La vieja y la nueva normalidad

Pareciera que los humanos no aprenden de las viejas experiencias o de las situaciones adversas que han conmocionado el planeta Tierra, tales como la epidemia de viruela y de la gripe española, los huracanes, las inundaciones, los tsunamis, las espantosas guerras, los incendios, la erupción de volcanes entre tantas desgracias que han asolado a los habitantes de este errabundo globo azul. De todo esto la gente debió ilustrarse sobre la fragilidad de la vida y que no vale la pena aferrarse a los aspectos materiales a los que una gran mayoría se enganchan. En un lapso de segundos desparece una mansión lujosa, al Ferrari le podrá caer un bloque de piedra como consecuencia de un terremoto, el ostentoso yate podrá desaparecer producto de un maremoto, hasta la iglesia majestuosa se la podrá tragar la tierra en cuestión minutos y qué decir de los miles de hombres, mujeres, niños y niñas que entregarán su humanidad ante una explosión nuclear.

Los desastres de la naturaleza y las guerras ocasionadas por los políticos, empresarios y militares han dejada amargas y lamentables secuelas que se han repetido y se repiten con frecuencia y, pasado el desenlace de tales desastres el mundo continúa igual. De todo esto solo quedan lágrimas, desalientos, suicidios, arrepentimientos, crisis económica, miserias, hambre, desolación, escombros, basura, desempleo, huérfanos, niños abandonados, desamparados sin casa, carencia de alimentos y medicinas y lo más deleznable, los ricos que hacen más dinero aprovechándose de las desgracias.

He vivido lo suficiente y fui testigo, por fortuna no presencial, de muchos de los infortunios nombrados anteriormente. Los he visto por televisión a través de los canales de información y hoy se puede estar al tanto de los sucesos, en el mismo instante que se produce el desastre, a través de las redes sociales. Aquellos, en su mayoría, han sido de tipo local en un sector determinado de algún país. Nunca imaginé que antes de despedirme para siempre de este mundo iba a ser testigo de un desastre, de una pandemia que convierte en víctima a todos los habitantes del planeta sin distingo de color, religión, posición económica, militancia política, cargo en la empresa privada o pública, es decir no hay humano que se escape de la acción de un bichito llamado covid-19. Me sorprendo de los adelantos tecnológicos que continuamente aparecen en los programas de información, como la colocación de robot en la superficie de Marte cuyo funcionamiento se hace con computadoras desde la Tierra, las estaciones satelitales que giran alrededor del planeta, los viajes interplanetarios de algunas naves que se dirigen hacia un planeta lejano, las cirugías realizadas por un robot, fábricas que operan solo con robots, entre tanto despliegue de tecnología, entonces viene y se aparece un bichito microscópico que nadie sabe de dónde viene y cómo apareció y nos asola. Así mismo, vemos con asombro, cómo el peligroso virus está acabando con una parte de la población del planeta.

El bichito sorprendió a tirios y troyanos, a los científicos de las grandes potencias económicas afiliadas a diferentes corporaciones mundiales como G5, G7, G8, G10… Verdaderos grupos mercantiles mundiales que nunca imaginaron que sus economías se iban a resquebrajar y no tenían el antídoto para solucionarlo. Los pueblos observan con estupefacción como las grandes potencias económicas como EEUU, Francia, China, Rusia, Brasil, India, España, Italia, Alemania, Suiza y otros, no estaban preparada para la arremetida del bichito y mucho de estos, los de gobierno neoliberal, no tienen un sistema sanitario apropiado para combatir una epidemia. Aprendieron que su gran poder económico no les sirve para un carajo, como para evitar las pérdidas de miles de vida que diariamente se suceden en las clínicas, hospitales, geriátricos, casas, hasta en la calle se muere la gente por no disponer de atención médica. Las democracias burguesas representativas, para sentirse mejor le echaron la culpa a la China para librarse de las responsabilidades que les incumben.

