1984 y la bota del Socven

"Si quieres ver una imagen del futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano para siempre"

1984 – George Orwell

Esta cita es bastante recurrente, es un extracto de la novela 1984 de George Orwell. Hace poco leí la novela, y entiendo la importancia que le han dado muchos pensadores; es una novela con un diálogo bastante enriquecedor y lleno de sorpresas. Recuerdo, por ejemplo, que cuando leí que Winston juraba echar ácido en la cara de un niño si así se lo ordenaba la hermandad –supuesta opositora del gran hermano y el partido-, quedé sorprendido por la falta de vacilación de Winston. Me dije: "¿De verdad podría ser legítimo? ¿Bajo qué contexto quedaría justificado hacer algo tan horrible?" y luego pensé en que quizá habría que estar en un extremo de represión como el de aquel mundo ficcional para quizá entender un juramento así, todo en nombre del fin de la dictadura. Por ahora, yo sería incapaz de entenderlo. Sin embargo, recordé de forma inmediata que a extremos como esos llegaron grupos como Sendero Luminoso (Marxistas Leninistas Maoístas), llegando a actos realmente repudiables y abominables. "Tal vez, son abominables -me dije-, porque se hicieron en este contexto donde no se ha llegado a la realidad de 1984; la realidad del gran fascismo internacional".

Fue una verdadera bofetada cuando más adelante O'brien se lo recuerda a Winston, señalando una suerte de hipocresía. Fue como el mismísimo Orwell nos dijera: "¿en serio dudaste? ¿Te confundiste? en puntos como eso no hay duda, no se puede estar del lado de semejantes atrocidades. Sirven sólo al fascista como sirven ahora a O’brien". No digo que haya que caer en la simpleza de considerar a Winston un hipócrita, esa es parte, de hecho, de la estrategia de O’brien, simplificando ese juramento y no considerando la situación compleja y desesperada en la que se encontraba Winston. Pienso que habría que imaginar su situación, su rebeldía solitaria y sin continente –sin grupo-, la desesperación silenciosa de pertenecer a la necesaria rebelión, ésta, cuya única posibilidad aparente se le presentaba en la hermandad y sus exigencias dogmáticas. Quizá, todos esos elementos podían permitirnos entender esa determinación, aun cuando ésta fuera sorprendente. Sim embargo esto es un llamado de atención de Orwell, justamente para estar siempre atentos, tener la actitud crítica por delante, para no caer en esas filtraciones de la perversión inhumana que opaca los actos de rebeldía necesarios y legítimos, actos en función del bienestar humano y de lo humano en sí.

En fin, esto es sólo un ejemplo de cómo la obra me sorprendió en varias ocasiones, y que demuestran que hay en ella una complejidad que en nada se parece a las simplezas con que, por lo menos, se cita a esa imagen de la bota pisando la cara de la humanidad en alusión a críticas burdas hacia el socialismo. Creo que, dada la cita, amerita leer con atención la novela para entender el carácter impersonal de la bota. He visto a muchos que se la quieren asignar a maduro, o a quien les salga de las pelotas, y esto es a mi manera de verlo una tergiversación de la imagen una vez se trata en el contexto de la obra.

Es una bota, sólo la bota, como si en sí el objeto hubiera cobrado vida y autonomía para aplastar a la humanidad. Para el que la leyó, sabe que no es una locura lo que digo. Y si el que me lee ahora no se es un fascism-friendly, como tienden a ser la mayoría de afines al liberalismo y a cualquier corriente de derecha que, sí, condena el fascismo, pero acto seguido lo ama en silencio cada vez que declara la guerra a cualquier enemigo en común; sino sé es un admirador secreto del fascismo, sin duda se puede afirmar que esa bota es la imagen del mismo una vez ha triunfado sobre las dinámicas de la sociedad capitalista, venciendo incluso al capitalismo del que se origina.

