Más que una necesidad un deber

Cristóbal Mendoza al Panteón

Existen próceres civiles que participaron en nuestra gesta independentista, con su trabajo perseverante se encargaron del aspecto político, organizativo y divulgativo, que sin ellos no se hubiera consolidado la libertad.

Magistrados y políticos que forjaron nuestra identidad, con acciones para fortalecer y organizar las estructuras gubernamentales de las zonas liberadas, tenemos entre ellos un destacado trujillano como lo fue Cristóbal Mendoza, quien debería reposar en el Panteón junto al Libertador Simón Bolívar por haber sido uno de sus más leales colaboradores.

Propuesta de la Red de Historia y Patrimonio del estado Trujillo.

Este notorio trujillano fue, el 19 de abril, uno de los patriotas que desde Barinas se unió a los patricios caraqueños y no había transcurrido un mes desde esa ciudad, cuando es Vocal Secretario de una Junta de Gobierno local.

Para el 7 de mayo Mendoza, acaudillando a notables barineses lanzan el grito rebelde "Paz y tranquilidad son nuestros deseos. Morir o ser libres nuestra divisa".

Este hijo de la ciudad de Trujillo de Nuestra Señora de la Paz era graduado en Filosofía en la Real y Pontificia, era Doctor en Derecho Civil y en Derecho Canónico.

Estampa su firma en el Acta de Independencia el 5 de Julio de 1811, le corresponde refrendar, en primer lugar, como Presidente del Triunvirato, cumple sus funciones hasta marzo de 1812, como acuerda la Constitución que fue sancionada en diciembre del año siguiente.

Cuando cae la Primera Republica marcha junto a su familia a la Nueva Granada, siendo recibido por el insigne Camilo Torres, Presidente de la Nueva Granada. Se une a Bolívar a comienzo de 1813, convirtiéndose en uno de sus más cercanos colaboradores.

Desde Cúcuta recibe órdenes del caraqueño y lo designa Gobernador de Mérida diciéndole: "Venga usted sin demora. La Patria lo necesita. Yo iré por delante conquistando y usted me seguirá, organizando, porque usted es el hombre de la organización, como yo de la conquista".

Mendoza recibe el 23 de mayo de 1813; junto a Ignacio de Ribas, Presidente del Ayuntamiento; a Simón y es aclamado Libertador.

El trujillano es nombrado por el recién nombrado Libertador, Gobernador de Caracas, el 27 de julio de 1813 y el 13 de octubre de ese año el Hombre de las Dificultades es recibido triunfalmente en Caraca, con la aclamación del pueblo, las mujeres venían a coronar a su Libertador, las exclamaciones se mezclaban con el ruido de la artillería y los acordes de las marchas militares.

El día siguiente, en Cabildo Abierto, Mendoza pide otorgar formalmente a Bolívar el título de Libertador, que es aprobado por los miembros del Municipio, en la Asamblea Popular participa proponiendo a Simón para el mando supremo.

Cristóbal Mendoza cuando invade Boves Caracas logra huir con su familia, recorriendo varias islas antillanas y desde el exilio divulga las ideas de independencia, con una fe ciega en el genio del caraqueño inmortal.

Su exilio termina al ser liberada Caracas y es nombrado Presidente de la Corte Superior de Justicia, cargo que ejerce hasta el 7 de febrero de 1825, ese mismo año es nombrado para la Vicepresidencia de la Republica.

Al año siguiente lo nombran Intendente del Departamento de Venezuela el gobierno de Colombia. Ese mismo año junto a Francisco Javier Yáñez inicia la edición de una muy interesante obra histórica, que fue una de las primeras sobre la vida de Bolívar y su época titulada: "Colección de Documentos Relativos a la Vida Pública del Libertador de Colombia y del Perú Simón Bolívar". Que constaba de 22 tomos.

Tiene diferencias graves con el Congreso de Valencia y escribe a Bolívar, pero Páez le ordena salir del país en 1826, quedando sus hijos y su esposa Gertrudis Buroz Tovar en Caracas en la más conflictiva situación.

Al regresar Simón a finales de 1826, destaca la probidad de Cristóbal Mendoza y confía a su hijo Eugenio el mando de la primera guardia que tiene en Caracas y llama al tribuno trujillano y le confía la Intendencia.

A comienzo de 1828 Mendoza se encuentra enfermo pero no vacila en separarse del cargo para ir a la Convención de Ocaña como representante de Mérida pero Páez se opone: "…dejando Mendoza el puesto, se abre la puerta a la corrupción y mala fe de los empleados; este hombre les impone respeto por su saber, probidad y severidad, y tiene también a los godos(los españoles) en continuas zozobras…" Se lo escribe a Bolívar el 21 de enero de ese año.

Este fue el mejor elogio por parte de una persona que había tenido desavenencias con él un año antes.

Su enfermedad le impidió viajar y a mediados del año de 1828 renuncia a su cargo de Intendente, muere el año siguiente, el 8 de febrero, a los 56 años.

En su testamento da la libertad a sus esclavos y hace el recuento de sus bienes. Bolívar al conocer su muerte exclama: "Un sabio nunca muere".

Así fue la vida de este gran trujillano, orgullo de esta tierra bravía, con méritos suficientes para que sus restos reposen en el Panteón.

¡Honor a quien honor merece!

 



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José Rosario Araujo


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