Una historia actualizada

Pedro María


Nació en Margarita con el pelo color sol. Se va con su madre enferma a Caracas con siete años a cuestas; se embarcó con ella y cruzan el mar Caribe para buscar la salud; pero esta no llega y ella, su madre, muere en el Hospital Vargas, dejándolo solo en el año 27. La soledad puede ser cobija para los viejos, pero en un niño de siete años y frente al entierro de su vieja por la beneficencia municipal, es infierno sin fuego que nunca cesa.

Fue limpiabotas, heladero, pregonero, hasta alfarero… ¡nunca pedigüeño! Estudió a duras penas sus primeras letras, mientras dormía debajo del cielo repleto de estrellas; hasta que se hizo policía, de los cuatriboleados, de los que huelen al hampón por la parada y la respiración. El urogallo de la madre patria; ese que sembraron los inmigrantes desde los tiempos de la conquista y el caribe ancestral se unieron para moldearlo cerrero, hosco y altanero.

Pedro María Millán Jiménez cambió el Millán por el Jiménez antes de imaginar que sería policía; solo Pedro María Jiménez quedó registrado en la cédula por gusto y por cojones. La adoración a su vieja prevaleció cuando el funcionario le preguntó su nombre completo. “Loco a juro” le mentaban por ser hombre de tabaco en la vejiga; viejo arrecho de mil leyendas, perejimenista jodío, de los que no mascaban para decir las vainas claras.

Por que la historia la cuentan los vencedores y la que él vivió tenía sus matices que no cuadraban con la que escribía la naciente democracia, Pedro María recelaba de los adecos sin dejar de ser un buen policía. Terminaba el gobierno de Betancourt y las elecciones para un nuevo período se hicieron presentes. Una mañana el prefecto del Municipio Libertador llamó a Pedro María – “Bueno, Pedro… se acercan las elecciones y quiero que preste atención a esta orden” – Imaginaba Pedro, una comisión para resguardar la plaza o la esquina o la calle y los alborotos electorales; acaso para tener a raya a los borrachos que celebrarían la victoria de algún partido. Corrían tiempos difíciles y la vaina no estaba para juegos. Se acuartelarían, supuso Pedro María mientras esperaba la orden.

“Usted, Pedro, va a votar y me trae todas las tarjetas, ¡eso sí!, menos la blanca por supuesto…”

A Pedro María se le revolvieron los ancestros, los apellidos y contando también el que no estaba en la cédula. Si alguien puede saber que significa la visión de túnel, esa que fija los ojos en un objetivo mientras lo demás se pone borroso, sabrá que sentía Pedro María en ese momento

“Si no obedece esta orden, olvídese del sueldo…”

Tenía al desgraciado en medio de esa visión que te envuelve y tensa el cuello, la espalda y la dignidad. En un segundo pasaron los años de trabajo, las estrellas como techo y la madre que fue enterrada sin él conocer el abecedario. Sacó de la funda la 38 de reglamento y se la puso en la frente al cabrón que creía poder joderlo, dejando escapar una a una las palabras sin mostrar miedo

“Tú me pagas por que yo trabajo… Tú me pagas por que yo me gano mi sueldo…”

El prefecto no dijo nada. Solo le urgía ir al baño para calmar los nervios y Pedro María ni siquiera votó en las elecciones donde ganó Leoni. No le gustaban los adecos y menos lo que estaba viendo.

Llegaría la quincena y Pedro María fue a cobrar tranquilo, mientras otros compañeros le llevaban las tarjetas al prefecto. El consolidó el respeto que sentía por sus ideas y su trabajo. El prefecto, ni pendejo que fuera, entendió muy bien el mensaje y ningún comentario saldría de sus angustiados calzoncillos.

Pedro María Jiménez murió siendo nacionalista y arrecho. Supo de las vagabunderías políticas, mucho antes que las que hoy practican sus herederos.

Hoy recuerdo esta historia para este pueblo que tiene dignidad y sé que no aceptará el chantaje de una tarjeta que deba firmar para conservar su trabajo y mutilar nuestro proceso.

Como pueden ver, no inventan nada nuevo. Son los mismos, disfrazados de buenas palabras y con el golpismo tatuado en la frente para seguir jodiendo.


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msilvagayahoo.com



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Mario Silva García

Comunicador social. Ex-miembro y caricaturista de Aporrea.org. Revolucionó el periodismo de opinión y denuncia contra la derecha con la publicación de su columna "La Hojilla" en Aporrea a partir de 2004, para luego llevarla a mayores audiencias y con nuevo empuje, a través de VTV con "La Hojilla en TV".

 mariosilvagarcia1959@gmail.com      @LaHojillaenTV

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