Batallas que vale la pena librar

En días pasados, un buen camarada me hizo llegar uno de esos artículos que se pueden leer completos, claro, con algo de tiempo disponible y amplitud de criterio, así como suficiente paciencia y curiosidad intelectual.

La orientación política del articulista –licenciado falconiano Humberto Zavala–, para algunos lectores quizá no sea muy perceptible al principio, pero se va develando con el empleo en seis ocasiones del término «"distención"» (siempre entrecomillado) para referirse a la «política de alianzas» del Partido Comunista de Venezuela (PCV); o el enfático señalamiento, nueve veces, del «etapismo» o «"revolución por etapas"» en alusión a la denominada «revolución de Liberación Nacional».

Pero, el uso reiterativo de expresiones como «los viejos Partidos Comunistas» o «los viejos partidos comunistas del continente», «con la impronta estalinista», «bajo la dirección de Stalin y Cía.», «hegemonizado por Stalin», «los partidos estalinistas», «la habitual jerga "marxista-leninista"» y «la "ortodoxia marxista-leninista" (es decir, estalinista)», termina de evidenciar que la orientación política del autor reproduce la cartilla desgastada y poco original del catecismo trotsko.

Efectivamente, si se revisa un poco, Zavala no oculta su militancia en una de las decenas de organizaciones que se reivindican como trotskistas en Venezuela, algunas de las cuales en oposición a los gobiernos de Chávez y Maduro, otras que continúan con su histórica política de «entrismo» (especialmente en el PSUV), y unas más que han asumido la línea antimadurista por la defensa y recuperación de «el legado del comandante».

Por supuesto, estas diversas organizaciones de nuestro país, a su vez, están afiliadas a alguna de las múltiples y variopintas expresiones internacionales del trotskismo, enfrentadas entre sí: «Fracción Trotskista - Cuarta Internacional», «Unidad Internacional de los Trabajadores - Cuarta Internacional», «Liga Internacional de los Trabajadores - Cuarta Internacional», «Liga Internacional Socialista», «Corriente Marxista Internacional», «Corriente Marxista Revolucionaria» (redenominada como «Izquierda Revolucionaria»), etc., etc., etc.

Sí, naturalmente, se sabe que la mayoría de quienes lean las presentes líneas identifican que retrotraer la etiqueta de «partidos estalinistas», al menos para el caso del PCV y de los otros «viejos partidos comunistas del continente», es tan anacrónico y/o absurdo como hablar hoy de partidos maoístas, guevaristas, hoxhaistas, titoistas, kimilsungistas, polpotistas, y pare de contar entre disímiles referentes que ha habido en el movimiento comunista, unos con aspectos positivos y otros francamente execrables.

Y, claro está, que para un partido genuinamente comunista o un militante verdaderamente marxista-leninista, es aún más inadmisible suscribir o adoptar los enfoques, concepciones y programas de corrientes embaucadoras como la peronista y la nasserista, con su discurso diversionista y pseudorrevolucionario del «socialismo nacional», o su reciclada versión chavista –y de demás especímenes de la fauna del progresismo latinoamericano–, con la «revolución pacífica y democrática» y el «socialismo del siglo XXI» o «socialismo bolivariano», que en las últimas poco más de dos décadas se ha esgrimido como supuestamente «novedosa» y «autóctona».

EXCEPCIÓN JUSTIFICADA

Usualmente no comento o escribo acerca de artículos como el mencionado, ya que gran parte de su contenido y estilo reflejan el guion de una diatriba que hace años quedó circunscrita a tertulias de café, de taguara, de una UBCh y de círculos de estudiantes o profesionales «entendidos».

Además, porque, en general, entiendo que uno debe procurar enfocarse en aspectos que abonen para el futuro y las luchas actuales, analizando el pasado y extrayendo lecciones, en lugar de hacer eco a rémoras que pretenden adaptar la historia para que se ajuste a las ansias que se tengan o a los despechos que se arrastren.

Sin embargo, se justifica la excepción tomando en cuenta que Zavala, en su artículo[1], seleccionó algunos señalamientos críticos y autocríticos de quien suscribe, expresados en una serie de textos[2], y que los utilizó como marco referencial para intentar crear un artificioso sustento a sus conclusiones preconcebidas.

