La obsesión antimilitarista

Un columnista –uno de los mejores del antichavismo– que suele abordar los temas del momento con ironía y hábiles sofismas, escribió días atrás sobre los militares y el ejercicio del poder en Venezuela. Lo hizo recurriendo al expediente simplista, pero impactante, de presentar una lista de personas, en su mayoría militares retirados, actualmente en la administración pública.

El recurso, la lista –equiparable a la ya famosa del diputado que tanto escuece a los opositores–, promueve la confusión. Con la simple mención de numerosos nombres se pretende transmitir al lector la sensación de que el gobierno de Chávez está militarizado. O que Venezuela tiene un gobierno militar. O que se promueve un militarismo rampante. Lo primero que hace el columnista es descalificar a priori a un grupo de ciudadanos para formar parte del gobierno, por el solo hecho de ser militares, no importa si activos o retirados. ¿Un militar activo no puede tener un cargo en la administración pública? ¿Acaso la Constitución o alguna disposición legal lo prohíben? ¿Alguien que vuelve a la vida civil está tácitamente inhabilitado para ser funcionario? ¿Significa –la aplicación de tal criterio– que el país debe prescindir de los servicios de gente capaz, preparada, con experiencia, por el solo hecho de haber estado en la milicia? ¿Qué ocurre con los profesionales asimilados a un componente de la institución castrense? ¿Se les aplica la misma objeción?
Puede que la utilización por el columnista de la mencionada lista sea eficaz para confundir y cumpla con el propósito oposicionista de presentar, como máxima expresión militarista, al equipo de Chávez. Por eso la importancia de debatir el tema. Las nociones de militarismo y antimilitarismo siempre circularon por nuestra historia. Sirven, por igual, para calificar o descalificar. Mas lo que no admite dudas es que muchas veces se incurre en groseras manipulaciones. Militares siempre hubo en nuestra vida política e institucional.

Militares autoritarios y despóticos, como Gómez y Pérez Jiménez, y militares democráticos y civilistas, como López Contreras y Medina Angarita.

También hemos tenido presidentes civiles que se comportaron con mentalidad militarista, que utilizaron a los uniformados y aplicaron prácticas castrenses despreciables –aprendidas en la Escuela de las Américas– para conculcar libertades y derechos humanos en nombre de la democracia. Ahora el país tiene como gobernante a un hombre, proveniente del mundo militar, que desterró del ejercicio cotidiano de la represión y la visión cuartelaria, tan del agrado de ciertos civilistas.

Vale la pena un debate, con pelos y señales, sobre el tema, y reflexionar acerca de viejos mitos y sesgados análisis históricos. ¿Quién ha sido más militarista en el ejercicio del poder, Betancourt o Chávez? ¿Por qué no trabajar ambas experiencias a base de hechos concretos? O examinar la conducta de los antimilitaristas el 11A y la de los próceres civiles de la Coordinadora Democrática cubriendo de elogios a los militares golpistas de la plaza Altamira. ¿Dónde está el militarismo? ¿En qué pliegues se oculta? ¿En cuál lista está? ¿En la que menciona el columnista de marras o en otras?


Happy birthday en la Casa Blanca

Casi levitaba Benedicto XVI a su llegada al aeropuerto donde lo esperaba George W. Bush y, luego, en los jardines de la Casa Blanca. De blanco todo, menos los piececitos de rojo, se movía de un lado a otro con la gracia de una mariposa. Muy sonreído, vivaz, posesionado de su papel de huésped del señor imperial. Nada trascendente en sus palabras. Salvo la tímida condena a los curas y obispos pedófilos. Pero con el cuidado de no herir susceptibilidades y satisfacer, al mismo tiempo, la curiosidad pública por el escabroso tema. Si el propósito de la visita era aprovechar que el inquilino de la Casa Blanca prepara sus maletas, ¿por qué perdió la oportunidad de decir algo sobre aspectos claves en la doctrina cristiana? ¿Por qué no habló de la tortura, habida cuenta que su anfitrión la autorizó y vetó una ley prohibiéndola? Si se tiene tanto respeto por la vida humana, ¿qué impidió una referencia al millón de civiles asesinados en Irak, a los cinco mil soldados norteamericanos muertos y a los treinta mil heridos? ¿Para su ecumenismo no cuentan el horror de Afganistán y el genocidio palestino?
La explicación a los silencios del ilustre visitante quizá esté en una crónica en el diario Página 12 (Buenos Aires) del poeta Juan Gelman –acaba de ganar el premio Cervantes y su familia fue víctima de la atroz represión de los militares argentinos apoyados por EEUU–, titulada Honor y muerte.