En la novela, sin embargo, se presenta al mismo en un alto grado de autonomía que aún no ha existido, pero que es posible y real una vez se tiene en cuenta que ciertamente el fascismo es una suerte de espíritu que trasciende las fronteras, las clases y hasta los grados de instrucción. El espíritu facho, con su irracionalidad, incongruencias y visceralidad, está tan presente en tantas personas -la mayoría de derecha; pero también en el sectarismo de la izquierda acrítica- que erradicarlo es una tarea titánica pero fundamental para el desarrollo del humanismo como práctica de justicia y fraternidad.

A diferencia del capitalismo de donde bebe y se nutre, el fascismo, aun cuando se pueda concretar en alguna persona o representante que capta todo ese espíritu que disimulan las personas, en realidad está presente como un componente social, estrechamente ligado a la ignorancia, al egocentrismo, al fanatismo y a la falta de memoria y/o crítica –por supuesto, condiciones fomentadas por el capitalismo-. El capitalismo en cambio está bastante vinculado a las personas o grupos de personas que fomentan esa situación, personas que se mantienen en sus privilegios, personas que, como indicaría la novela, son reemplazables y de su lucha, entre actuales y futuros explotadores, alguna esperanza nueva emerge de las bases de las que ambos beligerantes reales buscan echar mano para vencer a su rival.

Es por eso el grado extremo al que lo lleva Orwell, es la posibilidad y el peligro del fascismo como apoteosis del capitalismo, éste que aún en sus contradicciones se mantiene la posibilidad humana. Tomemos un ejemplo del relato de dichas contradicciones que aún existen y que en 1984 han sido superadas: hoy, para lucrarse, los capitalistas se ven en la necesidad de fomentar la educación especializada y así poder obtener avances a través de la apropiación de una parte del trabajo especializado y, se ven en la necesidad de fomentar la demanda constante a través de la innovación y la obsolescencia. Por otro lado, a su vez detienen y frustran en las sombras cualquier avance que amenace los privilegios de sujetos, personas reales, de poder. Al ver esas contradicciones notamos que estamos ante los "tira y afloja" inherentes al capitalismo.

En este ejemplo, a su vez, se permite a los alienados acceder a una formación que posibilita la acción y reflexión crítica, y es cuando en la novela esta queda superada justamente a través de la despersonalización del capitalismo. Lo dice el mismo O’brien, para mantener el poder cualquiera debe ser remplazable, lo que importa es el partido, el poder, las jerarquías y las clases, como realidad perpetua. Esa bota, por tanto, es la bota vacía que cualquiera puede vestir, siempre y cuando se use para aplastar el rostro de lo humano; eso es "el partido", eso es el Engsoc o el Socing, acrónimos de "socialismo inglés" (English-socialism).


Supongo que esto no es algo de lo que estén muy aptos para entender aquellos que citan la bota mientras les retumba en la cabeza esa palabra de Orwell: "socialismo, es la bota socialista, sí, es la bota de maduro". Lo curioso, es que sin saberlo y por las razones equivocadas, aciertan en reconocer que la bota, esta vez, sí la viste el pie del "gran hermano" Nícolas Maduro. Pero aciertan mientras son incapaces de entender que no se trata del socialismo, ni en la novela, ni en Venezuela, sino del fascismo que amenaza siempre a la humanidad y se asoma ante cualquier coyuntura para intentar prevalecer por encima de sus máscaras. Maduro es un títere más del fascismo, esa bota impersonal perteneciente al espíritu latente de cualquier sociedad sumida en la alienación, la ignorancia y el miedo.


