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Qué es esto: ¿Evolución, revolución o Involución?

"Me di cuenta de que tenía que revolucionar; aprender cosas nuevas para no quedarme atrás. Me di cuenta y me rebelé". Fin de la cita. Jaime Sabines Gutiérrez.

Según el DRAE Revolución significa: "un cambio profundo, generalmente violento, en las estructuras políticas, y socioeconómicas de una comunidad nacional".

Analizando con las viseras en el refrigerador, estos veinte y dos años de revolución bolivariana, todo lo que aquí ha ocurrido en estos últimos ocho años, incluida la muerte de Hugo Chávez, todo esto, se parece mas a una involución que, a una evolución, o revolución, aunque, se haya pretendido cambiar las estructuras políticas, y socioeconómicas venezolanas, las estructuras morales específicamente, no han sido sustituidas, sino las han pervertido y aunque se siguen pregonando una presunta Revolución, esta nunca realmente ha existido, salvo el malogrado intento de las comunas, y el experimento del control social.

La involución ha sido el retroceder, a la Venezuela del siglo XIX, en vez de proyectarla hacia el futuro, aunado por los cambios que están ocurriendo en este siglo XXI. Es decir, que en vez de incorporársenos al mundo del conocimiento, nos han retrocedido al del desconocimiento, a través de la destrucción de la educación superior, educación media, y primaria, en lo que no se incluyen nada útil para afrontar los retos que imponen los cambios tecnológicos.

Esta involución también nos ha retornado a la era de los caudillos, personificados hoy en los militares en las empresas estratégicas del estado; los pranes; los colectivos, y los narcos guerrilleros de las FARC, y el ELN.

Involución es la destrucción de los servicios públicos, y de empresas como PDVSA, de la infraestructura del país que tanto costó construir. Por eso, que hablar de revolución en Venezuela, a estas alturas, es solo un cliché que sirve para camuflar una auténtica oclocracia.

¿Estamos ante la gran rectificación que necesita Venezuela para modernizarse? Esta es la pregunta del millón, o billón, que nos hacemos todos. Sin que nadie, incluidos sus protagonistas, sean capaz de contestarla, tal vez por depender de los acontecimientos, aún en el alero. Pero no estaría de más que comenzáramos a analizarlos, para que no vuelvan a sorprendernos. Por lo pronto, hay que dejar sentado qué es una revolución. No un simple alzamiento contra los abusos, sino contra los usos, como lo definió Ortega. Es decir, un vuelco de los valores, y estructuras de una sociedad desmoralizada. Cuando mal vemos, la substitución de la soberanía por un totalitarismo, o de una elite privilegiada, por la del pueblo. Medidas con la tan estricta vara del oprobio, revoluciones ha habido solo tres: la inglesa, del siglo XVII; la francesa, del XVIII, y la soviética, del siglo XX. Las tres fueron de inspiración occidental. Las revoluciones son hijas del idealismo griego. Por eso les cuesta tanto a las diversas culturas asimilarlas.

El pueblo venezolano ha venido viviendo al margen de ella e incluso frente a ella. La «revolución bolivariana del siglo XXI» ha sido hacia atrás: una vuelta a la pureza del totalitarismo cubano.

Y, por si fuera poco, está tomada por personas de civilizaciones mas antiguas que la nuestra: el Irán de los persas, la Siria de los Omeyas, la Turquía del Imperio Otomano, reduciéndonos a la condición de colonias por el desagradable fundamentalismo, y lo que ha traído un fondo de resentimiento a nuestro país. Hoy los venezolanos se quieren sacudir de este yugo, ¿Pueden darnos ellos una revolución, un producto occidental, o algo ajeno, a nuestras tradiciones?

