Bolivia vs. Venezuela


Lo ocurrido recientemente en Bolivia debería ser motivo de reflexión, sobretodo para quienes siguen conspirando y jugando al golpe bajo el disfraz de lucha “popular”. Lo primero es percatarse de la gigantesca fuerza del pueblo, que en Bolivia volvió a demostrar su valor y su capacidad de lucha y de resistencia. Luego de cientos de muertos y heridos, producto de días de represión policial y militar, obtuvo una clara victoria al obligar a renunciar al presidente Gonzalo Sánchez de Losada, quien trabajó para los intereses de las transnacionales del gas en negocios contrarios al interés nacional y del pueblo boliviano.

La salida y substitución del Presidente boliviano, sin embargo, no han producido necesariamente un cambio político, pues los mecanismos puestos en marcha son los orden actual, lo que garantiza a las clases dominantes internas y externas que los cambios no pongan en peligro sus intereses y no toquen las causas de la miseria y explotación bolivianas. Pudieran encontrarse en una situación similar a la substitución ocurrida en Venezuela de Carlos Andrés Pérez por Ramón J. Velásquez que, si bien significó un cambio en la cabeza del gobierno, no significó ninguna modificación de la política y la democracia venezolanas.

Otro aspecto a considerar es el asesinato y violenta represión del pueblo ante la mirada cómplice del gobierno norteamericano, de las asociaciones de defensa de los derechos humanos y de los partidos y grupos venezolanos que luchan supuestamente en este campo y acusan de genocida al Presidente venezolano. Ninguna protesta, ninguna queja, celestinaje total. Es claro que estas organizaciones y el Departamento de Estado no defienden en absoluto al pueblo, sino a los intereses precisamente de las transnacionales favorecidas por el gobierno asesino de Sánchez de Losada.

En Venezuela, los hechos se parecen a los ocurridos el 27 de febrero de 1989 contra el gobierno del entonces presidente Pérez, que en un período mayor lograron la destitución del Presidente y más adelante la victoria del primer gobierno no formalmente adeco ni copeyano: el de Rafael Caldera, un paso en la lucha hacia una victoria mayor: la elección del presidente Chávez. No sabemos si el desarrollo político boliviano está preparado para profundizar los cambios en ese mismo sentido.

Algunos intelectualmente débiles han pretendido hacer un símil entre la masacre boliviana y la ocurrida en Caracas el 11 de abril de 2002. Son personas víctimas de sus propias mentiras. La masacre de llaguno fue producida por el intento de derrocamiento del presidente Chávez, mediante el uso de un aparato militar-policial que disparó contra el pueblo que defendía al Presidente en los alrededores de Miraflores. No fueron Chávez, ni el Plan Ávila, que de paso no se puso en marcha por la traición de Rosendo, los responsables de la misma.


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Luis Fuenmayor Toro


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