El deber de un revolucionario

El deber de un revolucionario es hacer revolución, estar al lado del pueblo, ponerse al frente de sus luchas para conducirlas hacia un estallido transformador, que lo libere del sistema que lo oprime y explota. Un revolucionario, que se supone tiene una mayor conciencia, no puede ser sujeto del miedo o del cálculo político, ni tomar ningún "atajo táctico", que lo desvíe o separe de su objetivo declarado de hacer una revolución, una verdadera transformación de la sociedad.

En Venezuela, luego de lo que ha sucedido tras el asesinato del presidente Chávez y la instalación del madurismo en el poder –traicionando su legado y desbaratando su obra durante estos largos 9 años–, el deber de un revolucionario es luchar, sin rodeos ni dilaciones de ningún tipo, para sacar del poder a nicolás maduro y su gobierno, desalojar de Miraflores a la cúpula que ha traicionado a todo un pueblo y que, sobre las ruinas del Plan de la Patria, ha estado imponiendo un brutal paquetazo de derecha, conduciendo a todo el país a un abismo y una crisis nunca vista en 100 años.

Un revolucionario, si además de ello es Chavista, debe entender que, para poder volver al Camino de Chávez, hay que salir primero del madurismo. Volver al camino de Chávez, no es simplemente una consigna, ni un programa con videos editados a conveniencia; no significa colgar un afiche del comandante o usar una, de las ya escasas, franelas con su rostro. Volver a Chávez significa volver –en el discurso y los hechos– al Plan de la Patria y a sus objetivos, donde está contenido el legado político del presidente Chávez.

No fue casualidad, o un "detalle", el hecho de que, entre las primeras acciones del madurismo, estuvo la de falsear el Plan de la Patria y suprimir de su postulado, nada más y nada menos, que el llamado de Chávez a derrotar la lógica del Capital para construir el socialismo.

Los Chavistas debemos derrotar al madurismo –el principal obstáculo de la revolución–, para luego, junto a todas las fuerzas patriotas, civiles y militares, retomar el hilo constitucional, el impulso revolucionario, levantar las banderas del Bolivarianismo y volver a la esencia del Plan de la Patria; restablecer nuestra soberanía política y económica y, solo entonces, reconstruir nuestro país. Las fuerzas Chavistas y revolucionarias, estamos llamadas a derrotar al madurismo para evitar la entrega de la Patria y que "cuaje" el nuevo pacto con la oligarquía que este grupo pretende, para reeditar un nuevo Pacto de Punto Fijo, asentado en el despojo y la derrota del Chavismo y el socialismo como proyecto alternativo al desastre Capitalista.

El madurismo, con el objetivo de establecer este nuevo "pacto", ha hecho el trabajo sucio de barrer con la revolución y el chavismo; ha liquidado las posibilidades de transformación revolucionaria en el país, desmontando y entregando las bases económicas de nuestra soberanía, cediendo el petróleo y nuestras empresas estatales, así como, la conducción de la economía al capital nacional y transnacional, quienes son los que gobiernan. El gobierno ha entregado la conducción de la economía nacional a los peores factores del capitalismo especulativo y transnacional.

Para imponer este pacto, el gobierno ha reprimido al pueblo y a los sectores revolucionarios, sepultándolos en el silencio y el miedo. El impulso revolucionario de las 7 avenidas y del 13 de abril, ha sido reprimido salvajemente en los barrios; maduro ha impuesto el terror del FAES y otros cuerpos policiales que han realizado una verdadera "limpieza social" en contra de los humildes, en los sectores que eran base social, bastiones del Chávez. Una contradicción que solo devela el propósito de calar el miedo hasta los huesos del pueblo Chavista, paralizándolo, haciendo que escape o se encierre en sus barrios rumiando su miseria.

El madurismo ha arremetido contra todo el país, ha realizado cientos de crímenes políticos, convertiendo la violación a los Derechos Humanos en Política del Estado; ha asaltado nuestra instituciones para convertirlas en instrumento de la represión y de los factores económicos que apoyan al gobierno. Son los instrumentos de restauración de la opresión y de la imposición del paquetazo, de bodegones, casinos, desnacionalización, entrega del petróleo y nuestros recursos minerales, entrega de la soberanía, lo que el madurismo llama el "milagro" que ha arrasado nuestra economía y condenado a nuestro pueblo a una espantosa pobreza, una vida llena de carencias de todo tipo.

