Rumsfeld en Colombia

Desde afuera


El pasado martes 19 de agosto el Secretario de Defensa de los EE UU, Donald Rumsfeld, realizó una inusual visita de 8 horas a Colombia, que se continuaría con una de 6 horas a Honduras. No visitó ni a México, ni a Buenos Aires, ni a Brasilia, las capitales mas significativas latinoamericanas. Tratándose del personaje más influyente en la política exterior de la Casa Blanca, dominada por el complejo industrial-militar, esas visitas, y las omitidas, tienen una particular connotación. Al contrario de lo que muchos piensan, esta acción esta más ligada a la política doméstica norteamericana, totalmente dirigida a la reelección presidencial en las elecciones del 2004, que a los fines de la “guerra contra el terrorismo” donde se ha focalizado la acción del gobierno de Bush.

Ciertamente, la administración republicana ha centrado su acción en la política exterior como un mecanismo de diversión de la opinión pública interna, para desarrollar una política interna que favorece al gran capital y a sus principales socios ubicados en la cúpulas de los mandos de los servicios armados estadounidenses. Una conducta que desde luego se complementa con la aplicación de esa “diplomacia de las cañoneras” que le abre mercados como el de Irak a las grandes corporaciones transnacionales con asiento en Norteamérica. Sin embargo las cuentas, por simplistas - una conducta común de las fuerzas conservadoras – le han salido mal. La popularidad del presidente situada en más de un 80% después del inicio de esta guerra contra un enemigo ambiguo en octubre del 2001 ha descendido hasta situarse esta semana en el 50% y muestra una tendencia marcadamente decreciente por el fracaso evidente de sus acciones internacionales. Ciertamente esta lejos de desarticular la estructura de la organización Al Qaida; no ha podido recuperar la gobernabilidad de Afganistán e Irak; ha fracasado en la aplicación del llamado “mapa para la paz en palestina”; y, como lo sostiene la prestigiosa fundación colombiana “Seguridad y Democracia”, y lo señala la Oficina de Contabilidad del Congreso de los EE UU, la ejecución del Plan Colombia a través de la política de “seguridad democrática” del Presidente Uribe ha sido un fiasco.

Esa falta de resultados positivos en los principales programas de su política exterior, más la convicción creciente en la opinión pública sobre el uso de la mentira para justificar el ataque a Irak y el deterioro significativo de las condiciones sociales por la situación adversa de la economía generada por el enorme déficit fiscal; el desempleo; y, la reducción de los programas de salud públicos, lesionan seriamente las posibilidades de reelección del Presidente Bush. No es que la presencia de Rumsfeld en Bogotá preludie una escalada del uso de la fuerza en la región andina sudamericana. Todo, menos la posibilidad de abrir un nuevo frente bélico, esta en los intereses de la política exterior actual del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano que encabeza el Secretario de Defensa Por el contrario, al esquivar una repuesta sobre el papel de Venezuela en la guerra civil colombiana, minimizando las declaraciones previas de Colin Powell, del General Richard Myers y de otros altos funcionarios norteamericanos, esta evitando por una parte darle beligerancia al gobierno de Caracas, pero sobretodo esta reclamando mantener a Colombia alineada con la política exterior de la Casa Blanca. Ciertamente la firma de Uribe de la Declaración de Asunción, del pasado 15 de agosto, suscrita por todos los gobiernos sudamericanos con excepción de Venezuela, es la manifestación de una inclinación colombiana a acercarse a la postura de los países de la región que en la declaración de Guayaquil del 2002 privilegian el multilateralismo y la declaración del área como zona de paz. Un hecho que de materializarse sería un revez más a la política exterior norteamericana que busca la restauración del TIAR, ahora enfocándolo hacia la “guerra contra el terrorismo”, minimizando incluso la coartada anterior de la “guerra contra el narcotráfico”. La visita fue más una presión hacia Uribe y la dirigencia política de Bogotá, usando los militares colombianos para tal fin, que una señal para intensificar y escalar la guerra civil colombiana. Es el uso de una corporación castrense subsidiaria de la estructura militar norteamericana desde 1952. No hubo ninguna oferta ni para incrementar el financiamiento de las operaciones, ni para involucrar la participación directa norteamericana en el conflicto.

