El adiós a un amigo

Es triste despedir a un buen amigo, un gran camarada de agradables horas compartidas, de sueños comunes, de utopías emprendidas, de tantos momentos.

Hoy nos tocó despedir a Fernando Solís, el profesor de tantas conversaciones, el amigo de la palabra precisa, del consejo a tiempo, el formador de tantos años.

Nos sorprendió tu enfermedad, Solís el Roble, el Maestro, nunca creímos que te irías así tan de pronto, tan sorpresivamente, dejando así huérfana tantas conversaciones que quedaron, tantos cafés que no nos tomamos, tantas reuniones en que ya no compartirás.

Ya no estarás, el pedagogo de cada momento, el filósofo de siempre, el enamorado de la poesía, con él que tantas anécdotas vivimos.

Te vas Fernando, pero quedará implícito en nosotros todo lo que aprendimos de ti, de que para sentirnos vivos debíamos montarnos en nuestros Rocinantes y salir a librar batalla contra los molinos de viento por más imbatibles que los viéramos.

Aprendimos de ti a amar la poesía, la filosofía, entender que la buena lectura es un gran alimento para el alma y el espíritu.

Tu enseñanza nos dejó la comprensión de que la mejor política, es hacer la buena política, aquella en donde va como luz, la decencia y la integridad y ese gran don de gente, que derrochaste por donde pasaste.

Hoy te despedimos tus alumnos de la vida y estamos seguros que compartirás con tu hermano Gabriel, ante un buen café látex, conversaras ahora con el Flaco Prada, sobre lo divino y lo humano, como lo hacías con tus amigos que tanto aprendimos de ti.

¡Adiós Fernando, adiós Profesor Solís, camarada de siempre nunca te olvidaremos!

 

 



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José Rosario Araujo


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