(El nuevo obrero socialista)

División del trabajo y clasificación del mismo

Originalmente, hombre significa trabajador, según la versión engelsiana de la metamorfosis darwiniana del “mono” cuando éste se transformó en hombre.

Eso significa que el trabajo siempre ha estado dividido cuando lo referimos a la producción de los diferentes bienes satisfactorios de las no menos variadas y diferentes necesidades sociales.

Así fueron apareciendo los recolectores y pescadores, los agricultores y artesanos, modernamente llamados técnicos, y estos por su parte se especializaron en los oficios que histórica y dinámicamente fueron surgiendo en correspondencia tecnológica con las innovaciones científicas. burguesas.

Esa división original del trabajo durante mucho tiempo se mantuvo relegada a su simple clasificación derivada de la diferenciación de unos bienes cuya elaboración, ya para el Medioevo, corrió íntegramente a cargo del correspondiente artesano, y del campesino señorial. Estos cubrían de punta a punta casi todas las fases procesales involucradas en cada bien de su especialidad. Carpinteros, herreros, zapateros, hilanderas, albañiles, tejedoras, hortelanos, “médicos” y afines, etc., todos ellos llenaban la despensa laboral de aquellos tiempos que precedieron el proceso revolucionario mercantil burgués. Estos trabajadores eran concentrados en castillos, castilletes y feudos. No les estaba permitido transitar por las calles citadinas sin el correspondiente “salvoconducto” señorial (Cónfer: W. Shakespeare, “Julio César”).

Con el desarrollo del mercado capitalista se hizo técnica y económicamente necesario incrementar la productividad del trabajo *humano* con miras a la obtención de máximas ganancias con el menor tiempo posible. Ádam Smith, alabado teórico burgués y epígono de la entonces incipiente y hoy obsoleta Economía Política, estudió, midió y comprobó de cerca los mejores rendimientos técnicos y la mayor ganancia que dejaba la fragmentación en grupo del trabajo individual de los artesanos de taller.

Fue así cómo el trabajo artesanal derivó en trabajos parcelarios dedicados al desempeño puntual de una y sólo una fase de las muchas que atraviesan y componen el trabajo integral de una obra artesanal. Una “magnífica” y aburguesada aplicación de los aportes newtonianos en materia de Cálculo Superior. Con semejante división se pierde todo el control de la producción de hasta los más rudimentarios oficios. Con esta división del trabajo, como piececillas de reloj, paradójicamente los asalariados dejaron de ser trabajadores para convertirse en simples vendedores de fuerza de trabajo, y dejaron de ser vendedores de la obras de sus oficios. El asalariado representa la procesión cumplida ente él y el decadente artesano medioeval.

Hoy sólo quedan los *artesanos intelectuales*, es decir los profesionales o egresados universitarios, posgraduados inclusivos. Estos conservan todas las cualidades del artesano empírico del pasado. Dentro de estos se da una clara clasificación de labores, unas de índole humanística, otras más pragmáticas. Abogados, sociólogos, médicos, biólogos, odontólogos, economistas, ingenieros, pedagogos, contables y muchos otros especialistas de las diferentes ciencias actuales dan cuenta ampliamente de casi toda la problemática “profiláctica, patológica y terapéutica” de sus clientes o usuarios.

Un asalariado parcelado participa menos que una minúscula piececilla de un barato reloj analógico. A diferencia de ésta, su ausencia en la fábrica incide muy poco en la realización del producto en el cual participa y donde lo hace sólo complementariamente y no integralmente como lo hacía en sus viejos tiempos artesanales. Su ausencia temporal o absoluta es perfecta e inmediatamente suplida por cualesquiera de los demás trabajadores de igual calificación salarial.

Por todo lo anterior y hasta por menos, concluimos que el respeto, protección y fomento, la retoma y proliferación de artesanos universitarios a granel, técnicos y empíricos, sería un silencioso e incruento movimiento revolucionario que devolvería al asalariado actual todo el poder laboral de un artesano preparado para la manufactura personal de los numerosos y variados bienes que todos necesitamos. No se concibe un Socialismo con los obreros rasos del presente, suerte de humanoides no cibernéticos, sino con los mejor preparados y formados “profesionales universitarios del presente”.


osmarcastillo@cantv.net


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Manuel C. Martínez M.


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