Por supuesto que el humor sádico de la competitividad, humor de quien no ha llevado la reflexión más allá de las capas superficiales, afirmará que Orwell condenaba el socialismo, y que en Venezuela hay socialismo y, además, que lo que han vivido les permite afirmar que esa bota es la del socialismo: "créeme, yo lo he vivido". Muy errados al no ver detalles como la vida del autor, o detalles en la novela misma. En ella se desmiente esa afirmación e incluso es capaz de explicar el porqué de la confusión: está entre la naturaleza del "doble piensa" fascista –lo hace Vox, Trump o Bolsonaro cada vez que nombran la libertad, el patriotismo, la democracia o la libertad; lo hace maduro o su gente cada vez que mencionan la palabra "socialismo"-, se trata de fomentar la perversión de las palabras y, de hecho, inculcar la "neolengua". A maduro le sirve tan bien que la gente despistada piense que su socialismo es el socialismo, como a Tump, Bolsonaro o Abascal que se crea que ellos defienden la libertad, en todos los casos, le sirve al espíritu del fascismo. La diferencia entre el doble piensa actual y el de la novela estriba en que, como ya dijimos, en el capitalismo todavía existe la posibilidad de revelarse al mismo, y es más fácil pervertir o fomentar la confusión en las palabras ya existentes que imponer la asimilación de nuevos términos.


Pero ocurre en la novela y se afirma el hecho de que el Socing condenaba a los primeros socialistas en nombre del socialismo, lo que es un ejemplo más acorde a la realidad actual; y así mismo, todo el relato de O’brien demuestra la perseverancia de ese espíritu capaz de pujar hasta que esa porclama: "la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza", se creída como una verdad sin discusión. En la novela el fascismo ha llegado a pujar hasta vencer a las mismas contradicciones del capitalismo. Por suerte no es la realidad mundial, pero basta con decir que el fascismo de Venezuela emergió justamente para reparar en lo que fue la debilidad del capitalismo que no pudo controlar sus contradicciones, la debilidad del capitalismo encarnado en los partidos de la oposición, invocó al espíritu del fascismo, que aparece no para ayudar a las personas que lo invocaron, sino para estancarlo todo.


Expliquemos el fascismo de forma apresurada. Éste es como el ciervo de confianza del capitalismo, al que recurre cuando cualquier amenaza se cierne sobre ellos –ELLOS; cierto grupo de poder; personas concretas-, ciervo que en el fondo espera la oportunidad de que en la contienda su amo caiga muerto o quede bien debilitado para tomar el poder y convertir en práctica de gobierno lo que su amo quiso mantener en la sombra y en calidad de prácticas extraoficiales.


Y esto último es lo que pasa en Venezuela, creo que podríamos llamar sin problemas al seudosocialismo venezolano Socven, así tal vez se entienda que el Socven es el socialismo que niega al socialismo, es la bota que pisa el rostro de los venezolanos con una planificación sádica de cómo perpetuarse en el poder sin importan si un día mueren sus representantes, y por tanto es tan fascista, que, aun cuando llegaran a deshacerse de Maduro, sin duda el partido pondría a otro en su lugar para seguir aplastando caras con la bota.

Pero pensándolo bien, el Socven sigue siendo leal al capital, lo que deja al menos una esperanza a la humanidad global, aunque no tanta para Venezuela. El Socven como tal fascismo, lo lleva a usar máscaras, de hecho, lo que es herencia o aprendizaje del sistema capitalista. Historia vieja. Cuando el capitalismo feudal se encontraba en transición hacia el capitalismo industrial burgués, ya existía el discurso de inclusión o de justicia social para defenderse ante la amenaza de perder privilegios ante los liberales: el príncipe Bismarck ya incorporaba el discurso de la justicia social para ganar la simpatía de las clases bajas, y así ha funcionado el capitalismo desde entonces, concediendo, pero a fuerza de luchas y sangre, para no morir, y remplazando unas clases dominantes por otras. El nazismo hizo lo mismo, y de allí que, aun cuando persiguiera comunistas, anarquistas y socialdemócratas, usarán el término y hasta el discurso del socialismo para sus fines. Esto no dista mucho de la realidad venezolana una vez se mira eso, la realidad.


