El principal obstáculo a la integración suramericana lo representa la resistencia de las oligarquías del dinero, dominantes en los países de la región

La II Cumbre Sudamericana de Naciones evidenció la dificultad de unificar pueblos e integrar territorios, para, mediante la cooperación, multiplicar las posibilidades de ascenso humano. Pero no es solamente la acción externa la que obstaculiza estos procesos. Por el contrario, como lo demuestra la psicología política, mientras más amenazantes sean las conductas de poderes foráneos, con más intensidad se manifiestan las inclinaciones hacia la unificación de voluntadas en poblaciones afines culturalmente, pero desiguales política y económicamente. El ejemplo de Europa, doblemente amenazada en las posibilidades de realización de sus poblaciones por las fuerzas invasoras yanquis y soviéticas, es demostrativo del peso de la intimidación externa en los procesos de integración. Desde el siglo XVI, cuando los pueblos culturalmente unificados por la civilización judeo-cristiana se desangraban en cruentas guerras internas, hasta el final de la II Guerra Mundial a mediados del siglo XX, todos los esfuerzos e ideas de integración fracasaron. Solamente la ocupación del continente por las fuerzas usamericanas y eslavas, crearon la necesidad de unificación dentro de la ideología del llamado humanismo cristiano. El conjunto de ideas desarrollado por Hugo Grocio (1583-1645), sistematizadas por Emmanuel Kant (1724-1804).

Ciertamente, los jefes de estado del subcontinente, tal vez con la excepción de los presidentes Hugo Chávez y Evo Morales, a pesar de reconocer las semejanzas entre los pueblos de la región, propiciadoras de la acción cooperativa, mostraron el peso de la ideología nacionalista que entorpece el proceso de integración, tal como sucedió en el “viejo continente” por casi 5 siglos. Se trata de un pensamiento que favorece las elites de poder que dominan la vida de los estados, asegurando la sumisión de las masas. No ocurría lo mismo en la Cumbre Social que se desarrollaba paralelamente, en la misma ocasión, en la ciudad boliviana de Cochabamba. Allí era evidente la actitud cooperativa de los sectores populares de los distintos países, incluyendo las representaciones de las poblaciones indígenas diferenciadas culturalmente entre si y de los sectores de tradición ibérica. Son ellos los que han sufrido el peso de la coacción foránea

No ocurre lo mismo con las oligarquías suramericanas -tal vez con la excepción de la brasilera con vocación imperialista- a las cuales responden sus gobiernos. Estas “aristocracias”, que se han subordinado históricamente a los poderes centrales del sistema internacional, han estado cómodas en su posición de procónsules de los centros imperiales. Tal estatus les ha asegurado el dominio de estos países a través del uso de la ideología nacionalista. Por ello, el principal obstáculo a la integración esta representado por estas “oligarquías del dinero”, subordinadas a la elite del poder anglosajona que domina el mercado globalizado a través del trilateralismo.


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Alberto Müller Rojas


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