Venezuela es hoy día un país donde no hay Estado de Derecho, ni garantías de ningún tipo. Se ha instalado el miedo en nuestra sociedad, la violencia y una conducta marginal del "pranato" como norma. El pueblo y la sociedad se han retirado de la política, han escapado al exterior en un éxodo trágico de más de 6 millones de venezolanos, que han tenido que abandonar el país buscando una vida digna. Mientras, los que quedan en el país, son presos del miedo y de la lobotizacion de la propaganda, cerrándose en su pequeña zona de confort o en su tragedia del día a día, en su vida del "por lo menos", que termina siendo la mayor abdicación al derecho a una vida digna, al disfrute de una vida plena en pleno siglo XXI.

Pero, sobre todo, el madurismo TEME AL CHAVISMO, tiene terror a ese gigante dormido. Tiene miedo que el pueblo chavista salga de su asombro, su resignación, su miedo y reclame al madurismo por Chávez, por las ideas de Chávez, por el sueño arrebatado, por el futuro truncado. Tiene miedo que el pueblo pobre salga, como lo hizo el 13 de abril de 2002, a luchar por su revolución traicionada; que los trabajadores petroleros y de otras empresas del Estado, salgan a luchar por nuestra soberanía, como lo hicieron entre 2002-2003, cuando derrotamos el Sabotaje Petrolero, reclamando su derecho sobre el petróleo, para ponerlo al servicio del pueblo. El madurismo teme que los oficiales patriotas se den cuenta que la situación actual del país es mucho más grave que la situación que los llevó a alzarse en armas la madrugada de aquel 4 de febrero.

Por eso, las cárceles están llenas de dirigentes políticos y sociales, de trabajadores y militares secuestrados; ahora, somos un país de perseguidos y exiliados políticos, de miedo y silencio. Por eso, el madurismo ha decapitado la conducción Chavista, al poder popular, al liderazgo civil y militar del chavismo, que ellos sabían nos opondríamos a la entrega, a este desastre.

Desde Miraflores se ha retrogradado a nuestro país a principios del siglo XX, donde la dictadura de Juan Vicente Gómez entregaba el petróleo y nuestras riquezas al capital transnacional, repartía el país entre sus familiares, socios y amigos, creando una burguesía parasitaria, que crecería como factor de poder a la sombra del despojo del pueblo venezolano, mientras mantenía a todo el país sumido en la oscuridad y el miedo.

Solo que, a diferencia del dictador gomecista, el madurismo surge de la traición a un proyecto revolucionario, transformador y socialista. El gobierno de nicolás maduro, se erige sobre las ruinas del proyecto del presidente Chávez, del cual no queda nada. Lo que ha sucedido en el país, luego de la derrota del Chavismo, tras la muerte de Chávez, es lo mismo que pasó en Rusia luego de la caída de la Unión Soviética, donde las nuevas élites gobernantes, todos ellos ex dirigentes soviéticos o miembros del partido comunista, se repartieron el país bajo el gobierno de Boris Yeltsin y liquidaron las capacidades del Estado Soviético, repartiendo las empresas del Estado y entregando el petróleo y demás recursos naturales a la oligarquía rusa, que asaltó el poder de los soviets.

El gobierno de nicolás maduro ha hecho lo mismo. Al amparo del control de las instituciones y con sus leyes entreguistas, como la irónicamente llamada "Ley antibloqueo", han entregado el país, el petróleo, a PDVSA, empresas del Estado, el Arco Minero, tierras, empresas y cuanta capacidad económica construyó Chávez, así como la propiedad social –que sería la base material de la construcción del socialismo–, a la nueva y vieja burguesía, ahora llamada "burguesía revolucionaria". Los antiguos "comacates", oficiales rebeldes, dirigentes políticos, sociales o estudiantiles, todos llamados de "izquierda", han abandonado su origen, sus raíces y ahora se han convertido en "emprendedores", socios y principal sustento político del pacto con la oligarquía, el pacto al que Chávez siempre se opuso, el que le costó la vida.

No existe ninguna razón, ni subjetiva, ni objetiva, para que ningún revolucionario, chavista o Bolivariano apoye a maduro y su gobierno.