De ahí que el artículo en cuestión, aunque escrito con buena ortografía, gramática y sintaxis –que es francamente raro en la izquierda venezolana–, al mismo tiempo adolece de inexactitudes, medias verdades, falsedades y distorsiones históricas, lo cual, a pesar de que le duela al entusiasta autor trotskista, lo sitúa bastante cerca de la tendenciosidad que caracterizó al «informe secreto» de Nikita Jruschov, en el 20º Congreso del PCUS (febrero de 1956)[3].

Adicionalmente, para tomar la decisión de escribir estas puntuales líneas, influyeron las reflexiones que hizo un buen y perspicaz camarada, acerca de la posibilidad de que unos cuantos lectores desprevenidos –incluidos quienes, por una embrionaria asimilación del marxismo-leninismo, se asumen y actúan como «pecevistas» y no como militantes comunistas–, se dejen llevar por la visceralidad, sin tamizar del contenido lo que de acertado pueda tener, quedándose en el mero discurso de que es un «ataque trotskista contra el PCV», lo cual conlleva al acto reflejo de defender mecánicamente «el PCV» como un todo único e indivisible, librando así a sus máximos dirigentes de la altísima cuota de responsabilidad por los errores, deficiencias y desviaciones durante los últimos 25 años de la nonagenaria organización.

Y, finalmente, porque nunca está de más ratificar que la defensa de los fundamentos del marxismo-leninismo es una batalla que bien vale la pena seguir librando, y que especialmente en política –sobre todo si somos revolucionarios, y más aún si nos definimos como comunistas–, la coherencia y la honestidad son unas cualidades invalorables que no debemos traicionar, indistintamente del precio que haya que pagar.

DESENMARAÑANDO ARTILUGIOS

Incluso sin muchos elementos adicionales, uno podría suscribir la importancia y urgencia que resalta Zavala, acerca de «luchar por construir un partido revolucionario basado en los principios de la lucha de clases, que sea capaz de unificar estrategia y programa en las distintas batallas que toque librar a la clase obrera hacia la conquista del socialismo».

Pero, de inmediato, endosa esta vital tarea a la agrupación a la que pertenece, surgida hace poco más de 15 años, presentando como credencial inmaculada que quienes la constituyeron «jamás claudicaron ante el chavismo».

A lo largo del artículo hay seis referencias críticas a quienes han ejercido «la dirección del PCV» en estas dos décadas, y todas son mencionadas en alusión a extractos de la precitada serie de textos; ya que Zavala se enfocó en su objetivo de «demostrar» que en las «las concepciones y tradiciones del PCV» supuestamente hay «una continuidad histórica, una tradición de colaboración de clases», concluyendo en la imposibilidad de «haber tenido una política diferente ante Chávez, distinta a la "distención" y el "seguidismo"».

Pese a la clara diferencia entre los enfoques y énfasis de uno y otro polemista, Zavala finaliza con una formulación capciosa, una «pregunta trampa»: «¿podrían esperar la clase obrera y los sectores de la juventud de izquierda que aspiran genuinamente a construir un partido revolucionario, "el viraje revolucionario" de la dirección del PCV en la APR?»; a la cual él mismo responde que «sería la negación de sus fundamentos teóricos y programáticos como partido».

Como puede apreciarse con facilidad, utilizó el artilugio de equipar a la dirección con el partido, preguntando sobre el primero pero respondiendo con el segundo.

Además, en la formulación de ese último parágrafo, incluyó con pinzas a la llamada «Alternativa Popular Revolucionaria» (APR), de la que sólo había hecho mención en los dos primeros párrafos del artículo; aunque, de hecho, con una acertada caracterización: «convocada y conformada por partidos como el PCV, PPT junto a desprendimientos del "chavismo crítico" y otras agrupaciones o sectores de base», y que «lo que inicialmente se presentaba como "no una ruptura sino un deslinde electoral" (frente al gobierno) asume en su portavoz parlamentario del PCV el lugar de "verdaderos continuadores del legado de Chávez" contra la "deriva ultra liberal" del gobierno de Maduro».

