Ramón J. Velásquez dice: “un político no muere sino cuando fallece físicamente”. Dentro del mismo contexto se pudiese complementar que “no hay nada mas peligroso que un político desesperado”. Verbigracia José Antonio Páez, quien viendo que su poder e influencia había descendido con el ascenso a la presidencia del general José Tadeo Monagas, conspiró para que el Congreso Nacional le realizase un “juicio político” a Monagas.
El 10 de diciembre de 1847 la diputación de Caracas presentó una acusación formal con estos pueriles argumentos: “no acatar adecuadamente las causas de la crisis económica imperante y por el menosprecio y violación de las leyes y del código fundamental.”
Sobrevino el conocido “asalto al Congreso” del 24 de enero de 1848 para evitar el referido “juicio político” que muchos historiadores se lo achacan a Monagas. Páez de inmediato tomó como justificación la crisis desatada y se levantó en armas contra el gobierno legítimo. El Centauro se encontraba en Calabozo, el día 26 se traslado al Rastro con unos mil hombres de tropa se movilizó hacia Apure.
El 10-03-1848 fue derrotado en el sitio de los Araguatos por su antiguo subalterno Cornelio Muñoz, episodio que aprovechó el periodista Blas Bruzual para caricaturizar a Páez como el “Rey de los Araguatos”
Páez continúo su peripecia acompañado de Carlos Soublette y Angel Quintero, huyó hacia Cúcuta, pasó a Santa Marta y en Rió Hacha se embarcó hacia Jamaica desde donde solicitó por escrito al embajador en Caracas Mr. Shield ayuda de los Estados Unidos de Norteamérica para su invasión a Venezuela, no sin antes dirigirse también al Capitán General de Puerto Rico Juan de la Pezuela en busca de una intervención española en los asuntos del país. En septiembre de 1848 llegó a Curazao para luego desembarcar en la Vela de Coro el 02-07-1849. Monagas en abril de 1849 previamente había solicitado al Congreso un decreto de expulsión perpetua del país del general Páez.
Mientras, en el mes de mayo de 1849 los conservadores de Maracaibo comisionaron a Juan Manuel Manrique para solicitar la colaboración de USA para que interviniera como mediador en el conflicto, Manrique se dirigió a Shield, rematando la misiva con esta perla: “… o en el de una intervención eficaz si fuese necesario.” Como colofón el conservador oligarca Fermín Toro también solicitara dicha intervención y excitaba al gobierno de los Estados Unidos a una acción enérgica.
El agente diplomático británico Riddel envió una comunicación a Lord Palmerston el 20-11-1849 donde comentaba la actitud de Páez en solicitar la intervención de España, con la siguiente lección moral: “ El señor José Antonio Páez pidió ayuda para derribar al gobierno constitucional de su país a la misma potencia contra la cual luchó y adquirió los honores y posición a que vuelve la espalda y tan malamente aprecia….”
Habrá que decir como José Gil Fortoul: “La Patria siempre debe recordar los grandes gestos de sus hijos”, sin olvidar las sentencias lapidantes de Ramón J. Velásquez:” Los políticos carecen de pretérito o se lo imaginan. Ellos siempre son incógnitas abiertas hacia el mañana.”
Luego vino la capitulación de Macapo, el castillo de San Antonio, la fidelidad de Dominga Ortiz, el destierro, Filadelfia, Nueva York, Washington, Buenos Aires, el regreso, el golpe a Gual, la dictadura, el Tratado de Coche, el segundo destierro, el contacto con José Marti y Luís F. Mantilla, la Autobiografía y el 6 de mayo de 1873.
Todo se originó por la ambición personal de Páez.
Patria, Socialismo o Muerte.
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