De un exiliado político que se salvó del gorilismo

¡Pido perdón públicamente al comandante Chávez!

No podía dejar pasar por alto otro 04 de febrero, día de la dignidad venezolana, día de la emancipación del pueblo soldado, día que se marcó el retorno, la conquista de la verdadera y auténtica democracia., para pedir perdón públicamente al compañero, camarada, Presidente Hugo Rafael Chávez Frías.

Ustedes amigos y lectores de Aporrea se preguntarán de que tengo que pedir perdón, quién suscribe, exiliado político chileno, enraizado en esta tierra de Bolívar, torturado por la dictadura, vejado y quedar traumatizado por las horrendas situaciones que es vivir y ser pisoteado por una gorra y las secuelas que quedan de la vivencia experimentada de un gobierno genocida y demencial de Pinochet (que el diablo lo tenga en su fogoso reino), y todo lo que sucedía en aquella época en los demás países hermanos como Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, etc., es decir rodeado de gobiernos gorilas, que era sinónimo de muerte, tortura, hambre, injusticia.

A pesar de la seudo democracia de Carlos Andrés Pérez y todo lo que circundaba a su gobierno, como la injusticia social, la inequidad, la corruptela galopante, para quién vivió una dictadura liderada por una gorra era mejor que un gobierno gorila.

Un 04 de febrero de 1992, aparece un soldado de grado teniente coronel del ejercito, liderando una rebelión militar, para cambiar una “dictadura democrática”, por un gobierno de verdadera justicia social, de equidad, de un socialismo humanista, pero eso jamás lo percaté, solo veía en Chávez, un gorila más de aquellos del Sur, que traería muerte, torturas, hambre, injusticia social…….. Pero cuál equivocado estaba, comencé a estudiar e investigar su perfil, y me arrepentí de la percepción que tuve de él, al encontrar que el hombre de Sabaneta tenía las mismas ideas que me inculcaron mis padres, como es el bien común, la justicia social, el amor al prójimo.

Fue propicia esta ocasión, hoy 04 de febrero de 2007, recuerdos tristes de un futuro alegre, de sacarme esta espina que la tenía enclavada en lo más profundo de mi alma, y con esta confesión pública, espero haberme disculpado de haber dudado de un hombre que ama a su pueblo, que ama a Latinoamérica y quiere que se haga realidad la PATRIA GRANDE.


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Miguel Ángel Maregatti


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