Cuento o razón

Soliloquio viendo el paisaje

El amanecer trajo la fresca brisa de un chubasco y ´éste pintó de neblina las cabelleras de los cerros que rodean a la Tacarigua de Margarita. El periodista Juancho Marcano, quien tenía pensado limpiar el frente de su casa por la pronta visita del santo patrón del pueblo, el Corazón de Jesús, observando la panorámica y viendo hacia los cerros del manantial, se dijo: "Recuerdo que por allá, más arriba del centro del cerro, estaba el conuco de Jesús Millán, que hoy es puro monte, pero antes ahí fue uno de los sembradíos más productivos. Ahí fui un día con uno de sus hijos y quedé maravillado de un cultivo de piña, como nunca visto en este pueblo, y más aún con aquellas matas tan hermosas y con frutos exuberantes, propios de otro lugar de Venezuela más dedicado al cultivo de esta fruta.

Pero no sólo era piña lo que se daba en ese conuco, sino también ocumo, el cual era arrancado de unas matas tan frescas que hasta daba cosa arrancarlas por sus frescuras, aunque las matas una vez sacado el fruto, se volvían a sembrar para volver a cultivar el exquisito tubérculo.

En definitiva, era un conuco con tantos frutos y caña de azúcar que vale la pena recordarlo, pues nadie va a creer, de las nuevas generaciones, que ahí donde hay tanto monte, existió un sembradío tan fértil y productivo, que era envidia de propios y extraños que lo visitaban.

Pero además, aparte de ese conuco en pleno cerro, estaba el conuco de Ché Dionisio, mucho más abajo y en pleno llano, el cual fue concebido para cultivar toda clase de frutas, de las que se dan en esta tierra fértil y tropical; por eso ahí se podía encontrar mangos, anones, ciruelas, nísperos, jovitos, cocos, hicacos, catuches, guayaba, pomalaca y un largo rosario de frutas, que eran deleites de aquellos muchachos que se metían en dicho conuco cuando el dueño no estaba, y probaban aquellos manjares.

¡Ah Tacarigua de aquellos tiempos, carajo! donde al parecer llovía más y había muchos agricultores, que hasta regaban sus plantas con el sudor diario de su fuertes trabajo".

El periodista dejó hasta ahí sus pensamientos y se dedicó a prepararse para enfrentar las labores del día.



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Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

 emalaverg@gmail.com      @Malavermillo

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