El agua no es Coca Cola

ALAI AMLATINA, 21/03/2007, Ginebra.- El 22 de marzo se celebra el día
mundial del agua. Ocasión propicia para hacer el balance de un debate
en curso que impulsa la sociedad civil planetaria desde hace algunos
años y que toca aspectos sensitivos. ¿Bien público o mercancía sujeta a
privatizar? ¿Es necesaria una Convención Internacional sobre el agua? Y,
particularmente, en caso que se llegue a dicha Convención, ¿cambiará
realmente la suerte de las 1.200 millones personas que hoy carecen del
vital líquido? Todo esto en el marco de una realidad planetaria que
tiene sus límites. Sólo un 2.5 % del total del agua existente es dulce
y por lo tanto de uso humano. Las reservas no son eternas...

Interrogantes todos analizados el tercer viernes de marzo en Berna,
Suiza, en un seminario-debate organizado por la Alianza Sur, plataforma
que reúne a seis de las más activas ONG helvéticas que trabajan en el
campo del desarrollo.

Radiografía de la infamia

En la actualidad y según cifras de Naciones Unidas, 1.2 billones de
personas no tienen acceso a una cantidad suficiente de agua para
satisfacer sus necesidades básicas a un precio acorde a sus
posibilidades financieras. De las cuales, casi 100 millones viven en
Latinoamérica.

En caso de no tomarse medidas significativas y rápidas, se estima que en
el 2015 esa cifra aumentará a 3 billones. Entrando así en contradicción
con los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas que pretenden lograr
hasta entonces una reducción significativa de la pobreza, incluyendo las
limitaciones de acceso al agua potable.

Detrás de esta realidad, una doble constatación. Los enormes intereses
de grandes empresas trasnacionales que han multiplicado en los últimos
años sus ganancias con las privatizaciones y con el embotellamiento del
agua.

Así mismo, la falta de voluntad política. Los 10 mil millones de
dólares que permitirían resolver anualmente el problema del agua -y sus
consecuencias en enfermedades y muertes prematuras- podrían obtenerse si
se destinara a ese objetivo el presupuesto militar mundial de cinco días.

Lo que explica que ONG internacionales que se encontraron en noviembre
del 2006 en Marsella, Francia, lanzaron dos reivindicaciones básicas.
Que se destine un 1 % del presupuesto militar actual para el
mejoramiento de la distribución del agua y los servicios sanitarios. Y
que se asegure a cada habitante del planeta 40 litros de agua de
calidad, como mínimo, por día.

Tibios pasos adelante

Una mirada hacia atrás permite señalar avances en la reflexión
planetaria sobre el agua que se ha convertido en uno de los temas más
ampliamente debatidos tanto en las instituciones de las Naciones Unidas
como en los foros alternativos.

El informe 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD), solicita a los gobiernos que reconozcan el acceso como un
derecho humano y que suministren a sus ciudadanos el agua potable para
evitar enfermedades.

El 27 de noviembre del año pasado, el Consejo de Derechos Humanos
encargó al Alto Comisionado de las Naciones Unidas promover un estudio a
ser presentado antes de septiembre 2007 sobre "...el acceso equitativo
al agua potable...según las leyes internacionales de los derechos
humanos..."

A pesar de estos pasos concretos, el acceso al agua potable sigue siendo
un inmenso desafío pendiente. Y si de retos futuros se trata, uno de
ellos es la necesidad de una Convención Internacional sobre el tema, tal
como lo enfatiza Rosemarie Bär, responsable de política de desarrollo de
la plataforma de ONG helvéticas.

Si bien esa Convención no resolvería todos los problemas por arte de
magia, definiría un nuevo marco institucional planetario. Considerando
el derecho al agua como derecho humano fundamental -obligatorio en el
plano jurídico- y protegiendo las reservas y su carácter de bien público
de la humanidad.

División de "aguas"

La propuesta de una Convención Internacional motiva también a Maude
Barlow, presidenta del "Consejo de los Canadienses", co-fundadora del
"Proyecto Planeta Azul" y Premio Nobel alternativo que le fue otorgado
por su compromiso ecológico.

Para Barlow dicha Convención de las Naciones Unidas serviría de modelo
para las constituciones de los diferentes Estados.

"El agua no Coca-Cola", enfatiza la militante social canadiense para
diferenciar el concepto de bien público al de mercancía negociable. Y
si bien la lucha para asegurar al acceso al agua sigue siendo la parte
más importante del movimiento global por la defensa del vital líquido,
la Convención se proyecta como una meta dinamizadora que une al
movimiento, asegura.

La visión desde Latinoamérica

"El agua es uno de los principales espacios de lucha de América Latina
indignada por el proceso de privatización creciente aplicado en todo el
planeta" subraya el jurista mexicano Rodrigo Gutiérrez Rivas, quien
reivindica el valor de un tratado internacional.

"Son aspectos diferentes de una misma estrategia", reitera el joven
investigador de la Universidad Nacional de México (UNAM) y miembro de
COMDA, la Coalición de Organizaciones Mexicanas por el Derecho al Agua.

Quien considera "que el fracaso rotundo de las privatizaciones de
empresas de agua" en Latinoamérica y la nueva etapa de construcción
democrática que vive ese continente, "le asignan a la movilización por
el vital líquido un papel muy importante. Es una reivindicación muy
sentida, de cada día, en cada barrio, poblado o comarca..."

Y se refiere a los combates anti - privatizadores en Bolivia y
Argentina. A la amplia movilización ciudadana para el reconocimiento en
tanto derecho constitucional en Uruguay. A la movilización creciente en
México.

Y la experiencia no termina de enriquecerse, sostiene el joven militante
azteca. Tal como lo demuestra la actual lucha en La Perota, estado de
Guerrero, cerca de Acapulco, contra una represa que inundará 7000 hectáreas.

"Es un combate paradigmático" porque se trata de campesinos amenazados
de ser desocupados, sostiene. Que impulsan una estrategia combinada de
recursos políticos y jurídicos. Y que reivindica también el agua como
derecho fundamental. Lo que "les asegura una cierta protección y
reconocimiento. Y en todo caso impide que sean tratados como
subversivos y, por lo tanto, criminalizados", señala.

La reflexión sobre el agua multiplica argumentos y enciende pasiones.
Numerosos conflictos sociales en América Latina -y en el Sur en general-
han explotado en los últimos años a raíz de la privatización de ese
preciado bien. La sociedad civil y particularmente los movimientos
sociales aceptan el desafío lanzado. Entran en el juego de ideas, toman
posición, presionan a gobiernos e instituciones internacionales y
profundizan un debate necesario.

Particularmente importante en esta época - 2005 / 2010- marcada por los
Objetivos del Milenio y designada por las Naciones Unidas como decenio
internacional "El agua como fuente de vida".

-Con la colaboración de E-CHANGER, ONG suiza de cooperación solidaria



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Sergio Ferrari


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