¿Qué pasa en Venezuela entonces? Lo que sucede es que a la oposición se les escapó por la puerta trasera un montón de fascistas que vieron la oportunidad de satisfacer sus aberraciones aferrándose como sanguijuelas al proceso necesario de la revolución mundial, esta vez focalizado en el contexto venezolano ¿Esto es un reflejo de la maldad de un grupito de funcionarios? No ciertamente, la cultura venezolana, definida hasta ahora por el adequismo, hizo que muchos cultivaran ese espíritu contradictorio, esa práctica fascista del doble piensa, de donde resultan los tan evidentes demócratas fanáticos de Marco Pérez Jiménez, los que reclaman bienes públicos alabando a Carlos Andrés el último; ese doble piensa de las personas que, como buena reacción, en vez de pretender superar la página de la historia adeca, quieren volver a tiempos anteriores mientras se llaman a sí mismos "el progreso".

"Doble piensa" puro y duro, y, por supuesto, si bien antes lo hacía el adequismo, ahora es fomentado por "el partido", el Socven. Es curioso que en nombre del socialismo no se dejará de afianzar el deseo de volver a atrás, más que la mediocridad de un gobierno socialista, se trata de la eficiencia de un grupo de personas para justamente crear el clima para no querer volver a intentar cambiar lo que debe ser cambiado, sí, el Socven sirve bien al capitalismo, como buen fascismo.

Volviendo al punto, considero que se trata de una cuestión cultural, de una gran parte de la población que se ha visto modelada por el "pasticho" adeco. Conozco a muchos que estando hoy en países como España, bebieron durante mucho tiempo de la teta del estado: recibieron bonos, becas, se graduaron de la universidad gracias a esos beneficios; en fin, chuparon como sanguijuelas de los proyectos sociales del proceso revolucionario, sin ser, además, clases vulnerables a las que dichos programas estaban destinados. Aún así ¿Implica por ello que deban lealtad ciega al proceso una vez se tiene en cuenta que éste fue tomado por los cerdos de la granja de Orwell? ¡Por supuesto que no! Sería echarle el ácido en la cara al niño. Pero, lo que resulta sorprendente es la evidencia del fascismo arraigado en la cultura venezolana, y tomaré de ejemplo al último de estos "exchavistas" que están en España y que interrogué sobre sus posturas políticas: "¿oye, y a quién apoyas allá en España?" Y la respuesta del entrevistado me dejó horrorizado. Primeramente, me dijo: "si yo pudiera votar votaría por VOX".


Por supuesto, luego de que yo mostrara una expresión de sincero horror rectificó y señaló que "apoyaba al PP" –vaya cambio-. Valdría la pena preguntarse si este revolucionario del que incluso se burlaban sus compañeros por ser "chavista", incluso al que pude ver defender a la revolución con una vehemencia de la que yo carecía, ¿será que fue un verdadero revolucionario que comprendió la razón de los beneficios de los que chupo durante años y ahora se arrepiente? o ¿siempre fue un fascista –vamos, Vox, PP, igual si hubiese dicho Ciudadanos- que una vez dejara de recibir los beneficios del proceso mostró su verdadera naturaleza?

Me inclino a pensar que es más la segunda explicación, basta ver la tendencia al apoyo de políticos extranjeros de una gran parte de los venezolanos de derecha: Trump, Bolsonaro, o la tendencia de apoyo a los referentes españoles, para reconocer ese espíritu fascista que llevan interiorizado y que no fue ajeno a muchos de los que acompañaron el proceso, ocupan cargos en nombre del mismo. La tendencia común es ver cómo, al igual que cualquier persona de derecha, no sepan en qué palo ahorcarse, y así he visto, incluso, a supuestos intelectuales progresistas, saltar de la defensa del PP a Ciudadanos, una vez que el PP se convirtiera (se desenmascaró) en un referente de vergüenza política democrática. Supongo que el mito de la intelectualidad les impide apoyar a Vox, pero a los que no les debe la cultura ningún apelativo, como a este sujeto revolucionario que entrevisté, no existirá alternativa lo suficientemente desquiciada una vez le promete enfrentarse al coco del comunismo, coco que en realidad es ese fascismo que emerge para truncar y vencer a un proceso necesario y que en nombre del socialismo sólo actúa como un sustituto de la bota que ellos, las corrientes pro capitalistas, tienen guardada en un lugar especial de sus closet, siempre a la vista, y siempre lista para usarse.


