Historia patria: la visita del comandante a la Facultad de Ciencias en 1995

Esta historia principia el 16 de junio de 1995 cuando el famoso exparacaidista hizo su entrada en la Facultad de Ciencias de la ULA. Venía con su típico empaque militar, vestido con un liquiliqui marrón oscuro, cumpliendo así con la invitación que le habíamos hecho (desde el Taller de Literatura). Estaba delgado, los carrillos hundidos, y la mirada brillante. No era un político cualquiera y despertaba tal entusiasmo que la gente salió de sus cubículos y colmó los pasillos para saludarle. No gritaban, no aplaudían, guardaban respeto y una intensa devoción por un hombre que había estado más de dos años preso, estallando desde su celda contra la vil tiranía adeco-copeyana. Tal valentía no la conocíamos en Venezuela. Llevaba de la mano a su pequeño hijo, de unos once años.

Lo primero que hicimos fue recorrer los distintos departamentos de la Facultad, para luego presentarlo al decano Spyridom Rassias. Así y todo, nadie podía imaginarse entonces que aquel Comandante llegaría algún día a ser presidente de la república. Habían pasado por el Taller de Literatura de nuestra Facultad tantos políticos catalogados de "notables", ¿éste era uno más? Hugo Chávez en privado era un hombre muy parco. Escuchaba con atención, opinaba poco. Cuando pasamos al salón "Francisco de Venanzi", donde en los dos días anteriores habíamos estado cumpliendo unas jornadas llamadas "Encuentro de Dos Rebeliones", deliberando largamente con el contralmirante Hernán Gruber Odreman, el general Francisco Visconti y el coronel Luis Alfonzo Dávila, el ambiente cambió como por arte de magia. Una bandera de Venezuela decoraba el fondo del escenario, donde hablaría el Comandante. Ningún otro invitado, había conseguido provocar el fogonazo de pasión instintiva que despertó la sola aparición de Chávez. La sala abarrotada hasta los calcañales hizo que muchos se dirigieran al cafetín donde un televisor recogería también sus palabras. No había ni siquiera espacio para colocar la cámara filmadora. Me correspondió iniciar el acto, pero con la ansiedad por escuchar al líder del MBR-200, mi presentación fue muy escueta. Y comenzó Chávez su metralla. Hablaba con extraordinaria nitidez, pausadamente. Llevaba organizado su discurso para caer sobre su gran objetivo: la Asamblea Constituyente. Deseaba iniciar un gran movimiento nacional que obligara al doctor Rafael Caldera a convocar cuanto antes a un referéndum y así decidir el llamado o no a una Constituyente.

Esta grabada su intervención, y la he visto repetidas oportunidades en estos últimos tiempos, después del rotundo fracaso que muchos independientes sufrimos al intentar llegar a la Asamblea Nacional Constituyente.

Sin duda alguna, Chávez estaba señalado para imponerse como el hombre fuerte de este país, y aquella mañana habló poseído de una confianza absoluta en sí mismo. Totalmente convencido de que estaba destinado para hacer un gran papel en la historia de América Latina, citando a Gramsci, comenzó diciendo que algo estaba muriendo y no acababa por morir y al mismo tiempo algo pujaba por nacer pero que no terminaba por mostrar sus primeros pasos. Que nos encontrábamos en ese punto crucial de la existencia. Su mirada era febril, digo. Y añadió que andaba en la tarea de conformar un gran frente bolivariano que arropara a hombres de todas las tendencias posibles porque había llegado la hora de la unidad, y que el 24 de julio este frente saldría a la luz pública en toda Venezuela.

Aquí están sus palabras y el que tenga sesos que conozca en profundidad al hombre que nos gobierna: "Los partidos políticos tal cual como han existido han contribuido a la fragmentación nacional. La mayoría de los venezolanos no creemos en partidos políticos. El Movimiento Bolivariano que andamos conformando no es un partido sino una sumatoria de movimientos sociales. Hay que superar las barreras que nos han dividido, y hacerlo en torno de la figura de Bolívar, y retomar sus banderas que hoy están sepultadas. No tenemos más alternativa que unirnos. Los enemigos están unidos succionando lo que queda del cadáver de Venezuela. A un año del gobierno del doctor Caldera el país sigue sin brújula, sin rumbo, sin timonel, sin mapa y sin destino. La historia no la hacen hombres providenciales... Todos los gobernadores son ilegítimos, porque la abstención así los ha declarado. Este es el único país del mundo donde quiebran los bancos, pero no los banqueros. Ahí está el caso de Orlando Castro que nadie es capaz de condenar. Y Caldera, ese hombre nepótico que ha llenado al Estado con miembros de su familia. No creemos en estos procesos electorales que son un engaño para seguir demoliendo la esperanza del pueblo. Si nuestros políticos tuviesen dignidad y fuesen honrados, viendo que aquí la abstención es del 50 o del 60 por ciento, deberían decir: "-No. Yo no asumo este cargo porque es ilegítimo". Señores, no hay mesías que valga, la salvación no está en un hombre providencial. Debemos organizarnos para pedir una Constituyente con atribuciones soberanas, ¡sin partidos!, que la conforme únicamente el soberano: campesinos, indígenas, religiosos, militares, todas las fuerzas sociales.

Habló contra el neoliberalismo salvaje, ese que monta vallas multimillonarias promoviendo la imagen de un hombre providencial. La sala se vino abajo en aplausos. Yo fui uno de los que aplaudí a rabiar.

Aquella mañana, en la Facultad de Ciencias, Chávez hizo mención de Juan Domingo Perón en términos elogiosos. Habló del Golpe que el yerno de Caldera, el general Rubén Rojas Pérez, venía preparando con un acuerdo con Estados Unidos.

De este Encuentro de Dos Rebeliones quedó el propósito de organizar un grupo "bolivariano" en la Facultad de Ciencias. Yo lo dirigí durante nueve meses: nos reuníamos todos los jueves a las 4 de la tarde para estudiar los procesos constituyentes en el mundo, y hablar de las ideas de Bolívar aplicables al cambio que exigía el país. Llamaba profundamente la atención que quienes desobedecieran el llamado a la unidad que Chávez nos pedía con fervor y con tanta insistencia fuesen precisamente algunos infiltrados que como Luis Velásquez Alvaray acabaría imponiéndosele al MVR. Comenzaron estos señores a difundir en Mérida que los "bolivarianos" que se reunían en la Facultad de Ciencias eran unos radicales incendiarios y anarquistas que nada tenían que ver con el verdadero proyecto de Chávez.

Nosotros nos reuníamos para estudiar, para pensar y trabajar en función de un cambio sustantivo de la educación del país, de la salud, de los valores humanos y creadores del pueblo.

Para alcanzar una meta, los políticos de partido no se fían de los hombres que piensan y tienen criterios propios y que tampoco buscan cargos ni riquezas ni privilegios sino una lucha radical contra los explotadores y los traidores.

Yo había escrito ya dos libros a favor de Chávez. Quizás la falta de convencimiento en los inicios de estos cambios, quizá proviniesen de la gente que lo rodeaba. Luego vino mi viaje a España.

De vuelta al país, en 1997, estaba en su apogeo el mundial de fútbol. Cada cuatro años el planeta se vuelve un balón de mierda…

 



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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