


Veintitrés siglos han pasado desde aquel trágico, pero ejemplar suceso, en la Grecia que se convertía en el orto de la civilización occidental, luego de contemplar a su vez, un orto similar en el mundo oriental. Por los caminos del pueblo sumerio, la ideas, las leyendas i los mitos, florecían entre los hombres que construyeron el Partenón i mostraron la belleza inmarcesible de su arte i de su pensamiento, desde el poema de Parménides o los cuerpos de hombres vigorosos de Fidias o los hermosos i sensuales femeninos de Praxiteles. Allí estaba el ejemplo: Sócrates bebiendo la cicuta, castigo letal impuesto en un juicio injusto, pero por respeto a las leyes acatado el veredicto, aun cuando sus discípulos estaban dispuestos a libertarle. Cuando Apolodoro le dice: –En cuanto a mí, Sócrates, lo que más me apena es el verle morir injustamente; a lo que el maestro respondió: –Preferirías, pues, verme morir justamente…i se echó a reír.

Empero, aquel extraordinario ejemplo de acatar una condena injusta, no es gloria para el alma helénica, mientras que el mismo Sócrates pensaba que no encontraremos fácilmente su igual; encontraremos sí, jueces i Anitos i Meletos, que estarán prestos, por el resto de los siglos, a ser artífices de injusticias i quebrantos, bien sea por que se conviertan en inhumanos acusadores manipulando las leyes, por oscuros intereses políticos o financieros, o convirtiéndose en cómplices de los delincuentes e infractores, así sus hechos ilícitos comprometan la calidad de vida de los pueblos. La historia, para muchos, es arrumo de las cosas pasadas i casi nunca, una lección de vida o experiencia preciosa para enfrentar el futuro.

Sin embargo, los políticos de todas las latitudes del planeta, confirman la sabia afirmación de Russell: “mientras los hombres de ciencia quieren hacer posible lo imposible, los políticos desean hacer imposible lo posible”. Por ello desatienden lo que es basamento indiscutible de la sociedad civilizada: el estado de Derecho, que no es otra cosa que el imperio de la lei o de las leyes, no son otra cosa que la reglas del juego del ajedrez humano, las normas fundamentales de convivencia pacífica i la unión de esfuerzos i entendimientos, para la búsqueda o persecución de la felicidad que huye a cada instante. Siempre he pensado que, como en todas las profesiones, existen buenos i malos, pero tal parece que los segundos son más hábiles para encontrar donde protagonizar, por lo cual estimo serán muchos los jueces i hombres “de leyes”, los que reeditarán la vida i la angustia final, del personaje de Albert Camus, en La caída.

El Diccionario de la Academia (DRAE) define simplemente la impunidad, del latín impunïtas, como falta de castigo o, de otra manera, lo que queda sin castigo, lo cual lleva directamente a la relación con el Derecho Penal i el establecimiento de un hecho delictivo que está establecido en el Código Penal o en las leyes con su respectiva pena, pero que libera injustamente a un delincuente. Empero, como esta sociedad injusta i dividida (en escala mundial) distingue entre los que “merecen” el título de delincuente, generalmente el hombre común de pueblo o lo que todavía existen mentes que los califican de masa, chusma, marginados, insolventes, basura social i muchos otros epítetos denigrantes, i los delincuentes de “cuello blanco”, de “clase alta o privilegiada” los autores “intelectuales” o poderosos del dinero, las penas o castigos deben recaer exclusivamente en los primeros i, como las leyes las hacen los que tienen el poder en algún momento de la historia, para estos segundos privilegiados, se abren puertas de escape. Mi padre repetía que, quien roba millones ( en esta sociedad perversa) no es ladrón, sino una “fiera” de hombre, un verdadero zorro encumbrado; ladrón es quien se roba una gallina en el mercado, o dicho literariamente en palabras de Pablo Neruda: “El fuero para el gran ladrón, la cárcel para el que roba un pan”. Más adelante citaré ejemplos en nuestra vida política.

Mas, volviendo al tema de la impunidad (i desde luego al de la libertad i la justicia) diré que la identificación entre justicia i libertad, fue formulada por Kant de esta manera: “Una sociedad en la cual la libertad bajo leyes externas se enlace en el más alto grado posible con un poder irresistible o sea con una constitución civil perfectamente justa, es la tarea suprema de la naturaleza en relación a la especie humana” (Idea de una historia universal en sentido cosmopolita. Tesis V. 1784). Para mi criterio, desde que trabajé en la Comisión de Administración del Poder Judicial i no se transformó este radicalmente desde aquellos tiempos, provocó que este poder, garante del estado de Derecho i de la estructura civilizada de la sociedad, quedara casi exclusivamente en manos de los personeros de la llamada IV República i por ello la impunidad de delitos que nos ha hecho i sigue haciendo daño. Cabanellas al referirse a las causas, citado por Manuel Osorio, dice “Que la causa más común, porque es la que más hiere a la sensibilidad colectiva, está representada por aquellos casos en que siendo conocidos los autores, no se los persigue por razones de orden político, siempre abusivas e impropias de Estados en los que la libertad ha sido cercenada, la prensa amordazada, los tribunales prostituidos y el poder entregado en manos de una minoría sostenida por la coacción, el miedo y la cobardía general”. Lo que no señala el autor, es que tales circunstancias pueden presentarse en un Estado complejo o mixto como el que tenemos, cuando una parte democrática emergente, todavía soporta los desmanes de la clase anterior derrotada, pero que conserva posiciones claves, especialmente en el Poder Judicial, o en casi todos los ámbitos de la vida pública, como sucede en ciertos Estados del país, donde los gobernadores son oposición. Aquí, quienes han amordazado, violado o deformado la libertad de expresión, son los medios de comunicación (prensa, radio, televisión, etc.) , quienes han propiciado sentencias asombrosas en el ámbito internacional, son los de la oposición o quienes han utilizado todos los medios ilegales, antijurídicos o inhumanos (como crímenes, atentados, asedios, i otras atrocidades) ha sido la oposición más irracional, ilógica e ignorante del mundo. I el resultado: impunidad.
(Continuará)














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Roberto Jiménez Maggiolo


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