En Venezuela, por tanto, puedo afirmar que el doble piensa lo fundaron los adecos, pero a éstos se les escaparon unos cuantos perros fascistas. Hoy vemos a los herederos de los adecos lamentándose –la herencia es una característica del capitalismo; el fascismo disfrazado de izquierda muere y afianza a nuevos amos a los que se les es más fácil invocar al "Socialismofascista" para perpetuarse; es decir, queda en evidencia una vez más que el fascismo tiene esa virtud de perpetuar con mayor eficacia las jerarquías, el miedo, la ignorancia y la alienación que sólo sirven al capitalismo-, se lamentan al ver cómo se les escaparon los cuerpos de seguridad, las instituciones, y hasta la fuerza popular. Por ellas lloran para ver si algún fascista, que hoy se encuentra actuando directamente al servicio del Socven, los ayuda, por supuesto, que lo hace planteándolo a través el discurso del doble-piensa: se trata de "liberar" a Venezuela del "socialismo".

Pero, lamentablemente para todos, el Socven no les piensa perdonar. El Socven –que va más allá de Maduro y su gente; éstos son solo piezas reemplazables para el fascismo- en realidad ha hecho lo que vio necesario, pues observando cómo se erigía frente al capitalismo –las personas en el poder- un intento de rebeldía que amenazaba a las instituciones que crean la desigualdad y las jerarquías, que amenazaba al sistema de superiores e inferiores; el Socven, viendo esto, decretó la mediocridad de los capitalistas de turno, tomó cartas en el asunto, y como O’brien haciendo jurar cometer atrocidades a dos personas que soñaban con rebelarse al sistema, vistió el traje de la hermandad revolucionaria, el tiempo que fuera necesario, hizo a los corazones soñadores e intranquilos cometer muchos errores, para ahora revelarse, cuando ya estamos dentro del ministerio dela amor, y ponerle la jaula de ratas en la cara a los Venezolanos.

El Socven por eso piensa aplastar a la oposición –cosa que no es tan grave, sino fuera por lo que vendrá después- junto a todos los demás para, en el futuro, cuando se extienda el mito de la muerte del socialismo con la caída del PSUV, pueda quitarse la máscara, y reemplazar en su calidad de fascismo –todavía hoy servil al capital- a los capitalistas de antes, los adecos, por otros más eficientes. Logrando esto el Socven pueda volver al closet de los futuros amos, dejándolos con el terreno arado y con las herramientas de un pasado tergiversado, manipulado y vuelto mierda, para seguir sembrando la esclavitud, la guerra y la ignorancia.

El Socven tiene esa meta, es su misión, convertir a la futura Venezuela capitalista en un espacio donde el gran hermano ya no gobierne en nombre de ningún socialismo, con tal, el fascismo carece de toda moral o identidad que no sea la de pisar el rostro humano, sino que lo haga en nombre de la tradicional libertad, seguridad y democracia. El Socven, como debería ser llamado el "Socialismo venezolano" de ahora en adelante, no tiene nada que ver con la revolución que pretendió enfrentarse al gran hermano, sino que es la revolución de la reacción que escarmienta a los mediocres antiguos amos, y les ara el terreno para que los nuevos no tengan que preocuparse por nuevos intentos.

La revolución tiene por tanto dos enemigos: El capital y su perro el Socven que logró llevarla al ministerio del amor. Y si por milagro lograra vencer lo humano, se debe estar atento a las perversiones de los O’brien, que hablarán nuevamente en nombre de la hermandad para confundir y pervertirla.

richardg.ninob@gmail.com



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