Es la historia de un suicida –uno de los 687 hasta marzo de 2007–, el coronel norteamericano Ted Westhusing, a quien hallaron en su trailer con un disparo en la cabeza. Era profesor de filosofía e inglés en West Point, licenciado en estrategia militar y publicaba trabajos acerca de la ética militar. Este hombre renunció a la comodidad de la cátedra para irse a Irak. En los e-mails enviados a su familia se lamentaba que el "honor y el país habían sido reemplazados por el afán de lucro en Irak, donde EEUU llegó a depender de los contratistas para tareas que antes realizaban los militares". Junto a su cadáver había una carta que decía: "No puedo ser parte de una misión que entraña la corrupción, el abuso de los derechos humanos y la mentira.

Estoy harto, ya no más". Seguramente Benedicto XVI desconoce este testimonio –tiene cosas más importantes que atender en su vida– de un soldado a las órdenes de Bush. El personaje a quien él, en una licencia retórica explicable en el ambiente letal del poder inmoral, reconoció como un luchador por la libertad y la democracia en el mundo mientras le cantaban el Cumpleaños feliz y apagaba, conmovido, 82 velitas.


LABERINTO

Cuenta un personaje
opositor que cabildea en Washington, que escuchó una conversación en los pasillos del Congreso donde alguien preguntó, a raíz de la interpelación de Insulza, por qué el representante Connie Mack estaba tan bravo.

Respuesta: "Mack está en el payroll de los ricos venezolanos en Florida.

Recibe mucha plata de ellos".


Comentario del personaje: "A nosotros nos acusan de recibir plata de los gringos, y a los americanos antichavistas de estar financiados por la oligarquía venezolana".

La tragedia –digo yo–, de unos y otros, es que ambas cosas son ciertas...


El Rey de España
no asistirá a la reunión de Lima de Jefes de Estado y Gobierno de Latinoamérica y Europa.


Teme que le pregunten ¿por qué duermes?...

Miserias del TLC
El de México con EEUU y Canadá, vigente desde hace 14 años, si bien aumentó el intercambio comercial, benefició a industrias exportadoras, en su mayoría multinacionales de EEUU instaladas en México.


Las importaciones de alimentos subsidiados aumentaron, provocando la ruina en el campo mexicano, donde se han perdido dos millones de empleos...


Signo de los tiempos
En Paraguay un obispo suspendido por el Vaticano, adscrito a la "teoría de la liberación", Fernando Lugo, derrotó a un partido con 60 años en el poder y a una derecha implacable, con nexos con el imperio. ¡Crece el montón!...


Lo de los Uribes
en Colombia se hincha. Aliarse con el delito para alcanzar el poder siempre tiene un costo.


jvrangelv@yahoo.es


Esta nota ha sido leída aproximadamente 2661 veces.



José Vicente Rangel

Periodista, escritor, defensor de los derechos humanos

 jvrangelv@yahoo.es      @EspejoJVHOY

Visite el perfil de José Vicente Rangel para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



José Vicente Rangel

José Vicente Rangel

Más artículos de este autor



US mp N GA Y ab = '0' /actualidad/a55943.htmlCd0NV CAC = Y co = US p hace 3 = NO