Pero, con sectores del chavismo, la izquierda e intelectuales autoproclamados revolucionarios, se produce en Venezuela un fenómeno único: el discurso revolucionario ha sido pisoteado y arrasado por el madurismo, donde los principios programáticos y la obra de Chávez han quedado sepultados por el gobierno y , sin embargo, estos sectores siguen apoyando al gobierno o –en la mayoría de los casos– se mantienen en silencio o se han resignado a calarse al madurismo.

¿Qué explicación puede tener esta conducta? Ninguna. Allí, hay de todo: dirigentes viejos, cansados, traidores, oportunistas. Otros, envilecidos por el poder, esa mayoría que nunca fueron revolucionarios ni chavistas, sino que estaban allí, esperando, agazapados, el Chavismo sin Chávez; oportunistas, que ahora medran en la tragedia de nuestro pueblo. Con éstos, no hay nada que hacer. Hay que reconocer que existen, y colocarlos, de una vez por todas, en la acera de la contrarrevolución. Le hacen mucho daño al país, al pueblo y a la causa del Chavismo. Fueron siempre la quinta columna dentro del Chavismo, dentro de la Revolución.

Hay otro sector, importante, que aún teniendo conciencia de lo que sucede, se mantienen callados, en silencio, presas del cálculo político, en una actitud y conducta contraria a lo que se espera que haga un revolucionario en cualquier circunstancia: luchar al lado del pueblo, por los principios e ideales que sostienen una posición revolucionaria. En nuestro caso, luchar –a pesar de las terribles consecuencias, siendo perseguidos y execrados del país– por el legado, los postulados y la obra revolucionaria del presidente Chávez.

Este grupo, desde sus miedos y precauciones, desde el cálculo político, considera que la entrega del petróleo o de la economía al capital privado transnacional, entregarse al capitalismo, entregar el socialismo, es "mala suerte", una "conspiración", una consecuencia de las "sanciones", lo que sea, menos culpa de maduro y sus políticas, olvidando el caso de Cuba, donde, ante las sanciones y el bloqueo, Fidel respondió con más socialismo. Igual sucede con los muertos en tortura, los presos sin juicios, los perseguidos y exiliados, los crímenes de lesa humanidad, los ajusticiamientos y limpiezas sociales en los barrios, los cuales son repudiables en Colombia o en la IV República, pero no en el gobierno de maduro; aquí son "mentiras", propaganda y "ataques", así tiren a un hombre por una ventana de un décimo piso del SEBIN, lo maten en medio de torturas o que mueran mas de 130 personas por la violencia política en las calles. Allí guardan silencio; "fue un policía desquiciado", dicen, para auto complacerse. Igual, el caso de Carlos Lanz, ex guerrillero, pensador revolucionario, quien trabajaba estrechamente con organismos de seguridad e inteligencia, con la Fuerza Armada, quien lleva más de 20 meses desaparecido y nadie dice nada; los que piden por su vida, se cuidan de no mencionar a maduro, los cuerpos de inteligencia ni a los policías que controlan todo el país. Prefieren creer que el Mossad hizo acá una operación especial, solo para extraer a Carlos Lanz, cuando tiene objetivos mucho más importantes sobre los que puedan actuar.

Así, muchos casos: el silencio ante los cientos de trabajadores de PDVSA presos, secuestrados, como Pedro León, Eudis Girot; los que mueren en prisión, como el General Baduel, Nelson Martínez; los militares que se pudren en las cárceles, como el Mayor General Miguel Rodríguez Torres, el Comandante Martín Chaparro. Pero también guardan silencio ante la entrega de PDVSA y del petróleo; la destrucción del Arco Minero –ni un documental se atreven a hacer– y de la economía; el pacto con FEDECÁMARAS, la entrega del Esequibo a la Exxon Mobil, y un largo y vergonzoso etcétera.