Para las grandes corporaciones todo es un negocio y aprovecharon la oportunidad de buscar un lenitivo para solucionar el problema. Como no pudieron prevenirlo era perentorio indagar sobre el alivio, la cura del covid-19 mediante una vacuna. Muchos de ellos lo vieron como un negocio a escala mundial, si se descubría una ampolla se podía vender en el ámbito planetario. Comienza así la pelea por el monopolio, que es lo único que saben hacer los capitalistas, hay que controlar el mercado, no importa si la vacuna fuera efectiva o no. Aparecen los nombres de diversas marcas que se pelean actualmente el control del mercado y para esto se descalifica los avances de la medicina china, la rusa, la cubana y otras, con el único interés de vender la vacuna mejor publicitada. Pero en ese apuro surge una vacuna como la Astrazeneca que parece generar daños secundarios en las personas cuando se les inocula tal lenitivo, sin embargo, continúa su venta. Actualmente los laboratorios farmacéuticos mantienen una pelea a cuchillo, así mismo, grandes potencias económicas acaparanuna gran cantidad de vacunas que están por encima de la cantidad que necesitan. Supongo que están en la mira del negocio de la venta de la medicina que puede salvar solo a quien puede pagarla, en los países capitalistas.

Surge así la nueva normalidad, la normalidad del período del tiempo del virus y la posvirus. Es decir, la nueva normalidad, que no es más que la vieja, en la que los comerciantes se están haciendo ricos con la venta de medicinas; con el negocio funerario; los comerciantes de las clínicas privadas; como siempre, con la venta de alimentos a precios exorbitantes. A lo anterior se debe agregar los esfuerzos de los gobiernos para mantener a raya los efectos de la pandemia y aparecen como siempre, los estúpidos que pretenden desafiar la muerte y los protocolos sanitarios: salen a la calle y a lugares privados, no solo para beber aguardiente y bailar, también para contagiarse como unos verdaderos tontos de capirote, poniendo en riesgo su vida, la de su familia y la de sus amigos.

La nueva normalidad es idéntica a la vieja normalidad, es la que está viviendo Cuba, Venezuela, Rusia, Irán otros países, cuyos habitantes están sufriendo la secuela de las sanciones económicas, financieras y el bloqueo de productos, lo cual genera, por ejemplo, en la patria de Simón, el impedimento de comprar vacunas para erradicar la pandemia. Y lo peor, no es que no tenemos dinero para adquirir la vacuna, simplemente porque EEUU, el Reino Unido y otros países de la UE tienen bloqueo los activos de Venezuela depositados en sus bancos. Como se advierte, las democracias representativas de USA y de la culta Europa no poseen la mínima sensibilidad social y no les importa lo que le sucede a los venezolanos. Aspiran vencernos por el miedo lo que han hecho durante cientos de año.

Con la nueva normalidad, igual a la vieja, el malnacido de Duque, por mandato de EEUU ataca a Venezuela valiéndose de los narcos y los paramilitares colombianos, en momentos que el mundo está amenazado con una epidemia que está haciendo estragos en el globo. Además, para de eso cuenta con el apoyo del bobolongo Juan Guaidó. Este malandro de manera descarada miente en lo referente con los ataques de lo que han sido víctima los soldados de la patria, así mismo desvirtúa ante la prensa internacional sobre los logros del gobierno del presidente MM en materia de la pandemia de covid-19. No se puede esperar menos de un traidor asesino y tahúr.

No soy optimista respecto a lo que sucederá luego que pase la pandemia. Sucederá lo mismo que siempre acontece después de los desastres que han ocurrido en todas las épocas y en todas las regiones del planeta: simplemente nada cambiará. Los vivos enterrarán o cremarán a sus muertos, los dueños de los pequeños negocios buscarán como reponer sus pérdidas, los que queden vivos vivirán asustados ante una posible amenaza. De igual modo, los jóvenes retomarán su vida de diversiones como si nada hubiese sucedido y sobre todo, los ricos estarán contabilizando en cuánto acrecentaron sus fortunas con la pandemia y la crisis. Y de seguro, EEUU y la UE continuarán aplicando sanciones a diestra y siniestra, es la nueva normalidad. Me hago eco de las palabras del profesor Rafael F. Castro con relación a la pandemia: "Lo que estamos viviendo es la gran interrupción del mundo, la gran amenaza desde la Segunda Guerra Mundial. Nada había afectado tanto al mundo y los flujos cotidianos del mundo. Claramente no habíamos previsto este tipo de amenaza". Lee que algo queda



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Enoc Sánchez


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