Por ejemplo, aquella misma pregunta, yo la respondería: «No, nadie puede esperar un "viraje revolucionario" de la actual dirección del PCV, especialmente de sus principales exponentes, porque se han corrompido gradual e integralmente, traicionando de manera consciente y sistemática los fundamentos teóricos y programáticos del PCV».

CRÍTICO, AUTOCRÍTICO Y PROPOSITIVO

El licenciado y maestrante paraguanero, seguramente con el objetivo ya mencionado, recortó y seleccionó quirúrgicamente fragmentos de la referida serie de textos, lo cual, per se, no sería un «pecado capital» en un artículo de opinión, pero de ésta también se arrogó unas expresiones, frases, críticas y denuncias, haciéndolas pasar como suyas.

Por ende, no estará de más puntualizar varias citas originales, como cuando señalamos «la tragedia del error de haber defendido, argumentado y justificado una subordinada concesión teórica y práctica a las concepciones socialreformistas del que aún algunos asumen como su "Comandante"», o de que «los discursos y enfoques de los principales organismos y cuadros nacionales de dirección del PCV, al reproducir los planteamientos de su "líder de la revolución", eran antagónicos con los fundamentos marxistas-leninistas».

Así como cuando apuntamos la «contraofensiva de las cabezas de la corriente chavista dentro del PCV, […] copando espacios, torciendo voluntades, coartando iniciativas y cercando a muchos que en los últimos 10 años lamentablemente se vieron obligados a dejar de militar», y que «la contraofensiva emprendida fue para hacer retornar al otrora glorioso y combativo PCV al lugar en el que lo tuvieron la primera década del siglo XXI y buena parte de la segunda, como furgón de cola de un proyecto reformista; para volver a imponer diversionismo ideológico, seguidismo acomodaticio y silencio cómplice ante la práctica socialreformista de un gobernante referencial para el "progresismo"; y para reivindicar el "proyecto político histórico levantado por Chávez"».

Igualmente, acerca de nuestra insistencia «en la imperiosa necesidad de que hagamos una profunda y desapasionada autocrítica acerca del papel complaciente y seguidista que –como militantes, cuadros y dirigentes, por acción u omisión– hicimos desempeñar al PCV con respecto a la "revolución bolivariana" y a las concepciones del "proyecto político estratégico que levantó Hugo Chávez"», y cómo ese papel equivalía a «liquidar la esencia genuinamente revolucionaria y de vanguardia del PCV, y contribuyó a la confusión y distracción del proletariado y las masas trabajadoras de Venezuela, Latinoamérica y el mundo, alejándolos de sus genuinos intereses de clase y de sus históricos objetivos de lucha».

Asimismo, cuando aseveramos que «la tan pomposa "confrontación y deslinde" en estos tiempos frente al madurismo –y no desde hace 15 años frente al conjunto de las concepciones e influencias del reformismo chavista–, es bastante superficial y bastante tardía, además de bastante demagógica».

Pero adicionalmente, claro está, Zavala obvió planteamientos y propuestas que hemos colocado sobre el tapete, basados en que «por su tradición, historia, principios fundacionales y objetivos enunciados, el PCV sigue siendo en Venezuela la organización que tiene las mejores condiciones para llegar a convertirse en el Partido revolucionario de vanguardia, imprescindible para alcanzar los objetivos planteados».

Hay que ir despejando y aclarando el camino, por eso hemos aseverado: «Indistintamente de las incomprensiones y los ataques que coyunturalmente se generarían en una parte del pueblo trabajador, la profunda autocrítica y el razonado deslinde frente a las influencias perniciosas de las concepciones y figuras que caracterizan el "reformismo chavista", al final terminará fortaleciéndonos».

Y que, con este contexto, «asumamos sin temores ni complejos los imprescindibles correctivos en políticas y cuadros, con miras a emprender la reconstrucción revolucionaria que lleve al PCV a cumplir su misión histórica como combatiente de vanguardia».

