El Voto debe ser Antisecreto

El voto es secreto, así los dispone la Constitución vigente, como así lo dispusieron muchas de las que la precedieron. Tal disposición jugó un papel muy importante en materia de seguridad y libertad eleccionarias.

Así rigió la Democracia Burguesa y Socialdemócrata y Cristiana, con más penas que glorias, hasta el momento del arribo de las elecciones computarizadas.

Antes de aprobarse ese *derecho* político, esa secritud electoral, los votantes fueron objeto de chantaje y persecución por parte de los partidos de poder, tradicionalmente Acción Democrática, COPEI y URD. Estos partidos siempre dispusieron de suficientes medios de presión, y de apoyos financieros santos y non sanctos para la contrata de espías y seguidores de la conducta del venezolano humilde, ahora conocido como *pendejo*.

Tales pendejos siguen poblando el grueso del Registro que manipula a su arbitrio la Directiva coyuntural del Consejo Nacional Electoral (CNE).

La tribuna de pillos y de honorables delincuentes políticos llegó al colmo de obligar al elector a presentar *pruebas* materiales de su voto efectivo. Chantajista y ventajistamente lo forzaban a consignar el resto de las tarjetas de votación.

El *tarjetón* llegó después. Este, por su forma rectangular, albergó y alberga ventajismos gráficos de los partidos mayoritarios, es decir de los partidos afines al dominio burgués y a sus amos imperialistas del exterior.

Las coordenadas más privilegiadas son obviamente los vértices y los puntos medios de sus lados además de su centro. Estos espacios se los reservan por defecto el partido de gobierno y los de mayor peso sociopolítico, según su cuota de poder medida por los resultados electorales siempre sospechosamente adulterados.

Por eso la secritud del voto cobró la mayor importancia, tiene rango de una reivindicación política atribuible al sistema democrático burgués y socialdemócrata, s.cristiano y republicano. Así lo siguen vendiendo. Y mire que sigue consiguiendo compradores!

La población electoral fue creciendo a la par con su demografía, con la rebaja de la mayoría de edad, de los mejores índices de sobrevivencia infantil y de otras variables que abultaron el censo electoral. El cúmulo de muertes violentas que dramatiza la prensa nacional hace poca mella en ese crecimiento del Registro del CNE.

Fue entonces cuando se actualizó y apareció el pillo político informático de estos países quien con alta probabilidad podría enquistarse en el citado CNE. Este informático está potencialmente listo para tomar el control de los resultados a su entera conveniencia y correspondientes colusiones.

Ya anteriormente, como vía fácil y más expedita de control interno entre delincuentes de la Cosa Pública, esos partidos del status optaron por el sistema bipartidista, con el agregado y tolerancia de algunos partidos so color de aparentar una mayor participación ciudadana. Buena parte de la Tribuna Política de izquierda formó parte de esa "conchupancia".

Miraflores adoptó el sistema alternativo de los partidos y permitió la repitencia presidencial de hasta de quienes habían sido excecrados por la masa electoral.

Es más, cuando proliferaron los partidos políticos minoritarios, todos estos fueron burlados, y como un gran avance democrático se borró del mapa electoral a todos aquellos carentes de poder financiero suficiente para competir con esa delincuencia política que nos desgobernó durante 40 años en línea. Ya lo dijimos, tal delincuencia la representó de dúopolio Acción Democrática y Copei. Los partidos menores atenuaron su lucha para poder sobrevivir. Fue así como la izquierda "radical" maquiavélicamente pactó con Copei, su más enconado antagonista ideológico. Recordemos el fulano "Chiripero".

Fue así cómo por cada partido mayoritario del duopolio citado se configuró una lista de los presidenciables. Las elecciones populares llamadas Primarias no pudieron quebrar la costumbre partidista de sólo permitir *elecciones de segundo grado*.

Ya es harto conocido cómo se implantó con rango de legalidad el apotegma: *Lista mata voto*. Y fue esta aberración del sistema representativo electoral el que más contribuyó con la actual computarización del voto.

Ahora bien, como lo saben hasta los tarados, el voto electrónico carece de confiabilidad, no por las máquinas electrónicas digitalizadas en sí mismas sino por ese moderno delincuente y sicario llamado *Programador*, suerte de empresas harto capacitadas para dar como ganador a quien su contratista señale. Como empresa lucrativa, es susceptible de sobornabilidad, tampoco es inusual que traicione a su cliente original.

Sobre esas asquerosas bases políticas, recomendamos una enmienda constitucional que haga menos descarada la trampa electoral que se halla oculta el voto secreto. Decimos que este voto debería ser público para que todo el público presente sepa por quién vota cada elector si así este lo decide. "Dejar la secritud del voto es convalidar cualquier posible
fraude que el *programador* decida imponer en favor o en contra de sus contratistas ora oficialistas, ora oposicionistas".

Cualquier represalia que pudiera tomar algún patrono, o algún adulón, cuyos intereses pudieran verse afectados por la decisión electoral de su empleado u obrero, lo pondría en evidencia con la población electoral, y esta sabría tomar las democráticas medidas correctivas.

"Dejar la supervisión del voto secreto en manos de los *testigos de mesa* sería seguir convalidando la intermediación de terceros entre el elector y la sesgable manipulación de los resultados del escrutinio".

marmac@cantv.net


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Manuel C. Martínez M.


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