Carabobo; crisol de libertades… ¡Doscientos años después!

Aquí estamos, padre Bolívar; aquí estamos de pie, a las puertas de Carabobo, dos siglos más tarde de tu gesta libertaria. Aquí estamos padre Bolívar, levantando tus banderas y proclamas, tus ideas de libertad, soberanía e independencia, aquí estamos padre Bolívar, levantando polvaredas en todas direcciones, sobre todo el continente, en defensa de los pueblos oprimidos del mundo. Aquí, doscientos años más tarde, aquí estamos tus hijos padre Bolívar, enfrentados durante los últimos veinte años al más perverso, inhumano y gansteril de todos los imperios. Aquí estamos Bolívar, a las puertas de Carabobo, dos siglos más tarde, de pie, ¡en los huesos, como perros flacos y viejos!, para lo que salga.

Para los enemigos de la patria buena, soberana, doscientos años, no han sido suficientes, y a pesar de su poder y malignidad, no han podido doblegar la prédica de la abuela, sobre las viejas y muy oxidadas balas de cañón enterradas entre ajizales, como recordatorio perpetuo de tu lucha por la libertad de Venezuela.

Hoy, doscientos años después, general Bolívar; vivimos en un mundo de perversidad e ignominias, convulso y sojuzgado mundo, parcelado por muros de vergüenza tras el saqueo de riquezas, exterminio de la vida y el desconocimiento por acción de fuerza de la idea de naciones soberanas, de patria. Vivimos encomendándonos a tu protección ante cada adversidad, contra enemigos y emboscadas, como recomendó siempre la abuela, al señalar que: «había sido tanta tu grandeza, gloria y genio, que aún después de muerto, tus enemigos sienten pavor al percibir tu polvareda».

Aquí estamos Libertador, «¡pa lo que mandes!», a las puertas de Carabobo, como raíces de ajizales perpetuos, en recordatorio de las guerras por la emancipación de América, a doscientos años de nuestra independencia. De pie, flacos como perros viejos, hechos viento, hechos polvareda, hechos esperanza, como siempre lo expresaba la abuela al referirse a tu regreso: «¡Como polvareda se levantará frente a ti!» «¡Por allí anda!» «¡Allí, entre los pueblos olvidados!»… o en el decir de los más viejos y sabios agricultores, marinos, tras el remolinear de torbellinos en las sabanas, entre matorrales, sobre tranquilas y apacibles aguas durante las faenas de pesca, tras la consecuente y sorpresiva estampida de aves y peces…

Desde Carabobo, campo inmortal, hoy decimos padre, con orgullo patrio: «Tus enemigos, nuestros enemigos, en doscientos años no han podido borrar tu historia, desconocer tu gloria, genio y grandeza»

¡Viva Carabobo, crisol de libertades!



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Felipe Marcano


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