Escudan su conciencia alegando "es peor que llegue la derecha", como si, la peor de ella, ya no estuviera en el poder, con el chantaje de que vendrá una peor. Quieren pensar que con maduro no ha sucedido nada de lo que siempre han aborrecido, de aquello a lo que se han opuesto, cuando hoy, como NUNCA ANTES, el pueblo vive su peor tragedia. Que habrán persecuciones, cuando hoy, éstas se han constituido en una Política de Estado. Otros dicen, que, si sale maduro, el imperialismo norteamericano, tomará el control del país, obviando que maduro está en conversaciones secretas con la Chevron y otras transnacionales petroleras para entregar PDVSA y nuestro petróleo. Mientras que, el gobierno y la cancillería han guardado un silencio traidor para con la patria, ante el despojo del Territorio Esequibo a manos de la Exxon Mobil y otras transnacionales petroleras.

Sin importar las consecuencias, un revolucionario –y así lo ha demostrado la historia ante las más terribles circunstancias, como el nazismo y el fascismo, y ante las peores dictaduras del continente– siempre debe luchar junto al pueblo, por el socialismo. Cambiarán las formas y los métodos, pero hay que mantenerse luchando, sin tregua, irreductibles, con ánimo y pasión revolucionarios; de lo contrario, habría que hacer lo que recomendaba El Chino Valera Mora, "apártense, dejen de confundir al pueblo y denles espacio a nuevas generaciones, nuevos liderazgos, nuevas fuerzas verdaderamente revolucionarias". Fuerzas que reivindiquen a Chávez, su obra, su legado, que reivindiquen un cambio revolucionario, el socialismo. Que no se mimetice en una propuesta de derecha, fracasada, sea ésta de la derecha tradicional o del madurismo.

No digo tener la verdad, ni puedo tenerla. Pero sí he sido consecuente, toda mi vida, a un pensamiento revolucionario, heredado de la lucha guerrillera de los años 60, lo cual tuve la oportunidad de demostrarlo en mi servicio de 12 años como Ministro de Petróleo del Presidente Chávez, cuando dimos pasos firmes e indiscutibles en la recuperación de nuestra Plena Soberanía Petrolera y en colocar al petróleo al servicio del pueblo, no solo para combatir la pobreza y la exclusión, sino para transformar el modelo económico venezolano, de manera de dejar atrás el capitalismo dependiente y depredador.

Cuando me di cuenta que todo ello había sido abandonado y traicionado por el gobierno de nicolás maduro, preferí salir del mismo y denunciar lo que estaba sucediendo y los terribles efectos que sus políticas tendrían sobre el país y el pueblo venezolano. Desde entonces, sufro una despiadada, continua y permanente persecución política, la cual me obligó a exiliarme de mi querida patria. Han desatado, en mi contra, una campaña sin precedentes para destruir mi nombre, mi prestigio y nuestra obra junto al Presidente Chávez.

Este linchamiento político y moral ha sucedido en medio del silencio de la inmensa mayoría de mis ex compañeros en el gobierno de Chávez y, en particular, de aquellos que se beneficiaron directamente de los apoyos que PDVSA prestó a todo el país, en el marco de sus atribuciones. A pesar de vivir una situación difícil, me reconforta la solidaridad de los trabajadores, dirigentes revolucionarios y gente del pueblo, que me han manifestado su apoyo y afecto; pero, sobre todo, la certeza de que, junto a Chávez hicimos lo correcto y, en consecuencia –por razones éticas y de principios–, no podía convalidar, con mi nombre y mi presencia, a este desastre de gobierno de maduro.

El pueblo venezolano sigue allí, con su tragedia y su batalla con el día a día, pero pocos se atreven a luchar. Los obreros lo hacen por sus salarios, los jubilados por sus pensiones; eso es correcto, pero falta la visión, el impulso, la mirada estratégica: hay que luchar por los presos políticos, por los desaparecidos, en contra del paquetazo económico, por PDVSA, por el petróleo, por el Esequibo, en contra de la sumisión autoritaria y extinción de los Poderes Públicos; en contra de la entrega, para frenar la destrucción del Arco Minero, por el restablecimiento de la Constitución. Hay que luchar sin miedos, sin el chantaje de la amenaza de la minoría desquiciada de la derecha; sin excusas, sin atajos, hay que luchar para salir de este gobierno, para volver a Chávez, al socialismo.



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Rafael Ramírez Carreño

Ingeniero y político venezolano. Ex-embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la ONU. Ex-ministro de Energía y Minas y expresidente de empresa pública Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) hasta el año 2014. Militante Revolucionario, Chavista y Bolivariano.

 @RRamirezVE

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