ESQUIZOFRENIA PARANOIDE

Hay que entender también la esquizofrenia paranoide que sufren los trotskistas por cualquier cosa que vagamente les recuerde a Stalin o que con su prisma aséptico les parezca «estalinista», la cual obnubila su visión –ya de por sí estrecha y cuadriculada–, acercándolos a un enfoque nihilista de «caída y mesa limpia».

Ese «enfoque» lo ve todo en términos absolutos, de blanco o negro, bueno o malo, sin posibilidad de sopesar gradaciones y sin considerar las leyes y categorías de la dialéctica. De ahí que, por ejemplo, metan indiscriminadamente en un mismo saco toda la experiencia (con sus aportes, desarrollos, éxitos, errores, abusos y desviaciones), desde mediados de los años veinte, de la URSS, del campo socialista y de los partidos surgidos de la Internacional Comunista, porque fueron infectados por «el virus Stalin».

Natural y lamentablemente, Zavala no rompe esta regla, por eso sólo reivindica «la Internacional Comunista en vida de Lenin» –aunque en verdad quiere referir al período en el que participó Trotsky–, antes de que «el otrora partido de la revolución proletaria mundial comenzaba a ser hegemonizado por Stalin hasta su completa liquidación».

Por ende, el fiel trotskista no podía dejar de señalar: «las más cristalizadas características de los partidos estalinistas: el verticalismo burocrático entre los métodos de conducción y funcionamiento interno del partido, la negación de la democracia interna del partido, la imposición de un centralismo burocrático vendido como centralismo democrático»; siempre asignándole al líder georgiano el origen y la paternidad de estas nocivas características.

Si bien es cierto que dichas características se han naturalizado en el PCV, constituye una elucubración el afirmar que siempre ha sido así, que son intrínsecas a «los viejos partidos comunistas del continente» o que es por ser «partidos estalinistas».

Lo dice quien no puede ser señalado por nadie como estalinista o antiestalinista, que conoce muy bien al PCV y a su dirección, y que sin tapujos ha dejado constancia de la necesidad de «una dirección ejemplar –no un establishment[…] con ética y sin complicidades»[4], denunciando el «núcleo que se ha entronizado y que aspira a mantener el "orden establecido" en torno a un estilo de dirección personalista y autoritario»[5].

Además, para utilizar una fuente que sí sea del gusto de Zavala y sus correligionarios, ya en 1921 –antes de que Stalin fuese designado secretario general del PC(b) de Rusia–, el III Congreso de la Internacional Comunista («en vida de Lenin»), alertó de que: «El centralismo democrático en la organización del partido comunista debe ser una verdadera síntesis, una fusión de la centralización y de la democracia proletaria. Esta fusión sólo puede ser obtenida mediante una actividad y una lucha permanente y común del conjunto del partido.»[6]

Y de inmediato hizo unas advertencias empíricas acerca de que «La centralización en el partido comunista no debe ser formal y mecánica», ya que «Una centralización formal o mecánica sólo significaría la centralización del "poder" en manos de una burocracia tendente a dominar a los demás miembros del partido», por lo que «Para que el centralismo no sea letra muerta […], es preciso que su realización se haga de tal manera que signifique para los miembros del partido un fortalecimiento y un desarrollo, realmente justificados, de su actividad y de su combatividad común. De otro modo, aparecería ante las masas como una simple burocratización del partido», así como «Una democracia puramente formal en el partido no puede alejar ni las tendencias burocráticas ni las tendencias anárquicas».

De igual manera, ese Congreso, deslastrado de idealizaciones y para evitar la dañina atomización, exhortó: «es preciso desarrollar la organización de los partidos comunistas y no tender a la fundación de algún nuevo partido modelo en el lugar del ya existente, o buscar una forma de organización absolutamente correcta, o estatutos ideales»[7]. Por eso, múltiples militantes, exmilitantes y trabajadores, continuamos impulsando la reconstrucción revolucionaria del PCV.

PUNTUALIZACIONES NECESARIAS

Para culminar y no explayarnos aún más, sólo resta hacer tres puntualizaciones en referencia al artículo de Zavala.

