La revolución llama a los revolucionarios

La espada de Bolívar se apareció en estos días por allá por los lados de Bogotá. El resplandor de su filo era brillante y crujía con las voces de la multitud, cuyos ecos se esparcieron por todos los rincones de América Latina; porque Bolívar, además de un proyecto y un legado, es un pensamiento vivo que se reafirma asimismo cada vez que brilla la luz en el amanecer de la libertad de la Patria Grande.

No es una consigna, ni tampoco es un decir, pero Bolívar despierta cada vez que despiertan los pueblos. Su espada camina y tras cada pisada va dejando sus huellas de compromiso eterno por la libertad; de lucha constante y sin vacilación para preservar –tal como lo dijo Chávez- el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años, como lo es la independencia. También su pensamiento vuela sobre los tiempos para recordarnos que, por encima de cualquier otra cosa, primero está el compromiso de seguir luchando por la patria y por los grandes ideales de la revolución.

Mucho antes que la revolución lo llamara, Bolívar ya estaba jurando el 15 de agosto de 1805, de no darle descanso a su brazo ni reposo a su alma "…hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español". Y cuando los legisladores de 1811, dudaban, Bolívar los exhorta a no vacilar. "¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres?" "300 años en calma ¿no bastan? Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad sudamericana, vacilar es perdernos". Luchó incansablemente por la independencia y emancipación de los pueblos, y en su última proclama, Bolívar dijo: "Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro".

La revolución va llamando a los revolucionarios para que el fuego de la llama sagrada no se extinga en el ocaso de las circunstancias. Ezequiel Zamora atendió ese llamado y junto a sus campesinos y milicianos luchó contra los terratenientes que sembraban las injusticias, la pobreza y la miseria. Igualmente, Cipriano Castro escuchó los ecos de ese llamado y quiso restaurar la república y abrir las compuertas para que una nueva Venezuela se levantara con el Siglo XX. Fue derrocado y, a partir de allí, gobernó la traición con Juan Vicente Gómez y después todo lo que significó el puntofijismo.

Por allá por Barinas, Hugo Chávez empezó a escuchar y sentir las primeras brisas del llamado de la historia. La revolución lo fue llamando y empujando hasta allá, hasta las raíces del Samán de Güere, donde hizo su juramento, tal como lo había hecho Bolívar en los territorios del Monte Sacro. Y como lo hacen los grandes líderes, Chávez convocó al pueblo revolucionario y él mismo se fue convirtiendo en la voz revolucionaria de los nuevos tiempos. Jamás desmayó en su discurso en llamar a los revolucionarios para que lo ayudaran a refundar la patria. En su último mensaje llamo a los venezolanos a la "unidad, lucha, batalla y victoria".

Hoy, cuando ya vamos mirando hacia los horizontes del 2023 y 2024, es el mismo llamado a todas y todos los revolucionarios para seguir defendiendo la revolución que nos dejó Bolívar y Chávez y la que Nicolás Maduro, junto al pueblo, defienden sin vacilar. La revolución llama a los revolucionarios, a los hombres y mujeres a seguir batallando, rumbo a las victorias que vienen. El compromiso con la revolución es hoy, mañana y siempre. Precisamente, si algo quedó demostrado este sábado 20 de agosto, es que el chavismo está más vivo que nunca y el PSUV es una gran fuerza revolucionaria. Así, con ese optimismo nos despertamos todos los días, con el entusiasmo y el compromiso para batallar con firmeza y determinación. De verdad, eso enaltece y hace palpitar el alma, que retumba en el pecho y a brazo alzado levantamos los puños para decirle al mundo entero que aquí hay un partido y un pueblo chavista, despierto, más vivo que nunca en conciencia y acción revolucionaria para defender el proyecto y el legado de Hugo Chávez. En cada ciudad, en cada pueblo, municipio, aldeas y calles, se realizaron asambleas para las elecciones de base del partido.

A partir de allí se abren las compuertas para revisar todo lo que se tenga que revisar y consolidar lo que haya que consolidar. Debemos ir hasta lo más profundo de las estructuras del partido, incluso hasta las que hacen vida allá en el territorio de cada calle y de cada comunidad. Hay que estudiar y hasta cambiar, si es necesario, su realidad de funcionamiento, sus integrantes y su manera de hacer política. Claro, siempre uniendo y sumando, porque todo lo que se haga y se deje de hacer ahora, tendrá sus repercusiones en el futuro cercano.

La revolución es con el pueblo y para el pueblo; se gobierna y hace política con los códigos de la revolución. ¡Qué así sea!



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Eduardo Marapacuto


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