La vara de Diosdado

Siéntese ofendido el capitán. Rasga sus vestiduras y pierde su mirada en el firmamento, como buscando algún signo de su comandante eterno. Años ha, un diario español, de vieja prosapia fascista, y otro venezolano, de antigua tradición de izquierda y hasta comunistoide, osaron publicar una improbable información que lo involucraba en una hipotética investigación por delitos de narcotráfico. Así que el capitán ha accionado, en ejercicio de sus derechos, contra el diario que tiene a la mano y, ¿quién lo dudaba?, conseguido una sentencia a su favor por varios milloncejos.

Por su parte, blanden los opositores la afantasmada y polvorienta coartada de la libertad de expresión: este escribidor se apresura a dejar por sentado que no confunde un derecho humano esencial como ése con la inmunidad sagrada de unos medios privados de comunicación, cuyos dueños tienen y defienden intereses de clase, políticos y familiares muy precisos. Lástima que en este país carezcamos de Poderes Públicos verdaderamente autónomos e independientes que puedan hacer creíble un proceso legal y una sentencia como los que aludimos.

Creo que Cabello tiene derecho a defender su honor frente a alusiones en su contra de un medio de comunicación y que no por ello se estaría vulnerando ni la libertad de expresión ni de prensa ni el derecho que tenemos todos a una información veraz. A riesgo, como suelo decir, de ser fusilado por enésima vez en el paredón del oposicionismo extremista, yo sí me leí palabra por palabra la acusación del ahora exFiscal Barr contra Maduro, Cabello y Padrino por supuestos delitos de narcotráfico (aquélla que terminó poniendo precio a sus cabezas, ¿recuerdan?) y puedo testimoniar que al menos allí, no hay un solo indicio que los involucre. Pero ya se ha forjado una verdad mediática incontestable al respecto: Cartel de los Soles, FAN de Venezuela en connivencia con las FARC y demás perlas... y ¡ay de quien la ponga en duda! Curiosamente, olvidan que EEUU es el comprador del 90 % del 80 % de la cocaína mundial que se produce en Colombia: pero el narcoEstado es el venezolano.

Mas tornemos al pundonor del capitán Cabello. ¿Cómo es eso que alguien por allí haya cometido el desaguisado de mancillar su reputación? ¡A él, por favor, ni con el pétalo de una rosa! Muy bien, pero digo yo, ¿y la de aquéllos que él acusa, difama, insulta, escarnece, afrenta, vilipendia, deshonra, ultraja y ofende cada miércoles echando mano de su infame mazo?

Un abismo de diferencias políticas me separa de todos los que paso a mencionar, pero imposible aceptar que éste sea el nivel cloacal que uno de los principales voceros del chavismo-madurismo le propone al país: a María Corina le dice "loca", a Capriles "marico-ri", a Borges "asesino", a Freddy Guevara "marihuanero", a Tomás Guanipa "alcohólico", a Ramos "nido de paloma", y así, abajo, abajo, cada vez más profundo en el estercolero. ¿No te das cuenta, Diosdado, que así sólo te desmeritas a ti mismo?

...con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán a medir, testimonian Mateo y Lucas que sentenció Jesús. ¿Puedes quejarte, Diosdado? ¿En serio? Con la misma vara que midas, serás medido.

Duele este país sometido a las medias verdades de los dos extremos, al sesgo burdo de los fariseos, a la falsía de los profesionales del cinismo. Hora de detener este carrusel empantanado que no nos lleva a ninguna parte. Que los moderados y demócratas de cada lado aíslen, como si fuesen unos apestados, a sus respectivos radicales infecundos y se deslinden de ellos. El gran país, la Venezuela de bien, está al centro, entre fuego cruzado, sufriendo el fragor de una batalla que nosotros no buscamos: hambre, enfermedades, muerte. Allí los escépticos. Allí los que saben que en esta nación apaleada, una sentencia no es creíble y una acusación tampoco, así de simple. Allí los justos que se atreven a exclamar: ¡Ni gobierno ni oposición sino todo lo contrario! Allí los que ya no quieren mirar ni a su izquierda ni a su derecha sino adelante, hacia la tierra prometida que, si queremos, podemos construir entre todos.



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Enrique Ochoa Antich


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