Una charla de trabajo

Hace algunos días, conversando con mis compañeros de trabajo llegamos al controvertido tema de la política. Como es de esperarse hubo quienes hablaron mal ampliamente del gobierno de turno, otros, desde sus puestos con dos o tres palabras, o con una expresión o una sonrisa delataban su inclinación. Otros, a pesar que reconocían las cosas buenas hechas en este período, estaban en desacuerdo con él porque existía mucha corrupción, mucho despilfarro y en general porque se sentían excluidos. La conversación siguió su curso. Cuando intervine, les recordé de nuestra falta de conciencia histórica, realidad que nos hace tropezar una y otra vez con la misma piedra. Independientemente de la corrupción y despilfarro que pueda haber, basta con comparar cifras entre períodos constitucionales de inversiones en infraestructura y desarrollo social y darnos cuenta que ha habido un compromiso importante en el mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad venezolana. ¿Dónde estaban ellos cuando los gobiernos anteriores se corrompían y despilfarraban? ¿Por qué no reclamaron por el dinero que pudo destinarse a obras de interés social? Si bien en la actualidad hay cosas buenas y cosas malas, no podemos simplemente quejarnos y echarle la culpa a los demás y no ejercer una acción en contra de lo que está mal. Es muy cómodo hablar y culpar a los demás por las debilidades de un gobierno cuando no hacemos ni el más mínimo esfuerzo por contribuir para hacer una Venezuela mejor. Es más, es muy cómodo aprovecharse de las políticas de interés social actuales y aún así renegar del gobierno. Un matrimonio muy allegado a mi persona, opositor acérrimo, reconoce que pudo comprarse su carro cero kilómetros gracias al Plan Venezuela Móvil cosa que _ dicho por ellos mismos_ no hubieran podido hacer antes. Igual se siguen considerando “escuálidos”, me dijeron. He conocido quienes ni siquiera votaron en las elecciones del 03 de diciembre de 2006 y se llenan la boca despotricando del gobierno. Aquellas personas de la oposición que asisten a marchas, organizan personas y en fin, son activistas políticos merecen reconocimiento y tienen moral para quejarse y oponerse a las políticas actuales porque por sus ideales están dando algo de ellos para lograr ese cambio que sienten necesario. Aquellas otras personas de la oposición que simplemente se quejan sin contribuir por un cambio tienen el derecho de expresar su opinión pero no se justifica el odio tan radical que sienten hacia el presidente y su política, así como hacia aquellos que lo rodean. En realidad deberían odiarse a ellos mismos por su actitud pasiva frente a lo que ellos mismos consideran que está mal. A mi parecer es vergonzoso quejarse de algo y no hacer absolutamente nada por remediar la causa de ese malestar. Cuando me tocó hablar de la supuesta exclusión les pregunté por qué se sentían excluidos y no pudieron darme una razón clara. Yo les pregunté si estarían dispuestos a ejercer las funciones de un escabino, por ejemplo, si resultaban elegidos para el cargo. Algunos no sabían qué era eso, otros de entrada dijeron que no. Razones: muchas, pero a mi parecer sin fundamento. En realidad tienen una falsa idea de que en general los cargos públicos son ejercidos por personas poco cultas y muy belicosas, ¿Exclusión o autoexclusión? Estamos acostumbrados a repetir lo que escuchamos sin tratar de investigar la veracidad de de la información, o sin conocer el otro punto de vista o el otro lado de la moneda. Esta falta de iniciativa nos convierte en simples voceros de la fatalidad, nos enceguece y no nos permite cultivar nuestro propio criterio, debilidad muy grave si deseamos un cambio positivo para el país. Lamentablemente la poca voluntad o las obligaciones más inmediatas como el hogar, el trabajo o los estudios nos alejan del compromiso tan ineludible como lo es el contribuir con ese cambio que tanto necesita Venezuela. Debemos ser cautelosos a la hora de opinar, tanto por el efecto que pueda causar nuestras palabras en el criterio de quienes no están claros en sus pensamientos, como también para no engañarnos a nosotros mismos tratando de ocultar con palabras nuestro desamor a la patria. Tanto los adeptos al oficialismo como a la oposición deberían tomar en cuenta estas reflexiones y deberían de aprovechar las oportunidades que ofrece el gobierno a toda la población para tener una actitud mas participativa en esta etapa de la historia política y social venezolana.

adportillo@plumrose.com


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Alfredo Del Portillo


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