Los trabajadores, la Constitución y la paz

Desde hace algún tiempo renuncié a toda militancia política. Es bueno aclarar que me he ido de todos los partidos en los que he militado: del PCV, del PRV-FALN, del MVR y del PSUV. Conclusión lógica: el problema no son los partidos, soy yo. En mi descargo, informo que he sido, toda la vida, reacio a disciplinas impuestas, que lo diga mi santa madre desde el cielo, la pobre que sufrió tanto por mis malacrianzas y desobediencias. Igualmente me cargan los privilegios que suelen acompañar a los dirigentes políticos, estén en el Gobierno o en la oposición. He llegado a ser dirigente medio, es verdad, pero de ahí no paso por culpa de mis impertinencias de negro contestón.

En fin, he terminado viendo la política como si fuera un juego entre los Bravos de Margarita y los Caribes de Anzoátegui (soy fanático de los Leones): me entretiene, pero no me apasiona. Y es en esa tónica que abordo el tema de la Onapre y las protestas laborales de estos días. Voy al grano.

Reza la Constitución Nacional, y acudo a ese documento porque todo el mundo lo menciona y lo interpreta a conveniencia:

Artículo 51. Toda persona tiene el derecho de representar o dirigir peticiones ante cualquier autoridad, funcionario público o funcionaria pública sobre los asuntos que sean de la competencia de éstos o éstas, y de obtener oportuna y adecuada respuesta. Quienes violen este derecho serán sancionados o sancionadas conforme a la ley, pudiendo ser destituidos o destituidas del cargo respectivo.

Artículo 52. Toda persona tiene derecho de asociarse con fines lícitos, de conformidad con la ley. El Estado estará obligado a facilitar el ejercicio de este derecho.

Artículo 53. Toda persona tiene el derecho de reunirse, pública o privadamente, sin permiso previo, con fines lícitos y sin armas. Las reuniones en lugares públicos se regirán por la ley.

Artículo 57. Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura.

Artículo 68. Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley.

Bien, de una vez debo dejar algo en claro. Soy fiel creyente de un pensamiento expresado por el dirigente chino Mao Zedong: "si usted no ha investigado un problema, no tiene derecho a opinar sobre él" (Contra el culto a los libros, mayo de 1930). El nuestro es un país de economistas improvisados. Demasiada gente habla de economía con solo haberse leído algún manual o haber conocido un par de opiniones en alguna entrevista de prensa. Yo no sufro de ese mal, en economía soy lego, así que difícilmente tengo alguna autoridad para juzgar las políticas económicas del Gobierno. De todas formas, me parece que las medidas económicas capitalistas que está tomando el Gobierno tienen la virtud de ser un reconocimiento de la realidad de que este país nunca ha dejado de ser capitalista y nunca ha estado ni remotamente cerca de ser socialista. Es lo mismo que piensa hacer Petro en Colombia, con la diferencia de que él lo dice abiertamente y aquí el Gobierno no termina de decirlo, es un gobierno capitalista vergonzante. Repito: no estoy juzgando la pertinencia o no de esos planes, no estoy capacitado para hacerlo.

Lo que sí tengo claro, en el sentido de la letra constitucional, es que cualquier sector de los trabajadores tiene el derecho de oponerse a esas medidas o de apoyarlas, y de manifestarse públicamente de manera pacífica para expresar esa oposición o ese apoyo. También tienen los dirigentes o militantes de cualquier partido el derecho de participar en esas manifestaciones, sean partidarios del gobierno o no. Justo es decir que hasta ahora el Gobierno, en general, ha respetado ese derecho (con lamentables excepciones) y los trabajadores opuestos al instructivo de la Onapre lo han ejercido de manera pacífica y constitucional, al igual que aquellos que lo apoyan. No veo la necesidad de estarle echando leña al fuego con amenazas o palabras altisonantes, eso no está bien, aunque aquí cabe la frase cristiana de que "quien no tenga pecado que tire la primera piedra". Precisamente, como todos pecamos, abstengámonos de estar tirando piedras.

En las manifestaciones opuestas a la Onapre se han escuchado sapos y culebras contra Maduro y su gobierno, y en los medios del Estado del mismo modo contra los manifestantes. Particularmente creo que la mayor responsabilidad de enjaular a los sapos y las culebras le corresponde al Estado, de manera que debe estar pendiente de echarse alguna pomadita contra la sensibilidad de la piel ¿Por qué no convoca el Gobierno un diálogo en el que participen sus autoridades y las distintas organizaciones obreras de todos los signos? ¿Acaso no sé está reuniendo con sectores que propiciaron violencia extremista y delinquieron contra el Estado, reuniones que se me antojan convenientes? Yo, que he terminado siendo un pacifista radical, lo único que espero es que nada llegue a violencia y que no terminemos con zaragatas callejeras entre los trabajadores venezolanos de las distintas tendencias. Recuerdo que una de las primeras declaraciones que le escuché al presidente Maduro cuando asumió por vez primera la presidencia fue "nuestra victoria es y será siempre la paz". Yo pensé inmediatamente "¡aprobado!", y en eso me mantengo. Espero que él también.



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Néstor Francia


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