A quien le caiga el guante que se lo chante

  • En la entrevista televisiva y esto puede extenderse a otros medios, se ha producido un cambio de roles. El entrevistador, se ha convertido en un opinador de oficio, que pregunta a conveniencia o de acuerdo a la simpatía o no por el entrevistado. Poco se profundiza en los temas abordados, mucho menos se hacen repreguntas puntuales sobre discursos pre establecidos, que trae el entrevistado y cuando se sienten incómodos, van a máster, como una manera de evadir el tema controvertido, burlando de esta manera a la audiencia.

O a quien le caiga, le chupa. Dos expresiones muy a propósito de lo que aquí en adelante voy a exponer. Me refiero a las variadas caras del Licenciado(a) Supuesto Presunto, ya conocido por Uds. Pero solo en esta oportunidad a una de sus caras, ahora, como ancla entrevistador(a). Él como buen comediante tiene varios disfraces y los saca de un baúl que tiene parecido al de El Cuervo, personaje, de la comiquita "El Zorro Y EL Cuervo". Un disfraz para cada ocasión.

Antes de bajar el telón y entrar a escena, ha pasado por la sala de maquillaje, donde le dan los retoques de rigor. Allí entre las expertas manos de los maquilladores, repasa la cartilla, que aceptó de los dueños del canal, para comportarse bien, es decir, siempre a la imagen y semejanza de sus empleadores, es decir, lo que llaman la gran familia del Tal o Cual Canal de TV. Al pie de la letra debe aplicarla, so pena de reprimendas y hasta de poner en riesgo su trabajo. Y mira que debe cuidarlo, porque candidatos sumisos para sustituirlo sobran.

Los productores, ya han realizado su trabajo, seleccionado a las personas que van a ser entrevistadas, arreglar el escenario y el antes de salir aire, repasan de nuevo la cartilla, para no resbalarse, ni siquiera por equivocación. ¡Cámara Acción!, como comienza el rodaje de la película.

Luego, del rutinario saludo a la audiencia que todavía le queda, pasa a lo suyo, la entrevista previamente concertada, generalmente a políticos, con las preguntas acordadas para no salirse del libreto. Desde ese momento el Licenciado Supuesto Presunto, sufre de amnesia retrógrada. Como el entrevistado, es de la casa, o sea, de la gran familia del canal, que lo financia o le presta favores políticos, o sencillamente le da una que otra publicidad. Lee, un abultado curriculum, más no el prontuario del entrevistado, que en algunos casos, a lo mejor, es mayor.

El entrevistado, en este caso, tendrá el micrófono abierto, no hay limitaciones para que se exprese. El Licenciado susodicho, se limita a asentir con un movimiento de cabeza, a sonreírle en algunas oportunidades y hacerle algunas preguntas complacientes, para que el redondee, las ideas, si se puede llamar así, a todo un arsenal de mentiras y medias verdades, que el invitado acostumbra a repetir en cuanto medio visita, para que le den una oportunidad.

Por supuesto, nada de repreguntas con doble sentido, y menos las que incomodan. El Licenciado Supuesto Presunto, sabe, está consciente, que el entrevistado está mintiendo, que el entrevistado está hilvanando un discurso falaz, pero él no se atreve a contradecirlo, pero su rostro lo delata, baja la cara, quizás pensando que algún compañero de estudios, está viendo el programa y se pregunta ¿Pero qué es esto?. Esas son las únicas señales de rubor, que presentan en su rostro maquillado.

En otras oportunidades, el Licenciado Supuesto Presunto, tiene ideas pre concebidas, y su trabajo es manipular al entrevistado, para que responda lo que él quiere, para que reafirme, lo que él ya ha dicho, porque en realidad no es una pregunta la que formula, sino, un juicio que emite, su propia opinión sobre los hechos o las que sustenta el Canal donde labora. Busca sólo que de alguna manera corroboren y le den el beneplácito a sus afirmaciones.

Si hay un tema de interés, pero afecta a los intereses del Canal, hábilmente, el Licenciado Supuesto Presunto, dice, vamos a Máster, ya volvemos. Pero al volver comienza con otro tópico, olvidando, intencionalmente, lo que de alguna manera incomoda los intereses de los empresarios, que él piensa, son los mismos de él, porque que se ha comido la coba de "La gran familia de tal o cual canal.

Si el entrevistado, es contrario a los intereses del Canal , el susodicho Licenciado, se le ve de inmediato una actitud distinta, arrogante, hace gestos con las manos, se pasa la mano por el pelo, se arregla la corbata y casi tiene un actitud de fiera enjaulada. Allí sí hace preguntas y repreguntas, también atiende el Teleprompter, chuleta que usa, por si acaso se le olvida algo que opinar o preguntar. ¡Vamos a las Redes Sociales!, dice ufanado, luego de salir el cintillo, donde se anuncia la empresa que lo viste. Por supuesto, al leer preguntas previamente elaboradas, o seleccionar las que resulten más incómodas, para formularlas, no ya al entrevistado, sino, al que él considera su adversario.

Son apreciaciones, actitudes que uno observa, como usuario de los medios, reñidas con el ejercicio Deontológico de la profesión, el marco de estas entrevistas complacientes, pero el Licenciado(a) Supuesto Presunto, que ha pasado por la universidad, pero la universidad no ha pasado por él, echa por la borda todo lo que le enseñan. Al salir de la universidad, ya no quiere saber más nada de ese pasado. Borrón y cuenta nueva, lo de él ahora es el billullo y el bozal de arepa. "La amenaza pone a prueba la consistencia profesional del periodista y su nivel ético".



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Jesús Sotillo Bolívar

Docente en la UCV

 jesussotillo45@gmail.com

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