Comida para los carros

Cuando escribo de estos temas siempre recuerdo a un amigo quien me recomienda no meterme en aguas profundas si no sé nadar y yo acepto con toda humildad el consejo, consciente de que realmente hay que leer kilómetros, para poder escribir milímetros.

No sé como me calificarán las personas que siguen mis publicaciones, de todas formas, no me considero ni escritor ni analista ni nada por el estilo, creo que soy un periodista que hace un duro esfuerzo por condensar una idea en un párrafo legible, con la única intención de que me entienda esa gente paciente, incisiva, que en algunos casos leerán más por hábito, que por informarse de lo que uno escribe, pero que al fin y al cabo, son admirables, porque se lo calan a uno desde la primera hasta la última letra y eso, pensando en mi amigo, no debe ser nada fácil.

De todos modos, ahora quiero escribirles sobre los biocombustibles y les confieso que lo hago más por el miedo que me metieron, que por echármela de experto en la materia.

No quisiera, de verdad, pero creo que peor es callar, por cuanto es inconcebible que después de tener cuarenta y ocho años comiendo arepas una o dos veces por días, me digan que a lo mejor no voy a poder adquirir más la harina precocida, porque el maíz lo están tomando para la elaboración de etanol, un alcohol que sirve de combustible para los vehículos.

Como titula el escritor y periodista colombiano, Daniel Samper Pizano, uno de sus escritos analizando el tema: “Que coman los niños, no los carros”. Nada más sensato. Y es que, pese a no ser ningún chiquillo, no sé si podré vivir el resto de mi vida si me quitan la arepa, con todo y las contraindicaciones médicas que el alimento pueda tener en salud a esta edad de triglicéridos y colesterol alto.

Los biocombustibles tal como los describe Samper Pizano son productos agrícolas que sometidos a un proceso industrial, se emplean para alimentar motores de explosión. En otras palabras: maíz, soya, palma, trigo y bagazo de caña -entre otros- que dejan de nutrir a seres humanos y, transformados en etanol, pasan a alimentar automóviles.

Así que nademos entonces, o mejor: chapaleteemos aunque sea en la orilla. Los biocarburantes o comida para carros, a mi modo de ver, tiene dos historias: una encantadora y otra aterradora.

La bonita refiere que lo más importante de los agrocombustibles es su efecto no contaminante, sin las consecuencias devastadoras en el medio ambiente que producen los derivados del petróleo. Acelera el desarrollo económico, sobre todo en los sectores rurales, genera mano de obra, abre oportunidades de exportación, proporciona mayor duración de los motores de los vehículos y es un recurso renovable…

Ahora, la historia desagradable lo dan los análisis, entre otros, de los 33 países que integran la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), los cuales alertan que la producción de biocombustibles debe tomar en cuenta la alimentación de los pueblos.

Alertan sobre su producción en estos momentos de carestía e incremento de los precios de los alimentos en el mundo y advierten que hasta no haber seguridad alimentaria en una región, no se debe pensar en otro uso para los productos agrícolas.

Para bien nuestro, el Gobierno bolivariano parece cuestionar la explotación de biocombustibles, porque las experiencias en este país indican que hay sectores a los cuales muy poco les importaría el hambre del pueblo, si exportando el maíz para el etanol ganan un poco más de dinero. La experiencia lo indica. Por plata se han cansado de desaparecer la leche, la azúcar, el pollo, en fin, no piensan en la gente.

Acerca de este carburante hay otros aspectos motivo de reflexión, como el de los expertos que coinciden en que la tala y destrucción de bosques para sembrar los vegetales que lo producen, será peor que los gases tóxicos emanados por los vehículos los cuales utilizan derivados del petróleo.

En ese sentido, la devastación será indetenible y lo peor es que si actualmente se matan por petróleo, quien dice que en el futuro no se maten por un sembradío de maíz, remolacha, trigo, sorgo, soya, yuca, entre otros, para elaborar combustible.

albemor60@hotmail.com


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Alberto Morán


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