1.ª Efectivamente, lo que denomina «la concepción de la "revolución por etapas" de los viejos partidos comunistas del continente», plantea que «en países como los de Nuestra América, "corresponde", primero, una etapa histórica de lucha "antiimperialista y antioligárquica", "de liberación nacional"»; pero, por un lado, emplea un «argumento» contradictorio con los fundamentos marxistas, y, por el otro, esgrime una afirmación errada y fácilmente rebatible.

El «argumento» contradictorio es que esa primera «etapa», según acusa indignado, «no precisa [o especifica] un corte determinado en la periodización histórica (es decir, la mentada etapa puede ser tanto de algunos años como de un siglo)», y que, por lo tanto, «la "siguiente etapa"» iniciaría «no se sabe si en pocos años o en más de un siglo».

Sin ahondar mucho en temas filosóficos –porque será claro para cualquiera con rudimentarios conocimientos políticos–, a los procesos sociales no se les pueden fijar fechas ni tiempos en el calendario. Por ejemplo, ningún marxista-leninista mínimamente serio, además de los mismos Marx, Engels o Lenin, jamás precisaron –porque no se puede hacer– el tiempo que durará la construcción del Socialismo, siendo la fase inferir o primera de la formación económico-social comunista.

Además, a nadie en su sano juicio se le ocurría pensar que los tránsitos de una etapa o fase a otra se producen igual que al encender un suiche.

Y, la afirmación errada tiene que ver con aseverar que, en la mencionada «etapa histórica de lucha "antiimperialista y antioligárquica", "de liberación nacional"», se define a «"las burguesías nacionales" o "democráticas"» como «el sujeto social que las lidera».

Hay una muy extensa y variada bibliografía al respecto, pero, para reseñar la visión de 24 partidos comunistas de América Latina y el Caribe, sólo se mencionarán extractos de la Declaración aprobada por unanimidad en la Conferencia que se celebró en Cuba, en junio de 1975:

«La lucha antimperialista que llevará a América Latina a la independencia definitiva permite y exige la participación de los sectores sociales más amplios y le corresponde en ella el papel dirigente a la clase obrera. […]

»[…] La incorporación de fuerzas y organizaciones representativas de tales sectores burgueses al amplio frente de lucha antimperialista y antioligárquico tiene una gran importancia, pero jamás se realizará a expensas de la alianza esencial de obreros, campesinado trabajador y capas medias, ni de la independencia de clase del proletariado en beneficio de compromisos coyunturales.»[8]

Por cierto, esta parte acerca de la afirmación errada de Zavala sólo constituye una aclaratoria, no pretende expresar o reflejar mis criterios y puntos de vista sobre la llamada «revolución de liberación nacional» o, en términos del Programa del PCV (1980), la revolución de carácter «patriótico y antiimperialista […] por la liberación económica, por la democracia verdadera y por la futura instauración del socialismo», ni del «Estado Popular y Democrático» que propugna. Son temas que, en su momento, también nos corresponderá debatir a los comunistas venezolanos.

2.ª Con la lógica que transversaliza al artículo, se afirma que «el PCV, ya en sus orígenes practicaba este tipo de política "frentepopulista"», para sustentar la sentencia de que tiene «una tradición de colaboración de clases».

Pero, habría que leer su primer Manifiesto oficial, publicado el 1 de mayo de 1931, menos de dos meses después de empezar a constituirse el PCV, firmado por «El Comité Central Provisional del Partido Comunista de Venezuela. Sección Venezolana de la Internacional Comunista»:

«Los trabajadores del mundo entero saben que existen dos clases de gente: los que trabajan y los que explotan, […] nada hay de común entre estas dos clases, […] los intereses entre explotados y explotadores son irreconciliables […]

»Si en Venezuela existe una lucha entre los ricos partidarios de Juan Vicente Gómez y su familia y los ricos partidarios de otros caudillos que representan sus intereses, esto se debe a que cada uno de ellos quiere más, quiere apoderarse de todo para sí, […] quiere ser el único explotador y se disputan el privilegio de exprimir al pueblo trabajador […]

