Buenas tardes mi querida y golpeada Venezuela.

Aprendamos de nuestros erroeres, errores, quise decir

Miércoles, 20 de septiembre de 2023.- Un amigo, hace muchos años, este era un amigo muy particular, hablábamos y analizábamos mucho.


Era una persona muy entusiasta, serio y dicharachero al mismo tiempo, con mucha sorna, me declaraba a viva voz y riéndose al decirlo, que su problema era que él no cometía errores.

Lo que pasa Luis, me decía con inusitada alegría y entusiasmo, es que yo no cometo errores, yo no me equivoco, continuaba, soy casi perfecto, lo repetía y me miraba atentamente para ver mi reacción y la verdad es que el tipo casi siempre la pegaba, le iba bastante bien en todo lo que se proponía.

Su porcentaje de errores, sin la menor duda, estaba bajo el promedio.

Era un tipo inteligente, preparado y muy acelerado, todo lo que se proponía, con esa inteligencia, su gran aliada, lo llevaba adelante con cierto éxito, aunque se aburría habitualmente cuando las cosas le resultaban muy fáciles, lo que solía ocurrir.

No sé a dónde está, si es que aún permanece entre nosotros y qué es lo que está haciendo, no lo sé, tenemos muchos años desconectados.

Este personaje, por alguna razón, con notables diferencias, me recuerda a los actuales líderes de nuestro país.

Creen que nunca se equivocan, que siempre tienen la razón sin importar el lado del espectro político donde están ubicados, ni el resultado de sus acciones, por más erróneas que estas sean.

Ellos nunca se equivocan.

El personaje referencial, realizaba este tipo de ejercicios verbales, con un evidente motivo didáctico, a modo de chanza, mostraba un aspecto muy débil de la naturaleza humana, donde admitir errores, está fuera de todo planteamiento y por ende, su superación está fuera de toda posibilidad.

Si no me equivoco, si tengo siempre la razón, si voy siempre por la ruta correcta, entonces, no tengo nada que corregir.

Eso es así y de esa forma piensan y así actúan, no solamente muchos de nuestros líderes, sino nosotros mismos en nuestro diario devenir.

Si no yerro, no corrijo, axioma indivisible, por demás.

Reconocer nuestros errores, sin regocijarnos en ellos, es el primer paso para superarlos.

Por alguna razón, que desconozco, estamos negados a admitir nuestros errores y por ende, como no los vemos, como no tenemos conciencia de ellos, como somos incapaces de identificarlos, de precisarlos y corregirlos y por lo tanto, no podemos movernos en la dirección precisa para superarlos.

Exceso de seguridad, ceguera y sordera selectivas, vanidad del poderoso o incapacidad de realizar una introspección sincera y enriquecedora, vaya usted a saber, cualquiera sea el motivo, esa incapacidad de reconocer nuestros errores, trunca toda posibilidad de corrección y por lo tanto de avance.

No es fácil, eso es un hecho, es duro y es fuerte, para algunos es imposible.

Es más bien difícil, bien difícil, pero quien dijo que la vida y el vivir eran un jardín de rosas y que no tenemos derecho a equivocarnos y sobre todo a aprender de nuestros errores.

Quien no aprende de sus errores está condenado a repetirlos at infinitum.

Aprendamos de nuestros errores.

Buenas tardes mi querida y golpeada Venezuela.


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Luis Enrique Sánchez P.


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