La mira del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, integrado además por Paul Wolfowitz, Subsecretario de Defensa, Richard Armitage y John Bolton segundo y tercero respectivamente en el Departamento de Estado, esta enfocada hacia la Conferencia Especial de Seguridad Hemisférica a celebrarse en México el próximo mes de octubre. Una restauración del TIAR, que le garantizara a la Casa Blanca la cooperación latinoamericana a sus objetivos de política exterior, sería un éxito importante que afianzaría las posibilidades del grupo de mantenerse en el control de poder durante un nuevo período presidencial. Ella sería parte de una redefinición de la estrategia norteamericana, orientada a hacerle una concesión al multilateralismo adjudicándole un nuevo papel a la ONU en lo relativo a la administración de la ayuda humanitaria en las regiones geoestratégicas, mientras que descarga la función de policía internacional en organismos regionales como lo ha hecho en el caso Liberia, con la participación de la Organización de Estados del Africa Occidental, y en Afganistán al ampliar el papel de las fuerzas de la OTAN en ese país. En ese marco la redefinición del TIAR podría preludiar la posibilidad de comprometer esta nueva alianza en funciones de policía internacional, especialmente en Irak donde la guerra no ha finalizado como lo indicara Bush en mayo pasado, sino que ahora ha entrado en una nueva etapa: una guerra irregular prolongada. Es un escenario con una alta probabilidad, particularmente cuando explícitamente el Secretario de Estado, Powell, durante su visita de pésame al Secretario General de la ONU, anunció la negociación de una nueva resolución en la cual se institucionalizaría una participación multinacional en ese teatro de operaciones. Sería una ocasión para este bloque sudamericano de participar en el reordenamiento del sistema internacional, de una forma similar como intenta hacerlo la UE con el nuevo papel de la OTAN en Afganistán, y el Grupo de Shangai lo hace frente a la situación planteada en Corea del Norte.

En lo que a Venezuela se refiere, es clara la posición explícita de Rumsfeld de ignorar a este país dentro de su estrategia hacia América latina. Poca falta le hace a Washington establecer un nuevo interlocutor antagónico como lo ha sido Fidel Castro durante la Guerra Fría y en su posguerra. Empero no cesaran las alusiones al problema venezolano, pero estas probablemente provendrán de funcionarios de tercera categoría, tales como Otto Reich. Se intentará con eso complacer al “lobby cubano” de Florida que es una importante reserva electoral en lo relativo al propósito reeleccionario de Bush. La idea es dejarle ese papel a Colombia, que asumiéndolo podría colocar a su lado a los gobiernos de Ecuador, Perú y Bolivia, que enfrentan problemas de desestabilización interna, con alguna posibilidad de arrastrar también al chileno, en donde la corporación militar conservadora todavía juega un papel significativo. Un hecho al cual se sumaría el distanciamiento de los gobiernos de Brasilia y Buenos Aires, arrastrando consigo a los de Uruguay y Paraguay, que claramente no están dispuestos a un enfrentamiento directo con la hiperpotencia, ni siquiera en el plano retórico como lo hace Chávez. Un distanciamiento que también afectaría la posición de Guyana y Surinam con sus efectos en el Caribe angloparlante y de influencia holandesa, donde ya la República Dominicana, la única expresión hispánica importante en esa región por la exclusión de Cuba del Sistema Interamericano, esta claramente alineada con la posición de Washington. En ese contexto, la conflictividad se trasladará al ámbito interno con un gobierno que tendrá que radicalizar su posición frente a las fuerzas que lo adversan, y estas a su vez harán lo propio, manteniendo la inestabilidad que ha caracterizado la vida del país desde el 11 de septiembre del 2001.


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Alberto Müller Rojas


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