»[…] Gómez o cualquiera de los caudillos que pretenden suplantarlo, negocian gustosamente y en cualquier tiempo con aquellos de los imperialistas que les ofrezcan mejores gangas. Todos, pues, son traidores del pueblo que venden diariamente al país o que pretenden venderlo al mejor postor imperialista. […]

»¡A la lucha, trabajadores venezolanos! […] Derrocad la tiranía e implantad vuestro propio gobierno de clase, el gobierno obrero y campesino. […]»[9]

3.ª De ninguna manera uno ignora o deja de advertir que, a lo largo de sus 90 años de existencia, el PCV ha cometido muchos y muy importantes errores, incluyendo uno vital –que recordamos en un texto anterior– y que se sigue arrastrando: «no haber propiciado […] una clara estrategia de poder»[10].

Sin embargo, el PCV tiene una rica experiencia, un valioso acervo y guías para salir del atolladero[11], por lo que no es aún un proyecto fallido. La posibilidad de recuperarlo para que cumpla su misión histórica como combatiente de vanguardia, vale la pena los esfuerzos y los sacrificios.

 


 

[1] «La estrategia del PCV frente al chavismo: de la "distención" y el seguidismo a la "defensa del legado"», 30 de mayo de 2021.

 

 

[2] «Hay que decir lo que algunos no quieren que se diga», 12 de marzo de 2021; «Espuelazos… a quienes corresponda», 14 de abril de 2021; «Es tiempo de "lavar la ropa sucia" dando la cara», 26 de abril de 2021; «Descubrir la verdad, sin importar a dónde nos lleve», 4 de mayo de 2021.

 

 

[3] Para mayor información, leer: G. Furr, Kruschev mintió, Vadell Hermanos Editores, Caracas, 2014; J. Harris, El gran miedo. Una nueva interpretación del terror en la revolución rusa, Editorial Planeta, Barcelona, 2017; J. B. Fuenmayor, Historia de la Venezuela política contemporánea 1899-1969, Tomo X, Caracas, 1983; R. Keeran y T. Kenny, O socialismo traído. Por trás do colapso da União Soviética, Editorial Avante, Lisboa, 2008; Resolución del XVIII Congreso del KKE «Análisis y conclusiones sobre la construcción socialista durante el siglo XX, fundamentalmente en la URSS. Percepción del KKE sobre el socialismo», Editorial Revolución, México DF, 2017.

 

 

[4] Comunicación dirigida al Buró Político del CC del PCV, el 16 de septiembre de 2019, confirmándole la decisión manifestada verbalmente el 26 de mayo anterior, acerca de dejar de ser «cuadro profesional del Partido a tiempo completo» a partir del 31 de diciembre de 2019.

 

 

[5] Comunicación dirigida al secretario general del CC del PCV, el 9 de noviembre de 2019, frente al interés de algunos en posicionar un discurso de «abandono», «fuga» o «escapatoria» de mi parte, es decir, de falta de compromiso, mística y disciplina militante.

 

 

[6] «Tesis sobre la estructura, métodos y acción de los partidos comunistas», en Tesis, manifiestos y resoluciones adoptados por los Cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista (1919-1923), Edicions Internacionals Sedov, Valencia, 2017.

 

 

[7] Idem.

 

 

[8] Declaración de la Conferencia de los Partidos Comunistas de América Latina y el Caribe, Comisión Nacional de Propaganda del PCV, Caracas, 1975.

 

 

[9] F. Key Sánchez, Fundación del Partido Comunista de Venezuela, 2ª edición ampliada, Fondo Editorial Carlos Aponte, Caracas, 1984.

 

 

[10] Declaración programática del 10º Congreso del PCV, octubre de 1996.

 

 

[11] Además de los clásicos comunistas, cuenta con los documentos «Situación organizativa y funcional del PCV para la ofensiva ideológica, orgánica, política y de masas» (28º Pleno del CC, enero de 2009) y «La organización marxista-leninista» (13ª Conferencia Nacional del PCV, agosto de 2014).

 

 



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Carlos Aquino G.

Dirigente del Partido Comunista de Venezuela PCV. Analista político. Periodista de investigación.

 caquino1959@gmail.com

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