¿Estamos ante una revolución que necesita el pueblo venezolano para modernizarse, o ante los abusos de unos dirigentes, que pueden terminar en un fundamentalismo islámico, o en un totalitarismo cubano? los venezolanos, rechazan ese modelo, de lo contrario, nos estallará bajo los pies. Lo malo es que una revolución no se reduce, como queda dicho, a corregir abusos, aprobar una nueva constitución y convocar elecciones. Ya hemos tenido elecciones y constituciones. Y el resultado ha sido funcionarios corruptos, y una nomenklatura inquisitorial. Es mucho más fácil derribar un régimen totalitario, que levantar uno nuevo sobre la base de la libertad del ciudadano venezolano, entre otras cosas porque la libertad de cada venezolano está condicionada por la libertad de los demás. Un equilibrio inestable que solo se consigue con mucha práctica y más paciencia. Fíjense en lo que nos está costando, a los venezolanos acostumbrarnos a vivir mal, con un nivel económico muy deplorable, peor que el de los cubanos. Sobre todo, cuando se comprueba que el socialismo totalitario no significa automáticamente prosperidad, que hoy significa empobrecimiento, al multiplicarse las necesidades sociales, y el desorden. Este totalitarismo no ha sido barato, cómodo ni perfecto, como constatarán pronto las multitudes hambreadas.

Estamos ante una situación confusa e inquietante, ya que las fuerzas armadas, y las policías, parecen tocadas por este virus. El fundamentalismo islámico empezará a regir todos los aspectos de la vida del venezolano si nos descuidamos, hasta el punto de ser convertidos en una sociedad religiosa, con clérigos como guías no solo espirituales, sino también terrenales, mientras los militares representaran, paradójicamente, a la sociedad civil, con su cadena independiente de mandos, en estrecho contacto con sus colegas islámicos. Esto seria una revolución digna de ese mundo musulmán, donde un gobierno islamista trataría de atemperar, bajo la mirada atenta del ejército venezolano.

Pero de poco sirve que los militares tengan planes democratizadores como los ocurridos en la primavera árabe, esto es lo que ha traído la presente crisis. ¿Qué van a hacer cuando las demandas populares crezcan, las huelgas se multipliquen, las exigencias de castigo para los corruptos se alcen, y la prosperidad nunca llegue? Pues las proclamas sobre: "La libertad, el imperio de la ley, la fe en el valor de la igualdad ante la ley, la democracia plural, y la justicia social», han desaparecido. Más, pronunciadas por los mismos que criticaban a la cuarta republica". ¿O sigue siendo lo peor de lo mismo? Con el totalitarismo militante al acecho, listo para aprovechar el natural desencanto, y una realidad mucho más sombría de lo imaginado.

Pero tampoco hay que olvidar todas las coyunturas históricas. Esos elementos inesperados que pueden desbaratar todas nuestras predicciones. Solemos basar esto en lo ocurrido en el pasado, y que proyectamos al futuro. Pero el futuro se construye con elementos inéditos, que en este caso es la información a través de la web, que nos informa de todo, de lo que pasa en diferentes partes del mundo al mismo tiempo, acelerando los acontecimientos. Para eso necesitamos tener en cuenta tanto los elementos conocidos de esta situación, como los nuevos que se están produciendo, esperar lo mejor, y prepararnos para lo peor.

Pero necesitamos sobre todo guiarnos por un principio hasta ahora desconocido en la política exterior: y que en el mundo global en donde vivimos sus intereses son también los nuestros, a saber, que la paz, el desarrollo, y la justicia son un bien común, mientras la guerra, la miseria, y la injusticia son las principales causas de nuestros males. Es tan ingenuo creer que la democracia va a florecer de un día para otro en Venezuela, como cínico pensar que nos basta sustituir un totalitarismo por otro para mantenerlo a raya. Nos interesa que tenga lugar en Venezuela una auténtica revolución, y ¿Quien seria? El que mejor puede garantizarla. Pero lo menos que podamos exigir a sus mandos es que no sean corruptos, ya que esa no sería una revolución, sino la más indigna de las contrarrevoluciones.

Es posible que esas masas de gentes irredentas, digan a la postre que no quieren saber nada de nuestra derribada democracia, que prefieren la suya, basada en la mala calidad de vida, las colas hasta para limpiarse el culo, que incluso sigan considerando, a los que luchan por superar este desastre como sus enemigos.

Pero entonces ya no sería culpa nuestra, que sigan viviendo en la miseria, la opresión, y el pasado estalinista del socialismo real fracasado del siglo XX. Serían entonces suyas, sus culpas, de seguir viviendo en la miseria.



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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